Las obras de la plaza del Xúcar afectan a los negocios: «Alquilé este local por el escaparate y no se aprecia nada»

"Es un incordio tener las obras en la puerta. La accesibilidad no es la que me gustaría pero hay que apañarse. Cuando se termine va a quedar muy bien y nos va a favorecer a todos", señala el gerente de un negocio a VOCES DE CUENCA

Las obras de la plaza del Xúcar tienen a los conquenses envueltos en un caos constante. La acera está levantada en la calle Hurtado Mendoza, en la calle Cervantes y en parte de la calle Colón. Las reformas empezaron en mayo y los comerciantes -que saben que va a durar alrededor de cuatro meses, según les ha comunicado el Ayuntamiento- son los que más sufren las consecuencias. «Nos molestan tanto a los clientes como a nosotros, pero las obras hay que hacerlas» relata el gerente de la tintorería Pergón, José Coronado, a VOCES DE CUENCA.

En la puerta de este negocio, la acera está completamente levantada y los trabajadores municipales pasan varias veces de arriba a abajo cargando adoquines y material de trabajo. «Hay imperfectos, todos los azulejos de abajo los han tirado. A ver cómo los ponen pero todo lo que sea mejorar, yo estoy a favor. Son pequeños inconvenientes que tenemos que soportar. Las obras se saben cuando se empiezan pero no cuando se terminan», comenta.

Justo al lado de la tintorería, en la cafetería HOPE Coffee, dos operarios toman un sorbo del café de la mañana, son varios los que trabajan hoy. Sobre el proyecto de la nueva acera, el director de esta cafetería, Rubén Palomina indica a este periódico que intenta buscarle el lado positivo «para no enfadarse todos los días». «Hay que pensar que es beneficioso para la ciudad», dice. «No tenemos desperfectos y son muy profesionales, nos piden permiso para todo. Al final, es como mejor se llevan las obras, sino a todos se nos hace muy pesado. A la acera le hacía mucha falta, la que había antes no tenía ni un metro», añade. Aunque reconoce que «genera mucho polvo e implica tener muchas cosas por el medio».

Imagen de las obras en la calle Hurtado Mendoza de Cuenca. FOTO: Carla Díaz

En la calle Hurtado de Mendoza también está la empresa Stihl de Gómez Utiel e Hijos. Es una tienda de maquinaria para el campo y para el jardín. El gerente, Francisco Gómez explica a VOCES DE CUENCA que en esta época tiene «menos trabajo». «Dentro de lo malo, no me afecta mucho. Es un incordio tener las obras en la puerta. La accesibilidad no es la que me gustaría pero hay que apañarse. Cuando se termine va a quedar muy bien y nos va a favorecer a todos los negocios», señala. En cuanto a si han tenido algún desperfecto, dice que «al taladrar se han quitado dos baldosas», pero le quita importancia: «Eso se pone».

La acera de enfrente no está levantada pero está señalizada con barreras New Jersey rojas y blancas. Han quitado un carril y el dueño de La Granja Victoria -un establecimiento de comida para llevar- comenta en conversación con este periódico que «claro que afectan». «El otro día, un poco más adelante, se cayó una mujer yendo a la farmacia. Es un engorro, sobre todo para la gente mayor», señala. También relata que «están todo el día con la maquinaria» y cree «que van muy lentas», aunque la accesibilidad la lleva «bien», porque «no le afecta a su negocio».

Imagen de las obras en la calle Hurtado Mendoza de Cuenca. FOTO: Carla Díaz

Más de lo mismo ocurre en la joyería Entrojoya. La propietaria del establecimiento, Begoña Gómez, señala a VOCES DE CUENCA que la mayor dificultad que encuentran en este negocio es el escalón. «Al quitar ladrillo, el escalón ahora está más alto. Tenemos clientas que tienen problemas de cadera y es un poco complicado, es cierto que toda obra perjudica», relata.

«Si tengo a mi vecino de enfrente que vende lo mismo que yo -aunque no tenga las mismas cosas- y no tiene problemas para pasar, los clientes van a preferir irse allí», se queja. En cuanto al ruido, Gómez comenta que ahora lo lleva «mejor», pero «al principio, cuando estaban con la máquina en la puerta era insoportable».

De todos modos, Gómez es optimista y piensa que «va a beneficiar a toda la calle» porque «antes era muy estrecha». «Yo veía a la gente con los carritos de bebé y con las sillas de rueda que no podían pasar. Se hace largo, pero el ensanche que va a quedar va a ser impresionante», cuenta.

Imagen de las obras en la calle Cervantes de Cuenca. FOTO: Carla Díaz
Este negocio echa el cierre «por las obras»

El establecimiento más afectado por las reformas de la acera es la tienda de ropa femenina, Divina Moda, que ha decidido cerrar. La propietaria es Eugenia Musiiovska y explica a VOCES DE CUENCA que alquiló este local «por el escaparate y no se aprecia nada». «Mi negocio no es de primera necesidad, es tipo capricho: doy un paseo con una amiga, paso por la calle, me fijo en el escaparate y si me gusta alguna cosa, entro», relata.

Y asegura que todo el jaleo de las obras «le afectó» desde el primer día. «Los cristales están siempre sucios y toda la maquinaria delante, de modo que no se aprecia nada el escaparate», se queja. «Aparte la circulación está colapsada. Hay coches pitando porque los conductores no están acostumbrados a que haya un solo carril. Al final, entre la maquinaria que hace ruido, los coches pitando y la suciedad, en esta parte de la calle ha parado toda la circulación, tanto peatonal como de transporte», señala.

Además, Musiiovska comenta en conversación con este periódico que la calle entera «parece un laberinto». «Yo entro y salgo de la tienda cuatro veces al día y me resulta muy difícil, sobre todo cruzar con mi hijo. Y eso que vivo en la calle Colón, que está cerca», lamenta. «He visto como casi atropellan a dos peatones enfrente de mi tienda los propios trabajadores de las obras porque se ponen con la furgoneta en el paso peatonal, echan marcha atrás y tienen un punto muerto que no ven. Es muy peligroso».

Imagen de las obras en la calle Cervantes de Cuenca. FOTO: Carla Díaz

Musiiovska culpa a las obras de que haya tenido que echar el cierre. «La gente no quiere estar aquí. Antes había días que no pasaba ni una sola persona por la tienda. Ahora parece que la gente se ha ido acostumbrando a como está la calle y empiezan a entrar en los comercios», relata. «Incluso mis clientas me dicen que da la sensación de que tengo la tienda cerrada porque hay un tractor delante, hay barandillas, es que no se aprecia nada».
Y no solo eso, Musiiovska dice que «hubo dos mañanas que no pudo acceder al establecimiento». «Me encontré con un tractor delante de la puerta, sin previo aviso a finales de mayo».

A pesar de las circunstancias, esta autónoma asegura que «los operarios no tienen la culpa». «Ellos tienen un contrato y hacen su trabajo pero el Ayuntamiento luego dirá que no hay comercios, es que no nos respetan», murmura indignada. «La situación se recuperará pero cuando yo empieze a ganar dinero, tendré que pagar deudas. Es un agobio de continuo. No tengo otras fuentes de ingresos, han hecho todo lo posible para que cierre.
Con tanta ilusión que tenía yo y que pasé el primer año, que es el más difícil para un negocio. Además de que estoy ofreciendo una mercancía diferente, de otro país. Me costó conseguir mi clientela, me costó incluso entender el proceso de importación de esta ropa y ahora lo tengo que dejar», comenta.

Musiiovska dice que no va a trasladar su negocio a ningún otro lugar de la ciudad. «No, porque de un día para otro se les va a ocurrir otra obra sin ningún previo aviso y yo paso de reformar locales», indica. La propietaria de este local dice que lleva «sobreviviendo» desde mayo gracias al cartel de liquidación que tiene. «Si un bolso antes costaba 120 euros y ahora lo puedes comprar por 50 o por 40, hay mujeres que se llevaban tres. Eso me ayudó en mayo gracias a mis clientas fieles».

La propietaria comenta, además, que ahora tiene «el escalón tan alto que las personas mayores -que sabemos que es un gran número de la población de esta ciudad-, les cuesta entrar». «Tenía clientas que entraban en mi tienda con la silla de ruedas. Ahora por todo este caos no pueden pasar», concluye.

Otras imágenes de las obras