Los caminos de Dios son inescrutables

Antonio Olmeda Olmeda

Primero de los cinco relatos testimoniales que rescatan la memoria de la Beneficencia de Cuenca desde la labor pedagógica y humana de sus escuelas con la pluma de Antonio Olmeda.

La tartamudez me llevó a la Beneficencia de Cuenca.
Y allí encontré a un MAESTRO.

Un hombre con paciencia infinita, capaz de atender a más de treinta alumnos sordomudos, de todas las edades y condiciones. Pero, además, tenía algo difícil de explicar: una serenidad y luz especial.

Confió en mí.
Me dio alas para volar, y el cariño y protección que en aquellos momentos tanto necesitaba.
Con él, todo parecía fluir. Todo parecía más fácil.

Hoy, cuando el tiempo me permite mirar atrás , y son muchas las veces que lo hago, lo recuerdo como un ángel que apareció en mi vida.

MI HISTORIA DE ENTONCES:
Fui para un curso.
Pero las circunstancias, como tantas veces ocurre en la vida, se fueron encadenando.

Se convocó un examen para obtener el graduado escolar.
Más de 800 alumnos de toda la provincia, de todas las edades, se presentaban.
Y él, me inscribió como su único alumno.

Me preparó día a día.
Con inteligencia, con dedicación, apartándome con habilidad de las distracciones propias de mi edad.

Llegaron los días del examen.
Sus ojos estaban puestos en mí.
Y yo lo sabía. No podía fallarle.
Pero, en el fondo, comprendí algo más importante: no debía fallarme a mí mismo.

Y así ocurrió.
Cuando publicaron las notas, la mía era la segunda más alta de toda la provincia.

Yo no alcanzaba a comprender lo que había sucedido, pero él sí.
Y estaba feliz.
Tanto, que consiguió que mi redacción fuera publicada.

Muchos profesores me preguntaban por qué había elegido aquel tema.
La redacción era libre.
Yo siempre respondía lo mismo:
“Porque de mayor, quiero ser como mi maestro.”
El título era sencillo, pero lo decía todo:
“Quiero ser maestro”.

LO QUE AQUELLO CAMBIÓ EN MI VIDA
Aquello marcó un antes y un después.
Don Inocente Moya Mena convenció a mis padres para que me dieran una oportunidad con el estudio.
Y fue más allá:
Convenció a Don Jesús Gómez Alirangues, maestro de alumnos “normales”, para que me incorporara a sus clases de matemáticas y ciencias.
Y también a la Superiora de la Congregación Hijas de la Caridad, Sor Valentina que entonces llevaba el peso y la dirección de aquel centro.

Me matriculó por libre en primero de bachiller, en el Instituto Alfonso VIII de Cuenca.
Y durante un curso entero viví entre dos mundos, y dos maestros.
¡Dios mío, cuánto pude aprender de aquellos dos hombres!

EL RECUERDO QUE QUEDA
Cuando fui realmente consciente de lo que habían significado en mi vida, ya era tarde.
Los dos se habían marchado antes de que yo cumpliera los 19 años.

Nunca pude darles las gracias.
Nunca pude darles un abrazo.
Y hoy, con estas palabras y este recuerdo quiero hacerlo.

A ellos.
Y, a través de ellos, a todos esos maestros que han pasado por nuestras vidas dejando en nosotros lo mejor de sí mismos:

¡GRACIAS POR TANTO!
Gracias por creer cuando nosotros dudábamos.
Gracias por ver lo que aún no éramos, pero podíamos llegar a ser.
Gracias por enseñarnos a volar.
Gracias por “creer en mí cada mañana”

¡¡¡Que Dios os bendiga siempre!!!

Nota:

Durante los días en los que he repasado y matizado este relato, ha despertado en mí la necesidad de contarme mi propia historia.
Y, al hacerlo, compartirla.

No solo como un recuerdo personal, sino como una forma de rescatar de la memoria a seres maravillosos que dejaron huella en nuestras vidas, y que el tiempo, a veces, parece querer borrar.

También como una invitación a creer en nosotros mismos.
Porque, a pesar de todo, todavía existe la humanidad, la generosidad, la entrega, y el amor que transforma.

En las próximas publicaciones iré desgranando esa parte de mi vida vivida en la Beneficencia de Cuenca:
cómo llegué, lo que encontré, cómo se vivía allí, las personas, las luces, y también las sombras.

Lo haré desde dentro. Con honestidad. Y con el respeto que merece todo lo vivido.
Poco a poco, sin prisas iremos caminando juntos por los territorios de las emociones y la verdad.

DESPERTANDO LA CONCIENCIA