A sus 85 años, el filólogo clásico y fundador del Festival de Teatro Grecolatino de Segóbriga, Aurelio Bermejo, sigue dedicado a la enseñanza con la misma pasión que marcó toda su trayectoria. Jubilado desde hace años, imparte clases de latín de forma gratuita a alumnos de perfiles muy diversos y defiende la vigencia de unas lenguas y una cultura que considera «esenciales» para comprender las raíces de la sociedad actual.
En esta entrevista, repasa el nacimiento de un festival que, 43 ediciones después, se ha convertido en un referente nacional, reivindica un mayor reconocimiento para el trabajo de cientos de jóvenes que cada año representan teatro clásico, y reclama que la cultura clásica y el latín recuperen el lugar que, a su juicio, nunca debieron perder en el sistema educativo.
Usted nació en Mazarullique en 1940 y estudió en los seminarios de Uclés y de Cuenca y se especializó filología clásica. ¿En qué momento se dio cuenta en su juventud de que el latín era su vocación?
Influyó, sin lugar a dudas, el hecho de estudiar en el seminario, donde el latín tenía mucha importancia. Cuando salí del seminario me planteé entre si hacer filología clásica o filología hispánica o románica y al final me incliné por el latín y griego. Una vez que oposité y me dediqué a la docencia, he sido un gran afortunado y un gran apasionado, defensor de todo esto. Afortunado en el sentido de que he disfrutado mucho con la docencia, tanto que jubilado estoy dando clases gratis por online a bastante gente.
¿Lo hace de manera altruista?
Sí. Fui muy feliz enseñando en el aula y con una empatía grande alumno-profesor. Yo los quería y ellos a mí, y trabajando sin demagogias. Y una vez jubilado dije, bueno, pues las voy dar. Y ahora tengo pues 3 o 4 horas diarias. De forma generosa y altruista, y a personas variopintas, señoras amas de casa, abogados, alumnos universitarios que entran a la universidad con un nivel bajo de latín… Hay que explicarlo muy bien y poner las bases adecuadamente. Así que en eso me estoy entreteniendo y también, pues, muy gustoso y muy feliz.
En 1984 creó el Festival de Teatro Grecolatino en Segóbriga. ¿Cómo nació este proyecto y con qué intención?
Teniendo tan cerca el Parque Arqueológico de Segóbriga, me planteé con mis alumnos de letras hacer una visita a dicho parque y allí estudiar in situ sus distintos monumentos, la historia de Segóbriga. Entre esas actividades figuraba leer unos fragmentos de unas obras de teatro clásico en el Teatro Romano. Al final de la excursión, pregunté a los chicos qué les había parecido y les encantó, en general, la visita y, sobre todo, la lectura de teatro en aquel escenario. Y entonces me saltó la chispa, ¿y por qué no el próximo curso organizar ya una representación en regla y presentarla aquí a la gente? Gente que pudiera acudir. Y así fue. Preparamos un Hipólito de Eurípides, invité a unos chicos de algunos centros de Madrid y de Castilla-La Mancha. Ese día acudieron como unos 800 y les encantó tanto, tantísimo, que dije: esto ya me confirma que vale la pena y tiene futuro.
Y desde entonces no ha parado usted de organizarlo, ¿no?
Efectivamente, ya vamos por el año 43, ha sido este año, la 43ª edición, es decir, toda una vida.
Desde entonces ha ampliado las sedes del festival al resto de España. ¿Cuántas sedes se han unido?
A los 11 años de iniciado el festival, y a la vista del éxito que tenían sus representaciones, me planteé extenderlo a otros puntos de España: Mérida, Itálica, Cartagena, Sagunto, Tarragona, Pamplona, etcétera. Y en la actualidad pues hay cerca de 30 que siguen representando este tipo de obras, organizan un festival similar al de Segóbriga. O sea que a Segóbriga y a mí personalmente nos honra el haber sido la sede que inició todo esto.
A usted se le vio emocionado este año con la representación de Ifigenia en Áulide en Segóbriga. ¿Qué tuvo de especial esta representación este año con respecto a otros años anteriores?
En general sensaciones han sido todas muy buenas porque todos los grupos que han participado, exceptuando los primeros años que quizás no tenían ese mismo nivel, ahora ya desde hace 15 o 20 el nivel de los grupos es extraordinario, y siempre una satisfacción moral grande. Pero este en especial es que venía un grupo de teatro formado por niños de la ESO, muchos de ellos que hicieron una actuación espléndida. Al ser un grupo de Andalucía, intentaron hacer una especie de procesión con Ifigenia subida en unas andas desde un extremo del escenario al altar donde iba a ser sacrificada. Con una solemnidad y esa música que me emociona ahora mismo. Tan bonito, tan bello, es sensacional. Es sublime. Aquí se ha conjuntado todo.


También ha lamentado que instituciones culturales y educativas de la región no reconozcan este festival como se merece. ¿Qué cree que le falta o qué pide concretamente?
Indudablemente tenemos el apoyo de la Junta de Comunidades que nos cede el teatro y el parque, y la Diputación, que es la gestora. Lo que lamento es que obras tan maravillosas, tan bien representadas por jóvenes, que son un referente cultural, que no aparezca por allí una televisión con más frecuencia. Televisión Española, por ejemplo, deberían ponerlo como modelo. Que unos chicos tan jóvenes se sacrifiquen durante todo un curso para hacer obras tan maravillosas, ¿a cambio de qué? Pues de actuar lo mejor posible para los espectadores, recibir su aplauso. Totalmente altruista. Pero es que además son un referente estos chicos, porque que en sus ratos libres pues hacen esto y no pierden el tiempo en otra cosa. En este sentido creo que es modélico y que debía ponerse en los medios de comunicación, especialmente la televisión, porque no puede haber cosa más ejemplar y más modélica que esta.
Su intención es que parte del festival alguna representación se haga en un horario nocturno.
Sí, nosotros durante muchos años la clausura de los distintos festivales era a finales de junio, y hacíamos una actuación de noche a partir de las 21 horas. Había un acto preliminar, concierto de algo, y a las 22 horas, que se ponía el sol, una tragedia griega normalmente. Aquello tuvo una acogida extraordinaria. Pero lo tuve que dejar hace cinco o seis años por razones presupuestarias. Pero ahora que me consta que se están haciendo allí festivales de música por lo menos un día en un escenario que es el adecuado. No debe faltar por lo menos una obra de teatro clásico. Yo espero que a partir de este año se incluya en ese programa. Hablaré con quien corresponda para que al menos un día se haga.
¿Cómo ve el estudio de la cultura clásica y de las lenguas clásicas hoy en día?
Lamentablemente el apoyo a estas asignaturas se está perdiendo desde hace algunos años. Por lo menos la cultura clásica, que está en la base de nuestra civilización, debía ser de enseñanza obligatoria para todos los chicos, por lo menos un curso, tres o cuatro horas a la semana. Porque nuestra civilización, sus raíces se hunden ahí, en la civilización que nos dejó Roma tras la conquista de Europa. Y el latín también debía estudiarse, si no obligatoriamente, por lo menos en el bachillerato de letras, porque el latín es la madre de las lenguas romances. Y es también de obligado conocimiento para conocer nuestra propia lengua. Aparte que el latín estructura la mente como ninguna otra asignatura, esto también se puede demostrar. Y para los chicos que hacen Derecho y Filologías se debe mantener y defender. Ahora, eso sí, hay que también procurar enseñarlo muy bien. La didáctica del latín no es fácil y debía ser fácil, pero a veces no se ha enfocado debidamente.
El pasado 20 de junio fue reconocido en Getxo con el premio de la Fundación TEATRAMATEUR Juan Mayorga por su gran labor educativa y cultural llevada a cabo, desde hace 43 años, entre los jóvenes estudiantes de Enseñanza Secundaria. ¿Cómo recibió el premio?
Indudablemente me encantó, es evidente. Esta fundación fue creada para potenciar y apoyar todas las iniciativas tendentes a promocionar el teatro amateur. Particularmente, que llevo 45 años con grupos de teatro que son amateurs, recibí este premio con gozo, con alegría, a pesar de que yo ya en el año 98 recibí la encomienda con placa de Alfonso X el Sabio, que es la distinción más importante a nivel cultural de España después de la Gran Encomienda. A pesar de eso, ese grupo que está luchando por sacar adelante el teatro en los pueblos, me pareció ejemplar la labor y lo reconocí. Me encantó, evidentemente, y se lo agradecí enormemente.













