Monumentalidad y fluidez en las Vísperas de Monteverdi

Crítica del concierto de la 63 Semana de Música Religiosa de Cuenca, Jueves Santo, 2 abril, 2026, 20:00h en el Teatro Auditorio "José Luis Perales".

Jesús Saiz Huedo

En el concierto de ayer de I Gemelli, conjunto especializado en la música del primer Barroco, que dirigen Mathilde Étienne y Emiliano González Toro, pudimos asistir a una admirable versión, históricamente informada y con instrumentos de época, de las Vísperas de la Beata Virgen de Claudio Monteverdi (1567-1643). Esta es una obra con una arquitectura vocal e instrumental grandiosa que ha sido considerada una de las más importantes del repertorio sacro universal. Su monumentalidad y la gran cantidad de textos sobre los que se erige requieren un despliegue de acercamientos interpretativos de enorme complejidad y solvencia técnica. I Gemelli nos brindó una interpretación llena de matices y sutiles contrastes, en la que la enérgica y segura dirección musical de González Toro, indisociable de su propia participación como tenor, permitió una fluidez natural de enorme belleza.

Monteverdi es el compositor más representativo de la transición entre el Renacimiento y el Barroco y esta obra, que fue publicada en Venecia en 1610, compendia la evolución de las técnicas compositivas, con la polifonía dejando paso a la melodía acompañada, el nacimiento del bajo continuo, la progresiva emancipación de los instrumentos, así como un nuevo tratamiento del texto y, por tanto, de la voz, a través de la búsqueda de la expresividad lírico-dramática como ideal. Esta partitura es una fuente preciosa que nos habla de todo ello.

Numerosos textos de la tradición mariana proporcionan un contenido poético de mucho interés para ser puestos en música por su riqueza y capacidad de conmover. Las vísperas como parte de la liturgia de las horas suelen tener una estructura fija en la que buena parte de los textos se adapta al día o la festividad celebrada. La estructura seguida por Monteverdi, fielmente respetada por I Gemelli, consiste en un responsorio, cinco salmos que se alternan con motetes (sacri concentus) -en lugar de las antífonas propias de las vísperas-, un himno (Ave, maris Stella) y el Magnificat de adoración a la Virgen que bien puede justificar por sí sólo el título del programa, “Regina Pax”, en coherencia con el lema por la paz de esta edición. Cada texto aporta una enorme cantidad de elementos narrativos, dramáticos o líricos que la música subraya y aprovecha hasta sus últimas consecuencias. El tempo y el carácter de cada sección no está anotado en la partitura y, aunque en ocasiones estén implícitos en la propia escritura, dependen casi enteramente del director. El contraste de pasajes más vivos con momentos de calma, a modo de agitación y reposo “espiritual”, estuvo perfectamente administrado por González Toro para producir la necesaria sensación de avance y direccionalidad del concierto. Resultó bastante evidente que su acercamiento toma como punto de partida el canto (o el texto y su prosodia) y todo el conjunto parece ponerse a su servicio. Todos los movimientos tienen un carácter eminentemente vocal y, entre ellos, contrasta la Sonata sopra Sancta Maria que desarrolla a la vez un momento de gran belleza e intensidad instrumental. El Magnificat  como cántico de alabanza y agradecimiento que la Virgen María eleva al Señor, contiene una doble carga lírica y dramática que lo hace especialmente atractivo para la composición musical. Se reza o se canta como final de las vísperas y, en él, Monteverdi desplegó lo mejor de su creatividad. Podríamos decir que I Gemelli le hizo los honores al tratarlo como la sección hacia la cual se dirigía todo lo anterior. La emoción cuidadosamente administrada a lo largo de los salmos y motetes previos, la sonata o el himno, hasta eclosionar en el Magnificat es sin duda un reto y un gran logro interpretativo del conjunto.

I Gemelli es una agrupación flexible al servicio del proyecto personal de la soprano francesa Mathilde Etienne y el tenor suizo-chileno Emiliano González Toro, quienes buscan desarrollar una actividad sólida en torno a la interpretación de la música barroca y optimizar al máximo su aportación en el panorama internacional. Lo cierto es que ambos tienen la experiencia del repertorio y la proyección profesional necesarias para ello y la actuación de ayer lo corrobora con creces. Los participantes en cada concierto pueden no ser los mismos. Ayer escuchamos a un conjunto relativamente joven, lo cual nos hace reflexionar sobre las posibles tendencias que las nuevas generaciones puedan estar desarrollando o no en torno a la interpretación del repertorio consagrado. La disposición de los instrumentos y del espacio con relación al director respondía sin duda a un acercamiento propio. Parecía evidente que el principal condicionante para ello era acomodarlo todo a esa doble función de director y solista de González Toro, incluso la ubicación del órgano entre el conjunto y el público, que en otros aspectos resultaba un tanto inadecuada. Pero ciertas decisiones en este sentido fueron eficaces, como la ocasional utilización del espacio entre bastidores y la proyección vocal de espaldas al público para algunas repeticiones en eco. En general, todos los desplazamientos sobre el escenario para acomodar las diferentes formaciones indicadas por Monteverdi se realizaron con absoluta discreción y naturalidad.

Si, tras varias décadas de acercamientos historicistas a la música del pasado, hay una cosa clara, esta es la necesitad de infundirle nueva vida, lo que requiere una comprensión exhaustiva del estilo, las técnicas vocales e instrumentales de la época y todo lo relativo a su contextualización histórica. Nada de esto faltó ayer. González Toro dijo en alguna entrevista que su acercamiento parte siempre de la fidelidad a las partituras trabajadas. Pero la realidad es que la notación nunca alcanza a reflejar toda la información necesaria para su materialización musical. Esto supone que los intérpretes deben aportar una buena parte del resultado final a través de la elección de los instrumentos, la realización del bajo continuo y el acompañamiento, las decisiones sobre el tempo, la dinámica, la articulación, la ornamentación, la asignación de determinados pasajes al conjunto o a los solistas e, incluso, el uso de la improvisación, inherente a numerosos elementos del discurso musical para que sea realmente algo vivo. Esto siempre establece fronteras muy poco definidas entre lo que se dice y lo que se hace. Aunque el mismo González Toro ha llegado a comentar alguna vez que interpretar exactamente la notación de determinados pasajes es la mejor manera de que parezca una improvisación, creemos que es precisamente en este equilibrio entre la fidelidad a la partitura y la toma de decisiones informadas, pero libres, donde más brilló el concierto y por lo que el aplauso y los bravos finales fueron tan intensos.

La SMR afianza un año más su compromiso con el gran repertorio sacro a través de este monumento de la historia de la música que es el Vespro della Beata Vergine de Monteverdi.  Mantener en esta obra la fluidez y el sentido de conjunto constituye un gran mérito. I Gemelli logró este reto y, con su magnífica interpretación, nos regaló una tarde verdaderamente extraordinaria y emocionante.