La provincia de Cuenca ha vivido en 2025 una campaña de incendios forestales marcada por una aparente contradicción, habiendo registrado un menor número de incendios que otras zonas de Castilla-La Mancha, pero bajo condiciones de riesgo persistente y elevado durante prácticamente todo el verano. Así se señala en el Informe Anual de Incendios Forestales elaborado por la Junta, del que se desprende el pasado año como uno de los más complejos de la última década en la región, con 1.606 siniestros y más de 14.000 hectáreas afectadas en total.
En el documento se señala sobre la campaña que se ha tratado de un anualidad «de elevada complejidad técnica», así como del «segundo año con mayor número de incidentes del último decenio» y «uno de los años con mayor superficie afectada». A todo ello se suma la presencia de incendios que «superaron la capacidad de extinción»; los llamados megaincendios o incendios de sexta generación, cuya intensidad, velocidad y magnitud del fuego son tan extremas que los medios humanos y técnicos disponibles son insuficientes para controlarlo, han estado también presentes en la región en 2025.
Cuenca, un comportamiento condicionado por la sequedad persistente y el alto combustible disponible
En este contexto, Cuenca ha presentado un comportamiento diferenciado respecto al resto de provincias, condicionado principalmente por el estado del combustible forestal y la evolución meteorológica. En la provincia, el factor determinante no se asocia tanto la cantidad de incendios como a la persistencia de condiciones de sequedad en la vegetación. Durante todo el periodo estival, especialmente en julio, agosto y septiembre, se registraron niveles muy bajos de humedad en los combustibles, con mínimos especialmente acusados al final del verano.
Esta situación afectó tanto al matorral como a las masas de pinar, generando un escenario en el que, ante cualquier ignición, el fuego podía propagarse con rapidez en matorral seco y pinar degradado. En términos técnicos, el informe apunta a una alta disponibilidad del combustible forestal, especialmente tras la ola de calor de agosto, que provocó una degradación generalizada de la vegetación en toda Castilla-La Mancha. En el caso de Cuenca, esta degradación se prolongó en el tiempo, manteniendo el riesgo también en septiembre e incluso en el inicio del otoño.
Frente a provincias como Toledo o Ciudad Real —donde la clave estuvo en la gran acumulación de pasto tras una primavera muy húmeda—, Cuenca presentó una dinámica diferente. El riesgo no ha estado tan marcado por la carga de combustible herbáceo, sino por la sequedad sostenida del combustible leñoso, especialmente en entornos forestales. De este modo, aunque el número de incendios haya sido menor, las condiciones registradas en la provincia responden a escenarios de propagaciones rápidas en matorral seco y pinares degradados, lo que eleva la peligrosidad potencial de los siniestros.
Incendios fuera del periodo crítico
Otro de los aspectos relevantes de los que se abordan en el informe es que el riesgo no se limitó a los meses de verano. En 2025, a diferencia de años anteriores, se registraron incendios significativos fuera de la época de peligro alto. En la provincia de Cuenca, el caso más destacado fue el incendio de Villamayor de Santiago, el 4 de octubre, que afectó a 25,3 hectáreas. El fuego se produjo en una zona de interfaz agrícola-forestal, con consumo total de combustible fino muerto y propagación parcialmente nocturna. Este siniestro podría estar relacionado con otro de los puntos principales del informe, la «alta disponibilidad de combustible en otoño» y la «recuperación incompleta de humedad», una de las claves de la campaña de incendios forestales de la pasada anualidad en toda la región.
Un año marcado por extremos meteorológicos: menos incendios no significan menos peligro
A nivel general, 2025 ha estado condicionado por una sucesión de episodios meteorológicos extremos. El año comenzó con déficit hídrico, seguido de una primavera muy húmeda que favoreció un crecimiento excepcional de la vegetación. Posteriormente, las altas temperaturas de finales de mayo provocaron un agostamiento rápido del combustible herbáceo, generando una gran cantidad de material seco.
El punto crítico llegó en agosto, con una intensa ola de calor que redujo la humedad de la vegetación a niveles mínimos y permitió la aparición de incendios de alta intensidad en toda la región. En Cuenca, aunque no se registraron grandes incendios si se comparan las hectáreas afectadas con las de otras provincias, sí se reprodujo este patrón, con una pérdida progresiva de humedad y un mantenimiento del riesgo durante semanas.
El informe insiste en que más allá del número de siniestros, las condiciones en las que este se produce -como el comportamiento del fuego, el estado del combustible y las condiciones meteorológicas- son aspectos esenciales a la hora de analizar riesgo y peligrosidad. En el caso de Cuenca, 2025 ha sido una campaña con menor actividad que, sin embargo, ha convivido con un escenario de alta vulnerabilidad forestal. La combinación de sequedad prolongada, degradación del combustible y episodios de calor extremo han configurado un contexto en el que el territorio ha estado expuesto a incendios potencialmente peligrosos durante buena parte del año por las propagaciones rápidas y la alta disponibilidad del combustible.













