Los veterinarios taurinos, una profesión desconocida entre la ciencia y el debate social

El presidente del Colegio de Veterinarios de Cuenca explica cómo participan estos profesionales en los festejos así como su poder o el futuro del sector.

Más allá del capote, el albero y la lidia hay todo un mundo técnico que garantiza que los festejos mayores y populares del mundo del toro se celebren con todas las garantías para que tengan el esplendor que requieren y se garantice la aplicación de la legalidad vigente antes, durante y después de los mismos. Detrás de todo en los espectáculos taurinos se encuentran los veterinarios, figuras asociadas al momento visible del festejo cuyo trabajo, sin embargo, va mucho más allá. Según ha explicado Luis Colmenar, presidente del Colegio de Veterinarios de Cuenca, a Voces de Cuenca su intervención se extiende en realidad a un proceso completo que comienza antes de la autorización del espectáculo, continúa durante su desarrollo y se prolonga después de su finalización.

Esa secuencia —previa, simultánea y posterior— no es accesoria sino estructural, una faena completa que solo pueden ejecutar diestros que no llevan capote sino bata pero que también son expertos en el arte. En ella se articulan decisiones técnicas, controles documentales y evaluaciones sanitarias que condicionan la celebración del festejo y su encaje en la normativa vigente. De este modo, la intervención veterinaria en los espectáculos taurinos se organiza en tres momentos. Antes del festejo, los veterinarios participan en la verificación de que el evento puede celebrarse y de que los animales cumplen las condiciones exigidas en función de la tipología del festejo. Durante el mismo, su función se sitúa en seguir cómo se está desarrollando. Al concluir el evento, su labor comprende en la validación de que todo lo ocurrido se ajusta a los requisitos legales y sanitarios, incluyendo aspectos relacionados con la cadena alimentaria.

Así se organiza el festejo taurino desde el punto de vista veterinario

Colmenar insiste en que la parte menos visible —la previa y la posterior— es precisamente la más determinante desde el punto de vista profesional, aunque sea la menos conocida fuera del ámbito veterinario. El acceso a estas funciones exige una formación específica que va más allá de la veterinaria general. No se trata únicamente de conocimientos clínicos, sino de un dominio del marco normativo que regula los espectáculos taurinos, tanto a nivel estatal como autonómico. En Castilla-La Mancha, esta regulación determina el papel de los llamados veterinarios de servicio, que actúan bajo requisitos concretos según el tipo de festejo.

A ello se suma el conocimiento del bovino de lidia, no solo como especie, sino como conjunto de encastes con diferencias morfológicas y de comportamiento que resultan relevantes en la aplicación de la normativa y en la evaluación del animal dentro de cada modalidad de espectáculo. En este sentido, el reconocimiento previo del animal combina varias capas de control. En primer lugar, la comprobación documental que permite verificar la identidad, trazabilidad y el cumplimiento de los requisitos exigidos para su participación. Sin esa base administrativa, el animal no puede ser autorizado.

En paralelo, se realiza la inspección sanitaria con una doble implicación, por un lado la aptitud del animal para el festejo, y por otro, su posible incorporación posterior a la cadena alimentaria, lo que introduce criterios de salud pública comparables a los de otros controles veterinarios en ese ámbito. Además, en los festejos mayores se incorporan criterios de adecuación al tipo de espectáculo, vinculados a la morfología del animal, su encaste y su encaje en la categoría del espectáculo. Colmenar señala que estas valoraciones se realizan desde parámetros técnicos y científicos y no desde categorías propias del aficionado.

En lo referente al control para su inclusión en la cadena alimentaria, se trata de detectar posibles patologías si es que las hubiera para garantizar que el animal reúna las condiciones necesarias antes de consumirse su carne. A ello se suma la vigilancia de enfermedades transmisibles, ya que se trata de animales que se desplazan entre explotaciones y que interactúan con personas durante la celebración de los festejos. Por eso, insiste, la labor veterinaria no termina cuando finaliza la lidia.

El número de veterinarios que intervienen varía en función del tipo de festejo y de lo que establece la normativa. En los mayores, como corridas o novilladas, la composición del equipo depende de la estructura del evento y de las condiciones en las que se celebre. En festejos taurinos populares, el criterio es más directo, pues el número de profesionales se ajusta al número de reses participantes, con uno o dos veterinarios según el caso. Este esquema responde a una lógica de cobertura técnica proporcional al riesgo y a la complejidad del evento, más que a una presencia que se aplique de manera uniforme sin tener en cuenta los pormenores del festejo.

Veterinarios taurinos. FOTO: Colegio de Veterinarios de Cuenca.

Del reconocimiento previo a la decisión final y la estructura de responsabilidades

En ese reconocimiento inicial se pueden producir rechazos, aunque no sea lo habitual. Las causas más frecuentes se relacionan con el incumplimiento de requisitos sanitarios o con deficiencias en la documentación que acredita la trazabilidad del animal. Esa trazabilidad forma parte del sistema que permite identificar al animal tanto en su participación en el festejo como en su posterior entrada en la cadena alimentaria. También pueden darse rechazos cuando el animal no cumple las condiciones exigidas por la normativa del tipo de festejo, ya sea por su estado físico, su integridad o su adecuación al espectáculo previsto.

Aunque los veterinarios emiten informes técnicos obligatorios, la decisión final sobre la autorización del festejo recae en la presidencia del mismo, es decir, se estructura en una «reglamentación presidencialista». En este modelo el presidente del espectáculo tiene la última palabra, aunque se encuentra arropado por un asesor taurino y un veterinario para que la decisión sea certera. En ese marco, los veterinarios pueden elevar observaciones o solicitar actuaciones complementarias cuando detectan situaciones que van en contra de su criterio de que una res participe, algo que puede estar motivado por posibles alteraciones del comportamiento del animal o irregularidades en sus astas, ya sea porque se hayan manipulado o porque no lo hayan hecho en función de lo que requiera el propio festejo.

«Si esa decisión va en contra de nuestro criterio podemos solicitar unas tomas de muestras tanto porque tuviésemos una sospecha de un comportamiento irregular. Esto es que podríamos pensar que estuviese alterado su comportamiento de forma artificial, con drogas o fuese. También podría darse en el caso de festejos mayores que sus astas estuviesen manipuladas e en el caso de festejos populares, lo contrario, porque hay festejos taurinos en los que se exige expresamente la manipulación de las astas para disminuir su potencial a recibida».

Bienestar animal: definición técnica y marco regulado

El concepto de bienestar animal aplicado a los espectáculos taurinos se aborda desde una perspectiva técnica, científica y normativa. Colmenar insiste en que no se trata de un concepto basado en percepciones o sensibilidades individuales, sino de un conjunto de criterios que pueden medirse y evaluarse. Desde esa perspectiva, el bienestar no se interpreta como una idea fija e inmóvil que se aplica en todos los casos como un rodillo, sino de un parámetro que varia en función del tipo de animal, del contexto normativo y de las condiciones específicas del festejo.

De este modo, se aprecia una diferencia sustancial entre lo que socialmente puede entenderse como una determinada práctica y lo que la regulación establece como aceptable en cada caso. El veterinario señala como una actuación que en un determinado festejo constituiría maltrato puede no tener esa consideración en otro distinto, precisamente porque la normativa establece tratamientos diferentes según el tipo de espectáculo y las características del animal. A este se suma que en determinadas circunstancias, los veterinarios tienen incluso la capacidad de proponer la suspensión del festejo si consideran que se superan los límites establecidos en materia de bienestar animal.

Reses. FOTO: Colegio de Veterinarios de Cuenca.

La ganadería de lidia en Cuenca y su contexto estructural

En el ámbito provincial, la ganadería de lidia se inserta en las dinámicas generales de la ganadería extensiva. Colmenar señala dificultades comunes como la escasez de mano de obra a lo que se añaden la complejidad del manejo de los animales y los costes asociados a este tipo de explotaciones. A ello se suma la cuestión de la viabilidad económica, estrechamente vinculada a la salida de los animales hacia los festejos taurinos. Esa dependencia condiciona la estabilidad del sector. En Cuenca, estas dificultades se enmarcan además en un proceso más amplio de transformación de la ganadería extensiva, con un retroceso progresivo de determinadas explotaciones. «Va muy parejo a lo que es la evolución de toda la ganadería extensiva y no haría una diferencia mayor Cuenca por su territorialidad o por su característica geográfica; era una provincia donde la ganadería extensiva abundaba. tanto en ovino como en bovino y ahora solo hay que ver con las dificultades que acarrea este tipo de explotación ganadera», resume.

El futuro de los veterinarios taurinos no es ajeno al «rechazo» de una parte de la sociedad a estos festejos

Al ser preguntado por una mirada hacia el futuro, entre la innovación tecnológica y el relevo generacional, Colmenar reconoce que los veterinarios no son ajenos al debate social que rodea actualmente a la tauromaquia y que esas opiniones también influyen en el interés por esta especialidad. «Igual que se puede entender como que puede haber un rechazo social por parte de una parte de la sociedad a este tipo de festejo, a este tipo de espectáculo, los veterinarios taurinos tampoco somos ajenos. En todas las profesiones ese tipo de opiniones y debates van por barrios».

No obstante, recuerda que existen universidades, como la Complutense de Madrid o la de Murcia, donde continúan desarrollándose estudios específicos relacionados con el bovino de lidia ya que es un animal que «nosotros no entendemos ya como aficionados, sino como profesionales que hay que proteger». En este sentido, desde el punto de vista veterinario, defiende que esta raza merece protección al tratarse de una especie propia de la península aunque en Sudamérica también hay ganaderías. A esto, en opinión del presidente del Colegio de Veterinarios de Cuenca, se unen sus características particulares y que esté protegido como espectáculo normativamente hablando. «Hay muchos veterinarios que trabajan en el campo codo con codo con ganaderos para preservar esta raza, para preservar determinados encastes y lógicamente, como en cualquier explotación ganadera, para mejorar su bienestar».

En ese sentido, concluye que la evolución de esta especialidad sigue el mismo camino que otras áreas de la veterinaria a la hora de incorporar nuevos conocimientos científicos para mejorar las condiciones de manejo y de sacrificio respecto a las existentes décadas atrás, siempre dentro del marco normativo vigente. «En esa fase final de la que hablaba antes también nos dedicamos al estudio científico de cómo se puede mejorar el trato, pero igual que lo hacemos para el sacrificio de animales en matadero y lógicamente como con las condiciones de bienestar que se hace ese trabajo de sacrificio en el siglo XXI, que no es el que se hacía en el siglo XIX», concluye.