Aires de un Lunes Santo sin parangón

Los predicadores que aguardaban desde 2020 pudieron compartir sus sermones en una fría noche en la que la teología pescó con red de arrastre entre el baño de multitudes del Cristo de la Vera Cruz

Es un cliché periodístico recurrir con demasiada alegría al término histórico para definir la realidad. Así, cada temporada futbolística concentra cuatro o cinco partidos del siglo, los más viejos del lugar no recuerdan nunca una nevada tan copiosa y las manifestaciones son, por sistema, multitudinarias. No lanzamos piedra alguna: no somos inmunes a ese pecado profesional. Y quizá estemos cayendo en él, pero, por mucho que rebusquemos en la memoria propia y ajena o en las hemerotecas, es difícil hallar un paragón para este Lunes Santo, que ha batido su propio récord de público. 

Apunta ya a tendencia de este 2022: los dos años de ausencia por la pandemia han disparado las ansias por ver en la calle  las procesiones, por degustar aquello que dábamos por supuesto hasta que un traicionero virus nos enseñó que podía desaparecer. No hay mejor manera de aprender a valorar que atisbar el riesgo de la pérdida. El desfile penitencial del Cristo de la Vera Cruz ha convocado a miles de espectadores en un recorrido que, salvo en algunas transiciones entre iglesia e iglesia, ha estado siempre colmado de miradas y emociones. No se han alcanzado las cifras brobdingnagianas de la jornada anterior -porque fueron como empezar la ronda clasificatoria de un campeonato de salto de altura colocando el listón un metro por encima de la marca de Javier Sotomayor- pero sí registros inéditos para este desfile, como acreditan imágenes tomadas desde las alturas. y planos generales.

Todo ello a pesar de que ha sido una noche fría, con el viento danzando su coreografía de corrientes por los recovecos de las callejas y miradores del Casco Antiguo y manteniendo apagados durante la mitad inicial del trayecto gran parte de los cirios de los hermanos de la Vera Cruz. Unos aires a los que hay que agradecer no obstante que hayan contenido las lluvias que apuntaban las previsiones meteorológicas más agoreras y que sí que han empañado el regreso de algunas cofradías otras grandes pasionistas españolas como Sevilla y Valladolid.  Unos aires que han quedado amortiguados precisamente por la muchedumbre que ha guarecido la Plaza Mayor convirtiéndola en un microclima soportable, casi confortable.  

Los artífices de esa excepción térmica han recibido a las 22:33 horas al Cristo de la Vera Cruz. La siempre complicada salida de la Catedral ha sido un reto para los banceros, que han tenido que emplearse a fondo hasta lograr el equilibrio horizonte, con algunas instrucciones extra y urgentes del capataz. Un esfuerzo añadido y repetido para acometerse a las servidumbres de los desniveles en la calzada. 

«Querer y sentir no van siempre de la mano»

A las puertas del templo catedralicio estaba el obispo, José María Yanguas, encargado de pronunciar como es tradicional la primera de las prédicas sobre la primera palabra que Jesús pronunció en la Cruz: «Padres, perdónalos porque no saben lo que hacen». Ha remarcado el prelado que Jesús «nos ha amado, sobre todo, con su perdón» y que «amar a los demás es querer su bien, evitando hacerles cualquier mal». «Es un acto -ha destacado- que radica en la voluntad» porque «el sentimiento puede acompañar o no, hacerlo con mayor o menor intensidad». En ese sentido ha insisto que «es cierto que un sentimiento benevolente añade perfección al acto de amor, al perdón, pero, dada nuestra fragilidad, el sentimiento no obedece sin más a la voluntad». Y es que, ha sentenciado, «querer y sentir no van siempre de la mano».

Las palabras de Yanguas han sido escuchadas con ese silencio «reverente» que él también ha glosado como idiosincrasia de la procesión. Un silencio que, cuando se impone, apenas se mella en sus más absoluta pujanza con el ceremonial ritmo del tambor velado y el tañer de la campana.  Pero que se mancillaban cuando terminaba cada uno de los sermones y el Cristo avanzaba unos cuantos metros: muchos de los asistentes se administraban su chute de decibelios y conversación sin esperar a que la comitiva estuviera suficientemente alejada, con lo que el murmullo terminaba alcanzando a los que veían pasar la procesión, especialmente en enclaves como la Anteplaza.

La teología pesca con red de arrastre aprovechando el baño de multitudes

Allí, ante el convento de las Esclavas del Santísimo Sacramento (Las Blancas), ha compartido su reflexión teológica otro sacerdote, el consiliario de la hermandad, José María Martínez Cardete. «Te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el Paraíso», era el punto de partida. El ejemplo de Gestas y Dimas, mal y buen ladrón respectivamente según la tradición,  ha servido al clérigo para apelar directamente a las conciencias de los que escuchan. Y es que este no es un desfile en el que se puedan esquivar las preguntas. La teología pesca con red de arrastre aprovechando el baño de multitudes.  «También a nosotros el Señor nos hace el honor de que le acompañemos en el trance de la Cruz. Muchas veces en el camino de la vida nos alcanzan las garras del sufrimiento, y, muchas veces, también nosotros culpamos al Señor».

Entre los latines del Coro Alonso Lobo -gregoriano añorado que como otras músicas sirvió de vacuna contra la nostalgia en los años de espera, aunque fuera en el sucedáneo de las grabaciones- ha descendido el Cristo y su cofradía rumbo a San Felipe Neri. En su escueto exorno floral, como en ediciones anteriores, cardos, la flor que crece en la devastación. Insuperada metáfora de la tenaz esperanza que resistió en la pandemia. También una rosa roja en memoria de los fallecidos; de tantos, de muchos, de demasiados. 

La lista de predicadores era la misma prevista para 2020, cuando la crisis sanitaria impuso el doble parón. Aquel año interrumpido se cumplían 25 años de la fundación de esta corporación nazarena y en la elección se quiso honrar a los promotores, como Israel Casanova. Su voz se ha escuchado, imponiéndose a veces con dificultades al acople de la megafonía, meditando sobre el «Hijo, ahí tienes a tu madre» que constata el Evangelio de Juan. Lirismo, espiritualidad y humanidad condensadas en apenas unos minutos. «María no sabe aún que así se estará convirtiendo en el primer altar, en la custodia de ese cuerpo sacrificado, en el misterio propiciatorio que a todos nos será dado. Ahora, por el contrario, es la madre de una criatura que sufre, que agoniza entre atroces padecimientos sin que Ella pueda hacer nada salvo permanecer junto a Él, intentándole expresar con su mirada su inmenso amor, su consuelo, hacerle saber que está con alguien, que no va a morir en soledad y que, a pesar del lejano rumor de la multitud, de sus voces y risotadas, en su silencio la madre le va a acompañar hasta el último momento». Cómo no acordarse de tantos que murieron durante esta pandemia sin esa compañía de los seres queridos, sin ese mínimo común múltiplo de la dignidad y la misericordia.

Un viaje al pasado sin trazas de anacronismo

El grupo de banceros dirigido por Eusebio Jiménez ha trazado la entrada en la calle de El Peso con soltura y naturalidad, con energía y elegancia. También lo haría al salir y bajar por San Vicente. Antes, con San Andrés como referencia, el hermano Santiago Martínez Palomo, ha sacudido las indiferencia individuales y colectivas como el Cristo al que venera se sacude agonizante en el madero al preguntarse si el padre le abandona. «En el día a día, y más en los últimos tiempos, el ser humano se abandona, deja a los suyos, carece de valores. Se deja llevar por la desidia, por el materialismo, por la vanidad, por la mentira», ha diagnosticado. Y ha admitido en nombre de (de eso va la penitencia esencialmente, de reconocer, de saberse pecador y mejorable) «ahora contigo estamos, sí, pero te abandonamos a menudo y de nuevo te buscamos. En nuestro propio abandono te invocamos, buscando respuestas, que a veces no encontramos, pero tú sigues ahí».

El cortejo está repleto en su escenografía tenebrista y severa de guiños a otros tiempos pretéritos, a las procesiones que fueron en otras centurias. A pesar de sus evidentes hechos diferenciales respecto a otros cortejos, ha encajado muy bien en el calendario nazareno de la ciudad quizá porque al mirarlo nos reconocemos, como el que detecta unos rasgos familiares en el retrato de un ancestro al que nunca había visto. Un viaje al pasado sin trazas de anacronismo. A que la paradoja sea posible contribuyen microhomilías como la que Julio Fernández Buenache, hermano mayor presidente, ha pronunciado desde púlpito invisible y simbólico de los alrededores de El Salvador. «Tienes sed de justicia, de que las personas no sufran en muchos lugares del mundo por unas leyes injustas que les aplican sin misericordia; por unas guerras que no resuelven nada, que matan, destruyen y obligan a la gente a huir y emigrar a otras tierras, donde tampoco les tratamos con justicia, donde se les mira, por parte de algunos de nosotros, como enemigos». Inevitable no relacionar esas palabras con Ucrania y tantos jirones del atlas chamuscados de metralla y odio. «Tienes sed de solidaridad, de ayudar, de ser comprensivo con los demás, de acompañar a los ancianos que muchas veces se encuentran solos y que, como Tú, tienen la sed de que alguien les escuche, les acompañe, les ayude». Alguien, en esta Semana Santa del regreso, tenía que reivindicar a los mayores, a la generación damnificada como ninguna por las letales consecuencias de un coronavirus que se cebó con su vulnerabilidad, sí, pero también por la indiferencia, el adanismo, el egoísmo ingrato y la demografía suicida.

«Jesús ha fecundado la Creación con su sangre»

Con el acompañamiento, al igual que en todo el trayecto, de las hermandades de la Vera Cruz de Mira, Villar de Domingo García y La Peraleja, la procesión ha alcanzado ya bien pasada la medianoche la Puerta de Valencia. Mucha gente también en este punto, donde se han sumado muchos nazarenos procedentes de diferentes cenas de hermandad. Ante el convento de las Madres Concepcionistas, José Manuel Vela, otro de los hermanos fundadores, ha sido el sherpa espiritual para ascender hacia el Misterio del «Todo está cumplido». Frases profundas, densas en verdad. «Se ha consumado la promesa divina de nuestra liberación del pecado y el don de la vida eterna al precio de la vida y la sangre de Cristo, el Mesías de Dios. (…) Jesús ha bebido hasta el final su doloroso cáliz, ha fecundado la Creación con su sangre, ha dejado expedito el camino para la salvación de los hombres, no ha escatimado sacrificios, tormentos ni dolores, ha sufrido hasta lo inimaginable en su naturaleza humana, ha cumplido con creces su divina misión glorificando al Padre».

Dicen que el último tramo, el que falta hasta alcanzar San Esteban, supone una distorsión en la atmósfera de esta procesión, que la tramoya disipa el recogimiento hasta entonces mantenido. Sin embargo, en esta madrugada los metros han sido de los más silenciosos e íntimos a lo que también ha contribuido la actitud respetuosa y cómplice de los establecimientos que se ha cruzado por el camino. De ello han sido testigos Saray Portillo, teniente de alcalde del Ayuntamiento, y Juan Ignacio Cantero, representante de El Bautismo en la Junta de Cofradías, quienes han ejercido la presidencia institucional.

En el céntrico templo aguardaba el párroco, Antonio Fernández Ferrero, también vicario general de la Diócesis.  Tras una enérgica tirada final, ante él estaba la talla -una imagen del siglo XVIII de la escuela andaluza, presumiblemente cordobesa- para escuchar el último de los sermones. «Padre, en tus manos encomiendo tu espíritu». En ese Padre se ha centrado el sacerdote para subrayar que «Las manos de Dios son las manos de un Padre. No es que Dios sea un poco padre o como un padre sino que es, solo es, sobre todo Padre». Por eso, ha dicho, «Jesús muere tranquilo» frente al «pánico» que nos produce muchas veces a los seres humanos la muerte aunque «para el que cree en Dios, la muerte no es saltar en el vacío».

La imagen ha accedido al templo gracias a una exhibición de pericia entre los últimos cánticos a las 1:31 horas. El fin de otro día para la historia. 

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