Han pasado cuarenta minutos de espera desde el fin de la misa hasta el inicio de la procesión de la Virgen del Carmen por las calles de Cuenca. Una cita histórica que Cuenca ha acogido con la devoción que el acontecimiento merecía. Las nubes que encapotaron el cielo al comienzo de la jornada se han ido despejando poco a poco, dejando una acuarela de azules en el cielo para recibir a la estrella del mar -Stella Maris-, para que se adelantara al eclipse y opacara al menos por un instante al sol.
Rozaban las 21:00 horas cuando la blanca paloma ha salido por las puertas de la Catedral, envuelta en un magnífico manto, una mantilla y una nube de flores arregladas por Pasión y Arte Floral. El himno nacional interpretado por la Banda de Villamayor de Santiago recibía a la Virgen en una concurrida Plaza Mayor. Aunque este desfile ha sido el plato fuerte de las celebraciones, los actos conmemorativos de la gracia singular del 775 aniversario de la entrega del Santo Escapulario a San Simón Stock llevan sucediéndose desde el 12 de julio. Este jueves las actividades programadas han arrancado a las 19:30 horas con la celebración de la solemne función principal en honor de Nuestra Señora del Carmen, con imposición solemne del Santo Escapulario, presidida por el obispo de la diócesis de Cuenca, José María Yanguas, y cantada por el Coro Alonso Lobo.
Concluida la Eucaristía, la imagen de Nuestra Señora del Carmen ha abandonado el templo para iniciar una procesión distinta a la habitual. Si en los últimos años el recorrido se había desarrollado por los alrededores del convento de las Carmelitas Descalzas, en el camino de Nohales, la efeméride ha motivado este año un itinerario por el Casco Antiguo de la ciudad hasta llegar al convento de las Madres Concepcionistas en la Puerta de Valencia. Tras la cruz de guía ha desfilado una profusa representación de las hermandades de Cuenca con guiones, estandartes y hermanos mayores. Asimismo se ha podido ver una representación de niñas vestidas de comunión con estandartes en los que estaban bordadas las máximas «En la vida protejo», «En la muerte ayudo»y «En el purgatorio salvo». Estas frases resumen el privilegio sabatino y la devoción del escapulario. Promete la intercesión de la Virgen del Carmen para liberar rápidamente del purgatorio a quienes hayan llevado su escapulario y cumplido con sus devociones, a la hora de cuidar a sus devotos de los peligros físicos y espirituales, guiándolos en el camino de la fe y en el momento de la transición a la muerte, protegiendo al creyente frente a las tentaciones y asegurándole una muerte en gracia.
También ha habido una numerosa representación de niños ataviados con una réplica en miniatura del hábito original de los frailes y monjas carmelitas. Está compuesto por una túnica marrón, una esclavina (capelina sobre los hombros) y el escapulario. Ese hábito completo es símbolo de la pertenencia espiritual a la familia carmelitana y la continuidad de la devoción mariana. Esto unido a las promesas tradicionales, el escudo del Carmelo y la imagen de San Simón Stock tiene un marcado carácter catequético, especialmente importante en una efeméride de esta talla.
A una celebración singular per se, se ha unido un acompañamiento musical sublime, pensado al detalle para la ocasión con intervenciones de varias formaciones conquenses a lo largo del recorrido. Las cuatro agrupaciones corales participantes han interpretado obras dedicadas a la Virgen en diferentes enclaves mientras la imagen avanzaba entre el rezo del rosario, el sonido de la Banda de Música de Villamayor de Santiago y el recogimiento de los asistentes. La primera intervención ha llegado en la puerta del convento de las Blancas, donde el coro Vokalis Femina ha interpretado un Ave María del compositor vasco del siglo XX Javier Javier Busto, escrita para voces blancas.
Su directora ha explicado que la elección de la obra respondía al propio desarrollo de la procesión. «Como están rezando el rosario, después del Padre Nuestro llegan las Avemarías y nosotros interpretamos la primera», ha detallado. También ha destacado el simbolismo de hacerlo con un coro integrado únicamente por mujeres. «Es una obra para voces blancas y tiene una implicación emocional especial». Además ha subrayado la dificultad de cantar al aire libre ya que «siempre pone un poco nervioso porque cantar en la calle es complicado, pero hemos hecho nuestra aportación con mucho gusto después de que nos invitara la madre superiora», ha resumido.
La procesión continuó su descenso por el empedrado conquense hasta San Felipe Neri. En las escaleras de Los Oblatos ha tomado el relevo el Coro del Conservatorio. La formación ha interpretado un Ave María del compositor letón Rihards Dubra, una elección que, según ha trasladado su director a Voces de Cuenca, respondía tanto al vínculo del coro con el autor como a su apuesta por la música contemporánea. «Queríamos interpretar una obra mariana y hablamos con la madre abadesa para coordinar la participación de todos los coros», ha resumido. Sobre la pieza elegida ha destacado que se trata de «una música con armonías que se salen de lo común». «Somos un coro del siglo XXI y creemos que también hay que interpretar música de compositores del siglo XXI», ha añadido, recordando además que Dubra ya forma parte habitual de su repertorio, pues también es el autor del motete que interpretan para la Cruz Desnuda de Jerusalén.
En las escaleras de San Andrés ha sido el turno del coro Sottovoce, cuya aportación musical al paso de la Virgen ha consistido en la interpretación del célebre Ave Maria atribuido a Giulio Caccini, una de las composiciones marianas más conocidas del repertorio coral contemporáneo. La última parada musical ha tenido lugar en la plaza de El Salvador. Allí, el coro Acanthus ha recibido a la imagen con el Ave Maris Stella de Joseph Gabriel Rheinberger, una composición inspirada en el antiguo himno latino dedicado a la Virgen. Desde la agrupación coral han detallado que la obra alterna la polifonía con versos del himno tradicional. «Es una pieza especialmente apropiada porque la Virgen del Carmen es la patrona de los marineros y Ave Maris Stella significa ‘Salve, estrella de los mares'». La elección, han asegurado, ha sido compartida también con la comunidad religiosa. «Lo hablamos con la madre Elena, aunque nosotros ya la teníamos preparada. Lo hacemos con mucho cariño porque somos muy devotos de la Virgen del Carmen», han resumido.
El recorrido ha concluido en el convento de las Madres Concepcionistas, con la zona de la puerta Valencia repleta de público al que se ha unido el que se ha ido sumando al desfile una vez lo disfrutaban. Con el recogimiento y devoción se ha arropado a la Madre con broche a una jornada marcada por la solemnidad, la música y la participación de numerosos devotos que han acompañado a la imagen mariana durante todo el itinerario. Cuenca concluye así la celebración de una efeméride de especial significado para la familia carmelitana en memoria de los 775 años de la tradición del Santo Escapulario.












