El Ourense arrebata el sueño del ascenso a una Balompédica que tendrá que volver a creer

Los gallegos han aprovechado los espacios en la segunda mitad y han puesto fin al sueño blanquinegro de ascender a Primera Federación.

Cuenca ha amanecido en busca de la gloria este domingo, una fecha marcada pase lo que pase en el calendario deportivo de la ciudad. En medio de una somnolienta mañana donde parecía que el puente de la Virgen de la Luz había pasado factura, solo han hecho falta unas horas para que el blanquinegro fuera la enseña de la ciudad de los colores y las Casas Colgadas. Despuntando el mediodía no había otro uniforme en la ciudad que la equipación balompédica, un ambiente que ha ido subiendo decibelios a medida que se aproximaba la hora nona. Colas infinitas han sido la postal más recurrente y las bocinas la banda sonora que predecía el duelo de titanes.

La Unión Balompédica Conquense ha llegado a la gran cita de la temporada con el convencimiento de que debía ofrecer una versión mejorada respecto al encuentro de ida en O Couto. Así lo había anunciado durante la semana su entrenador, Rober Gutiérrez, que calificó en la previa choque como «el más importante del club en los últimos años», y así lo ha exigido una Fuensanta vestida de gala, con cerca de 7.000 aficionados dispuestos a acompañar al equipo en una tarde que podía marcar un antes y un después en la historia reciente de la entidad. Mucho antes del pitido inicial, el estadio presentaba una imagen espectacular, con las gradas abarrotadas, banderas ondeando y el lema «Volver a creer» presidiendo la salida de los protagonistas al terreno de juego. El homenaje previo al Conquense B por su reciente ascenso y el recibimiento de la afición han terminado de convertir la tarde en una auténtica fiesta blanquinegra.

Puntual ha comenzado el partido a las 19:00 horas, con un Orense que ha saltado al terreno de juego en La Fuensanta con garra, sediento de victoria a sabiendas de que los engranajes del destino han jugado en su contra pero que jugaba la ventaja obtenida en la ida. Era el guion esperado. Los gallegos han mostrado desde los primeros minutos la personalidad que había destacado Rober Gutiérrez en la previa. El conjunto gallego ha manejado la posesión con paciencia, ha tratado de atraer la presión conquense y ha intentado progresar a través de las asociaciones de Parrilla, Champi y Manu Núñez. Un juego ofensivo, decidido y con una gran presencia en campo contrario ha marcado los primeros compases del encuentro.

Por su parte, el Conquense, por su parte, ha apostado por una presión medida y por buscar profundidad a través de los carriles, con Herbert y Eghosa han intentado generar superioridad por fuera. Sin embargo, durante una buena parte del primer tiempo ha predominado el respeto mutuo, con un partido equilibrado entre ambos conjuntos. El encuentro ha avanzado con escasas ocasiones y un ritmo intermitente, condicionado también por el elevado número de interrupciones señaladas por el colegiado. Aunque el partido ha ido in crescendo en sensación de intensidad, con enfrentamientos cada vez más subidos de tono entre los jugadores, esto no se ha traducido en un choque a rompecalderas, lo que se espera de partido de vuelta en la pelea por el ascenso.

La primera advertencia seria ha llegado del lado visitante. Justino ha firmado una acción que encendía las alarmas en La Fuensanta tras encontrar espacio por la izquierda y que la defensa blanquinegra ha conseguido corregir a tiempo. Un aviso de un Ourense que, sin asumir riesgos innecesarios, ha advertido a los de Rober Gutiérrez que podía generar situaciones de peligro cuando encontraba espacios. Poco a poco, los blanquinegros han ido ganando metros. Kain ha aparecido entre entre líneas mientras Vique sostenía con autoridad el centro del campo y Álvaro Sánchez libraba una batalla constante con los centrales gallegos. Las acciones a balón parado y los centros laterales se han convertido en el principal argumento ofensivo de los locales.

La primera ocasión con remate entre los tres palos ha llegado pasada la media hora, cuando Ale Sánchez encontraba espacio en la frontal y probaba fortuna con un disparo demasiado centrado que atrapó sin excesivos problemas Rielo. Una pletórica Fuensanta ha respondido al ataque con una ovación, consciente de que el equipo empezaba a acercarse al área rival con mayor frecuencia. Rozando el minuto 37 Kain ha recogido un balón en la frontal, ha encontrado un pequeño resquicio y ha armado un disparo potente que se ha marchado fuera por escasos centímetros. Una acción taquicárdica para la grada, donde no ha quedado un solo aficionado sentado ante la que ha sido la mejor oportunidad del Conquense de toda la primera mitad.

Apenas unos instantes después llegaba la réplica gallega y también el mayor susto de la primera parte. Un centro lateral ha encontrado completamente liberado a Rufo dentro del área, situado en la zona de penalti dispuesto para rematar la faena. A pesar de la ocasión, el veterano delantero no ha acertado a conectar el remate cuando tenía todo a favor y ha enviado el balón fuera en una ocasión clarísima que ha sumido durante unos segundos a La Fuensanta en un silencio sepulcral. Los minutos finales antes del paso por vestuarios mostraron a un Conquense más instalado en campo contrario. Los blanquinegros han acumulado centros, han forzado varios saques de esquina y han logrado encerrar por momentos al Ourense cerca de su área, despejando esa sensación de juego romo y poco concreto que ha marcado la suerte blanquinegra durante buena parte del primer tiempo. Isuskiza ha tenido buena opción en el minuto 34 que, sin embargo, se ha marchado muy por encima del larguero sin preocupar a Bruno Rielo.

Aunque Kain ha vuelto a destacar por su inteligencia para provocar acciones de estrategia y mantener viva la presión ofensiva de los locales, el gol ha seguido resistiéndose. Aun rozando el final del primer tiempo la sensación ha sido de un partido plano, casi de pretemporada, donde faltaba intención y concreción. Los jugadores han caído en un juego romo, sin conexiones largas. Ni el último córner ejecutado prácticamente sobre el tiempo añadido de tres minutos indicado por Lluís Balle ni las aproximaciones finales han encontrado premio. El colegiado ha señalado el camino de los vestuarios con el marcador inicial intacto en el que todo estaba por decidir a la espera de una segunda mitad cargada de tensión, nervios y esperanza en La Fuensanta.

El reloj ha ejercido como juez impasible y la reanudación no ha cambiado el guion de partida, pero sí la urgencia. El Conquense ha regresado del paso por vestuarios consciente de que el tiempo empezaba a jugar en su contra y ha adelantado varios metros su presión en los primeros compases del segundo tiempo. La Fuensanta, por su parte, empujaba desde cada rincón reclamando un paso adelante de los suyos, mientras el Ourense trataba de enfriar el encuentro y administrar una ventaja mínima que valía un ascenso. En esos primeros minutos sobre el terreno de juego se ha atisbado al Conquense que debería haber saltado al campo desde el primer momento, un conjunto más decidido, con Vique imponiendo ritmo en la medular y Kain apareciendo con mayor frecuencia entre líneas para tratar de romper la sólida estructura defensiva gallega.

El empuje local se ha traducido en varias llegadas consecutivas. Herbert ha vuelto a encontrar profundidad por banda y los centros laterales han comenzado a multiplicarse sobre el área de Bruno Rielo. Álvaro Sánchez ha peleado cada balón dividido como si fuera el último ante el rugido de los conquenses que hacía temblar las gradas. Sin embargo, los de Borja Fernández han demostrado por qué habían llegado hasta la última eliminatoria del playoff. Ordenado, competitivo y sin perder la compostura, el cuadro gallego ha sabido resistir los mejores minutos del Conquense sin conceder ocasiones verdaderamente claras. Un disputado penalti a favor del Conquense en el área visitante que no ha señalado el colegiado ha incendiado los ánimos y ha arrebatado la que quizá hubiera sido una clara ocasión para los blanquinegros.

Con el paso de los minutos el partido ha ido abriéndose. El desgaste físico ha empezado a pasar factura y los espacios se han hecho más evidentes. El Conquense ha asumido riesgos, ha adelantado líneas y ha dejado metros a la espalda de su defensa. Solo entonces el Ourense encontró el escenario que había esperado durante buena parte de la tarde. Una transición rápida ha sorprendido a los blanquinegro y ha terminado convirtiéndose en el golpe más duro para las aspiraciones locales. El cuadro gallego ha encontrado el camino hacia el gol y ha instalado un silencio de ultratumba en una Fuensanta que había vivido instalada en la esperanza durante toda la eliminatoria.

El tanto obligaba a los de Rober Gutiérrez a remar todavía más contracorriente. La reacción ha sido inmediata desde la grada y también desde el banquillo, en busca de alternativas para incrementar el peso ofensivo del equipo. El Conquense se ha lanzado definitivamente al ataque, acumulando hombres en campo contrario y encerrando por momentos a un Ourense cada vez más cómodo defendiendo cerca de su área. A pesar de que toda la carne estaba en el asador, el partido ha entrado en una fase donde las prisas han comenzado a imponerse a la claridad y los minutos finales han sido un ejercicio de resistencia para unos y de fe para otros. El Conquense nunca ha dejado de intentarlo, pero el desgaste acumulado y la seguridad defensiva del conjunto gallego han ido apagando poco a poco las opciones de remontada.

Ya en la recta definitiva del encuentro, con los locales volcados y dejando espacios atrás, el Ourense ha encontado una nueva transición que terminó certificando la sentencia con el segundo tanto de la tarde. Ese silencio que ha comenzado a imponerse se ha vuelto aún más palpable en una Fuensanta que ha quedado decepcionada tras una gran temporada que no conseguía culminarse con el ascenso; en ambos goles los visitantes tanto titulares como en banquillo se han echado al campo, acción que tampoco ha sido penalizada por el colegiado. El pitido final ha sentenciado el ascenso del Ourense y ha puesto, por el momento, fin al sueño blanquinegro de ascender a Primera Federación.

A pesar de que el reducto gallego no ha sido ni de lejos tan numeroso como el blanquinegro, si que han ejercido una lección de resistencia y han ganado el partido en una imagen desoladora de cientos de aficionados Balompédicos que no han esperado al pitido final para ofrecer, al menos, a un entrenador y unos jugadores que se han dejado la piel durante todo el curso. Una sensación que se ha traducido en el campo con una imagen de jugadores tendidos sobre el césped, derrotados y a los que les ha faltado una afición que les arropase más y que les reconociera todo el esfuerzo previo. Inasequible al desaliento ha brillado la peña 1946, que han aguantado hasta el final y han estado con su equipo, lo que les ha valido un merecido aplauso final del inversor del Conquense, Íñigo Asensio.

Más allá del resultado, Cuenca ha vuelto a reencontrarse con una ilusión que durante muchos años parecía dormida y ha llenaod un estadio que ha permanecido aletargado durante demasiado tiempo. La Balompédica ha caído en la última estación del camino, pero lo ha hecho después de devolver a La Fuensanta el ambiente de las grandes tardes, de reconectar a toda una ciudad con su equipo y de construir una temporada que permanecerá para siempre en la memoria colectiva del club y deja las puertas abiertas a volver a creer.