Durante años se ha asumido con la misma credibilidad que se recitan los refranes que vestir bien significa cambiar constantemente, meciéndose a la frenética marea que dicta el océano de moda. Repetir un conjunto que funciona se percibe como una especie de rendición estética y mantenerse fiel a los mismos colores, siluetas y calzado ya no es solo un sinónimo de aburrimiento, si no de muerte de la creatividad y la personalidad. Si bien la moda se concibe como una prolongación del yo y un medio de expresión, el acuciante ritmo de una industria ha convertido los percheros en el fast food del armario en el que las tendencias han hecho que la personalidad quede relegada al fondo de armario.
Cuando las grandes marcas crean colecciones clónicas, la resistencia se encuentra en los pequeños negocios, las marcas respetuosas que hacen productos para durar bajo el concepto de inversión y que creen que debe ser el cliente quien lleve las prendas -y nunca al revés-. Esta premisa ha sabido entenderla a la perfección el diseñador conquense Señorito Ortega, que desde hace años crea prendas únicas en su atelier. Ortega ha firmado una simbiosis estética, cultural y personal con De Flores y Floreros, una marca de zapatos en la que su CEO y diseñadora, Paloma Moreno, esboza magia a cada paso. Ambos acogen y organizan en el taller del modisto la la primera parada del año de De Flores y Floreros On The Road el 4 de febrero.
Un evento para conocerse y saber qué sienta bien
El evento está pensado como una cita de bienestar y autoconocimiento para que vestirse sea sentirse cómodo en la propia piel y no suponga ruido mental a diario, sino un acto de amor propio. El tándem formado por Eduardo Ortega y Paloma Moreno desmontan esa idea agotadora de que cada ocasión exige una versión completamente nueva y perfeccionada y habla de cuerpos reales, vidas reales y de armarios que acompañan y no exigen. Hay disponibles cuatro pases a lo largo del día, con grupos reducidos de entre seis y ocho mujeres, para que la conversación fluya y cada asistente pueda plantear sus dudas reales. La idea no es mirar desde fuera, sino participar, preguntar y probar y para ello es necesaria inscripción previa enviando el siguiente formulario, aunque Moreno advierte que «están libres las últimas plazas».

Cada sesión comienza con un recibimiento tranquilo —café en mano, sin prisas— y una primera parte común en la que Eduardo Ortega y Paloma Moreno comparten claves de estilismo y tendencias desde una mirada práctica y atemporal. Se habla de colores que favorecen, de siluetas que funcionan según el cuerpo, de cómo elegir un zapato que acompañe y no condicione, y de por qué ya no es necesario subirse a un tacón imposible para sentirse elegante. A partir de ahí, la experiencia se vuelve más personal. Las asistentes pueden tocar tejidos, ver las pieles de cerca, probar distintos modelos de calzado y experimentar con alturas y formas, mientras plantean situaciones concretas: una boda, una comunión, el día a día, una prenda que no saben cómo integrar en su armario. El asesoramiento se adapta a cada caso, sin recetas universales ni imposiciones.
Además, se abordan aspectos que rara vez se explican en una tienda como el proceso artesanal detrás de cada zapato, las ediciones limitadas, la importancia de invertir en piezas que duren y cómo reutilizar calzado especial en contextos cotidianos. Algunas piezas estarán disponibles para compra in situ, siempre desde esa idea de elegir con intención. Todo sucede en un ambiente cuidado y cercano, acompañado por el detalle dulce de Recreo Peral y una aportación floral de Ikebana Floral que suma al conjunto y de la que se llevarán un pequeño detalle las asistentes. Más que un evento, es una conversación sobre cómo vestir mejor y vivir con menos ruido.

El hilván de una colaboración perfecta
La unión entre De Flores y Floreros y Señorito Ortega nace de una coincidencia casi natural. «Empezamos a colaborar casi por casualidad y desde el primer momento hubo sintonía», explica Eduardo Ortega, que destaca su afinidad con una firma que apuesta por la artesanía y el hecho en España. Para Paloma Moreno en esa conexión es clave «hablar el mismo idioma y compartir valores como el cuidado del detalle, la atención personalizada y una forma de entender la moda sin prisas». Esa relación previa, consolidada en distintos desfiles y proyectos, es la que ahora se traslada al atelier conquense en forma de experiencia cercana.
A nivel personal, ambos coinciden en el valor de estar presentes, de poner rostro y voz al producto. «Que venga Paloma y sea ella quien cuente de primera mano el trabajo que hay detrás de cada zapato le da un valor enorme a lo que hacemos», señala Ortega, que ejerce de anfitrión. Por su parte, Paloma lo vive como un privilegio asegurando que «me encanta estar cerca del cliente, poder explicar la profundidad y la complejidad del proceso artesanal. En ciudades como Cuenca el cariño es enorme y se agradece mucho que les acerques la experiencia», explica.
Más allá de la colaboración concreta, ambos subrayan lo que iniciativas así suponen para ciudades pequeñas y para un sector como el de la moda artesanal. «No siempre tenemos el privilegio de que una firma que no está físicamente aquí venga a visitarnos. Que la tienda venga a ti tiene un impacto muy positivo a nivel provincial», apunta Ortega. Paloma coincide al afirmar que «en lugares donde hay menos oportunidades de conocer el producto de primera mano, la acogida es increíble. Esta fórmula nos permite estar cerca del cliente y poner en valor la artesanía». Una manera de entender la moda desde el equipo, la cercanía y el respeto por los tiempos, tanto de quien crea como de quien viste.













