Amós López, el ingeniero que mejora con ultrasonidos la cerveza desde la Serranía de Cuenca

A través de los ultrasonidos, López consigue que no se pierda cerveza en cada lata al eliminar la espuma en el proceso de llenado.

En Campillos Paravientos, un pequeño pueblo de apenas 100 habitantes en la Serranía de Cuenca, Amós López Belinchón combina tradición rural, ingeniería avanzada y emprendimiento global. Desde allí, gestiona contratos con gigantes de la industria cervecera como Heineken, AB InBev o SM Jaleel, todo sin salir de su localidad de origen. Ingeniero de formación, López trabajó durante una década en Alemania en la empresa líder mundial en maquinaria de llenado de bebidas. Allí aprendió a conocer de cerca la industria y sus peculiaridades, una experiencia que hoy aplica esa experiencia para mejorar la calidad de la cerveza antes incluso de que llegue al consumidor con una técnica novedosa y sorprendente, los ultrasonidos.

En las líneas de producción las latas y botellas se llenan a gran velocidad y se espumean. Una espuma que atrapa oxígeno y que de no eliminarse acelera la oxidación y reduce la vida útil de la bebida. Hasta ahora, la solución habitual era inyectar dióxido de carbono justo antes de cerrar el envase, algo que hacía perder un poco de cerveza en cada envase. En su lugar, Amós propone una especie de «altavoz de ultrasonidos» que rompe la espuma sin desperdiciar gas, reduciendo pérdidas de producto y mejorando la calidad de la cerveza, además de ahorrar costes. «Es como si cuando llega la lata le gritaras y las burbujas explotan», explica López de manera sencilla. Gracias a su propuesta cada lata lleva entre tres y cuatro gramos más de cerveza y el cliente no tiene que gastar dióxido de carbono, «que ha subido mucho de precio desde la pandemia», explica.

Además de la innovación tecnológica, López ha conseguido el alcance internacional. Cuando empezó a interesarse por este sector acudió a un encuentro internacional de la industria de la bebida, donde vio que únicamente tenían la citada tecnología una empresa francesa y otra suiza, lo que le impulsó a instaurar su empresa tomando como base los ultrasonidos en España. A la hora de escoger dónde implantar su negocio López lo tuvo claro. «Siempre había soñado con vivir en el pueblo», señala, por lo que Campillos Paravientos se convirtió en su sede. Desde esta pequeña localidad además de dedicarse a las bebidas ha extendido su negocio hacia la exportación de equipos de limpieza industrial por ultrasonidos, de productos químicos y de productos agrícolas ecológicos —como el pistacho, la almendra o la trufa— a más de 60 tiendas en Alemania.

Si bien la ingeniería y la exportación le aportan ingresos sólidos, López mantiene viva su vocación agrícola que le llega por legado familiar. La plantación de pistachos y la recolección de frutos silvestres como escaramujos o agallubas son su espacio «de relajación y creatividad». La combinación de tradición rural y tecnología avanzada define su proyecto, un negocio de alto valor que no depende de las grandes ciudades. La clave, según señala, es la conexión a internet y el teléfono, que facilita poder emprender desde el medio rural. Asimismo apunta que su cercanía con empresas vitivinícolas hace que la logística no suponga un problema aunque se muestra crítico con los apoyos institucionales a la hora de emprender.

López señala como su mayor objetivo que su empresa tenga un impacto real a nivel social y económico para el pueblo y así poder crear empleo local incorporando a un primer trabajador que le ayude a gestionar pedidos y mantener la operativa de exportaciones. Con él, espera expandir la actividad agrícola y mantener el equilibrio entre innovación industrial y tradición ecológica. «Mi primer empleado sería mi mayor logro. La iniciativa privada es lo único que puede sacar adelante un entorno rural con tantas limitaciones», reconoce.