Así utiliza una empresa de Cañete la inteligencia artificial para replicar trofeos de caza y piezas de museo

Abraham y José Luis Ibáñez han creado una empresa donde la última tecnología ha dado una segunda oportunidad a su Cañete natal.

Lo que comenzó como una forma de conservar el recuerdo de una jornada de caza ha acabado convirtiéndose en una herramienta al servicio del patrimonio cultural. Desde Cañete, la empresa Trophy Land de Cuenca ha logrado unir inteligencia artificial, impresión 3D y acabados artesanales para replicar trofeos de caza, piezas de museo y objetos religiosos sin necesidad de tocar el original. El resultado es una combinación poco habitual entre ingeniería, inteligencia artificial y oficio artístico, una fórmula que sitúa a la empresa dentro de la economía creativa y tecnológica.

La idea surgió mirando fuera para ver lo que faltaba en el territorio nacional. «Vimos que en Estados Unidos empezaban a hacer algo parecido y comprobamos que en España y Europa no existía nada igual», explica Abraham Ibáñez, ingeniero de diseño industrial y responsable técnico del proyecto. Aunque el origen está en Cuenca el mercado nunca ha sido local, algo que se evidencia en el listado de clientes de la empresa, que se extiende por toda Europa con encargos tanto del ámbito cinegético como de instituciones culturales.

De la imagen al objeto

El proceso comienza con algo tan sencillo como una fotografía o un vídeo. A partir de ese material, la empresa genera mediante un algoritmo de inteligencia artificial un modelo tridimensional en formato malla que posteriormente se imprime con distintas tecnologías 3D, según el grado de precisión requerido. La pieza se completa con un trabajo manual de acabado y pintura de un equipo experto que aporta el realismo final con textura y volumen, dotando de una apariencia natural a cada pieza.

«No hablamos de copas ni medallas, sino del recuerdo que guarda el cazador con el cráneo, la cornamenta o la boca de la pieza cazada», aclara Ibáñez. Aunque por el momento trabajan en formato miniatura, un tipo de producto que ha encontrado su propio nicho en el mercado, el objetivo final es llegar a producir réplicas a tamaño real, una solución especialmente demandada por cazadores internacionales ante las crecientes restricciones para trasladar trofeos entre países. Mientras este salto tecnológico se consolida, el formato en miniatura ocupa menos espacio, es más accesible y permite conservar varios recuerdos sin necesidad de grandes estancias, por lo que está ganando a cazadores de todo el continente.

Escaneando una virgen para su réplica en 3D. FOTO: Cedida por Trophy Land

El salto al patrimonio cultural

La verdadera sorpresa llegó cuando la tecnología empezó a interesar más allá de la caza. Museos e iglesias han encontrado en este sistema una alternativa para realizar réplicas de sus piezas. Tradicionalmente se ha recurrido a los métodos tradicionales de moldeo, que requieren contacto directo, siliconas o productos químicos incompatibles con piezas de alto valor histórico según explica Abraham. Así, ante el trabajo con objetos que no se pueden tocar ni mover, Ibáñez señala como su método permite reproducir las piezas a distancia, sin manipular el original. De este modo tallas religiosas, fósiles o piezas únicas se convierten así en réplicas accesibles para exposición, divulgación o estudio, preservando la integridad del bien patrimonial.

Tecnología desde el medio rural

Que un proyecto con esta proyección esté radicado en Cañete no es casual. Abraham confiesa que se vio exiliado a la fuerza de la provincia, algo que reconoce que «no quería», cuando tuvo la idea de lanzar su propio negocio se planteó que «si la tecnología vive en el ordenador y la maquinaria puede estar aquí, nada me impedía hacerlo en mi pueblo», reflexiona Ibáñez. Los menores costes y la calidad de vida del entorno rural han sido una ventaja. La empresa acumula ya alrededor de 1.200 pedidos de clientes de toda Europa, aunque parte de los procesos siguen externalizados por falta de infraestructura propia.

Ese escenario de encargos a terceros cambiará gracias al apoyo institucional. El proyecto ha sido uno de los ganadores de la convocatoria Integra 4.0 de la Diputación de Cuenca, con una ayuda de 68.390 euros que permitirá invertir en maquinaria y centralizar la producción. «Cuando empiezas como autónomo puedes sostenerte, pero si quieres dar el paso a empresa necesitas capital», reconoce Ibáñez quien ha calificado esta ayuda como «el punto de inflexión para creérnoslo y apostar por crecer».

Para poder contribuir al crecimiento de esta empresa familiar, Abraham señala que pueden hacerse encargos a través de su web, disponible en el siguiente enlace. En su página se encuentra una opción de personalización donde el límite creativo lo pone la imaginación del cliente. A partir de ahora, la hoja de ruta pasa por ganar volumen, profesionalizar procesos y, a medio plazo, generar empleo cualificado en el medio rural demostrando así que desde un pequeño pueblo de Cuenca, la tecnología también puede ser una aliada para conservar la memoria, el patrimonio y el territorio.