Cada verano en medio del calor insoportable que mana del mar de asfalto en las grandes ciudades, Cuenca se convierte en un oasis de frescor y naturaleza. Su proximidad a grandes capitales unida a la profusión de refugios naturales dibujan un mapa contra el calor a lo largo y ancho de todo el territorio provincial. Ante un mes de junio cuyos primeros días han dejado temperaturas algo más elevadas de lo normal para la época, desde Voces de Cuenca hemos preparado un listado de cinco lugares de la provincia que son refugios naturales perfectos para combatir el calor y que son una excusa perfecta para escaparse a disfrutar del tesoro natural del territorio en este puente del Corpus para aquellos que no se hayan marchado fuera de la provincia o para aquellos que hayan venido a descubrirla.
1. La Fuente de los Tilos, el oasis verde de la hoz de Beteta
En pleno corazón del Alto Tajo conquense, la Fuente de los Tilos es uno de esos lugares que parecen diseñados para refugiarse del verano. El manantial surge entre las rocas junto al río Guadiela, rodeado por un frondoso bosque donde abundan los tilos, los fresnos, los avellanos y los pinos laricios. La temperatura suele ser notablemente más baja que en las zonas llanas de la provincia, gracias a la humedad del entorno y a la sombra permanente de la vegetación. Tras aparcar en el parking a la entrada del recurso natural y atravesar el puente hay que tomar la ruta de la izquierda, donde se atravesará el Paseo Botánico Hoz de Beteta que continúa durante casi 3 kilómetros hasta el Área Casa de la Pradera. En esta zona hay un merendero resguardado naturalmente del sol por las copas de los árboles, con mesas de piedra y madera repartidas por el área, que además se encuentra rodeada por el riachuelo improvisado que forma el agua que mana de la fuente, lo que aporta aún más frescor. Si el calor aprieta no hay opción mejor que beber agua de esta fuente, que se encuentra fresca todo el año y pertenece a la misma veta que el manantial de Solán de Cabras, situado al otro lado de la montaña en el Puente de Vadillos.
2. La laguna de El Tobar, un paisaje kárstico único de dos aguas
A escasos kilómetros de Beteta se encuentra la laguna de El Tobar, uno de los humedales más singulares de Castilla-La Mancha. El conjunto está formada por dos láminas de agua que se extienden a lo largo de 15 hectáreas y se originaron por la disolución de roca caliza hace miles de años. La laguna grande bebe de las aguas del río Masegar y de forma artificial de la presa de Santa María del Val, además presenta un fenómeno inusual de meromixis, donde dos capas de agua, una dulce y otra salada, permanecen sin mezclarse debido a sus diferentes densidades. La capa superior es alimentada por el Arroyo del Masegar y manantiales cercanos, mientras que la capa inferior presenta agua salada, resultado de filtraciones subterráneas ricas en cloruro sódico, con una concentración salina que puede llegar a triplicar la del mar. Por ende se trata de un entorno con alto valor ecológico y científico debido a esta particularidad. Hoy en día ambas láminas de agua son un refugio para numerosas especies de aves, así como para flora única, como el nenúfar blanco, que cubre las orillas con un manto de flores blancas a principios del verano cuando tiene lugar la floración. El entorno forma parte de la red de áreas recreativas habilitadas por el municipio de Beteta y constituye un agradable paseo a orillas de la zona, eso si, para aquellos que estén pensando en tomar un pequeño tentempié junto a la orilla, es necesario llevar una mesa y sillas o algún tipo de manta que permita sentarse en el suelo a descansar y reponer fuerzas.
3. La Fuente de la Pila, un rincón fresco en Tragacete
Cuenca también dibuja opciones para aquellos más urbanitas que aun así estén deseando huir del calor de las ciudades. En pleno casco urbano de Tragacete se encuentra la Fuente de la Pila, un espacio que combina patrimonio hidráulico y área de descanso. El catálogo provincial de fuentes y manantiales destaca la presencia de mesas, bancos y una zona sombreada presidida por un gran arce campestre que proporciona refugio frente al calor. Aunque se encuentra a orillas del pueblo, lo que condiciona la proliferación de vegetación, en el entorno si pueden observarse pino albar, frutales, zarzas, espinos albares, aligustres y sargas. Su ubicación facilita una parada cómoda para quienes visitan el nacimiento del Júcar o realizan rutas por el Parque Natural de la Serranía de Cuenca.
4. La Fuente de la Tía Perra, un refugio climático en Las Majadas
Esta zona de descanso tiene una ubicación privilegiadas cercana a distintos puntos de interés, como el Parque Natural del Hosquillo, Las Majadas, la ruta de senderismo de la Dehesa de los Olmos (que se inicia precisamente desde este punto) y la antigua casa forestal El Cerviñuelo, transformada en una casa rural y albergue. Además de ser una zona de sombra natural, dispone de merendero, edificio de barbacoas, fuente de agua natural no potabilizada, mesas y bancos. La zona es accesible en coche y cuenta con un amplio aparcamiento donde estacionar sin problema.
5. El Barco de Cañamares,
Junto a la archiconocida zona de baño de la Playeta de Cañamares se encuentra el área recreativa conocida como ‘El Barco’ por su particular naufragio en piedra con un área construida con esta particular forma a orillas de las aguas del Escabas tras su curso por Poyatos y Fuertescusa. El navío perpetuo tiene incluso nombre, Alonso de Ojeda, y ofrece multitud de posibilidades para jugar, subir, recorrer o esconderse que harán las delicias de los más pequeños o de los mayores con anhelo de Verano Azul y el viejo pescador retirado, Chanquete. El lugar dispone de barbacoa, mesas y sillas de piedra.













