Seis pueblos de Cuenca al borde de una autovía que justifican una parada en el viaje

Localidades conquenses junto a la A-3, A-40, A-43, AP-36 y A-31 repletas de encantos y atractivos

Para muchos, la mejor Cuenca parece empezar cuando termina la carretera rápida. Y esa es una verdad, pero una verdad a medias, porque hay muchos ejemplos de localidades con encanto que exigen dejar las vías principales y adentrarse por nacionales, autonómicas, provinciales o inclsuo por caminos y pistas. Pero no siempre es así. Hay pueblos al borde de autovías y autopistas (A-3, A-40, A-43, AP-36 y A-31, repóker de corredores) y que compatibilizan accesibilidad premium con un interesante patrimonio monumental, paisajes inesperados o una personalidad propia capaz de justificar una parada. O incluso una excursión adrede. La clave está en distinguir entre un simple lugar de paso y un pueblo que realmente merece detener o dirigir el coche. Estos seis lo consiguen sin necesidad de grandes rodeos.

Uclés, el monasterio que domina la A-3

A pocos minutos de la autovía del Este, la A-3, Uclés aparece sobre el paisaje manchego como una enorme fortaleza de piedra plateada (o dorada, según le enfoque el sol) visible desde kilómetros antes de llegar. No es casualidad: durante siglos fue uno de los grandes centros de poder de la Orden de Santiago y todavía hoy el Monasterio de Uclés sigue imponiendo la sensación de ciudadela más que de monasterio.

El edificio mezcla convento, palacio, fortaleza y mil usos históricos más. Sus patios, escaleras monumentales, fachadas y estancias platerescas, hererianas y churriguerescas explican por qué suele conocerse como “El Escorial de La Mancha”, aunque Uclés conserva un carácter mucho más áspero y fronterizo.

Merece la pena bajar también al pueblo. Las calles escalonadas, los restos de muralla y las vistas sobre el antiguo territorio santiaguista ayudan a entender que aquí hubo una auténtica capital militar y religiosa en plena meseta. Es una parada perfecta para romper el viaje Madrid-Valencia sin sentir que uno simplemente ha parado a descansar.

Alarcón, el gran desvío medieval de la A-3

Hay pocos pueblos en Castilla-La Mancha (o realmente en España) cuya silueta impacte tanto como Alarcón. El Júcar rodea casi completamente la roca sobre la que se levanta el pueblo y convierte el conjunto en una fortaleza natural de enorme fuerza visual.

El castillo, las murallas y las hoces o el aspecto pintoresco, con todo cuidado al detalle, bastarían para justificar la visita. Pero Alarcón tiene además algo poco habitual en otras latitudes: allí el patrimonio contemporáneo dialoga muy bien con el medieval. La antigua iglesia de San Juan Bautista alberga el Centro de Arte Pintura Mural de Alarcón, con los murales del pintor conquense Jesús Mateo reconocidos por la UNESCO como proyecto artístico singular. También es muy interesante la recién recuperada iglesia de Santo Domingo de Silos, de soberbia portada barroca.

La experiencia funciona especialmente bien porque todo está muy concentrado: en apenas unas horas se puede recorrer el castillo, caminar junto a la hoz, atravesar puertas medievales y entrar en un espacio de arte contemporáneo dentro de una iglesia histórica. Aunque, la verdad, el sitio reclama más que una parada, quedarse a disfrutar. Y, además, pese a su espectacularidad, Alarcón todavía conserva cierta calma fuera de grandes puentes y festivos.

San Clemente, conjunto renacentista junto a la A-43

San Clemente sorprende porque parece demasiado grande y monumental para estar tan cerca de la autovía. De las autovías. El acceso desde la A-43 (Autovía del Guadiana) o la AP-36 (Ocaña-La Roda) es inmediato, pero en cuanto se entra en el casco histórico la sensación cambia completamente: soportales, fachadas nobles, conventos y palacios convierten el pueblo en una de las localidades históricas más potentes de la provincia.

Declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1980, San Clemente conserva una enorme densidad patrimonial. La iglesia de Santiago Apóstol, de elementos renacentistas y gótico, domina el centro urbano, pero el interés está repartido por todo el pueblo: antiguos hospitales, casas solariegas, conventos y una Plaza Mayor que explica perfectamente el peso histórico que tuvo la localidad en la Mancha conquense. Cuenca además con una de las sedes de la Fundación Antonio Pérez.

Además, San Clemente funciona muy bien caminando. No es un pueblo para llegar, hacer una foto y marcharse. Lo interesante está en recorrer calles secundarias y fijarse en escudos, portadas y patios. Es probablemente la parada más ‘urbana’ y monumental de toda la lista.

Carrascosa del Campo, la iglesia inesperada de la A-40

Muchos conductores pasan junto a Carrascosa del Campo sin imaginar que el pueblo conserva una de las iglesias más monumentales de toda la comarca. Y precisamente ahí está parte del atractivo: la sorpresa. La Iglesia de la Natividad de Nuestra Señora, declarada Bien de Interés Cultural, mezcla gótico tardío y Renacimiento en un edificio enorme para el tamaño de esta localidad. Su construcción se prolongó entre finales del siglo XV y el XVI, y la tradición local vincula incluso su inauguración a Felipe II durante uno de sus desplazamientos desde Uclés.

Desde fuera, la torre domina completamente el paisaje llano de la comarca. Desde dentro sorprenden las dimensiones, las bóvedas y la sensación de estar ante un templo propio de una ciudad mucho mayor. Carrascosa, cabecera del municipio de Campos del Paraíso en las fronteras entre La Mancha y La Alcarria, esume perfectamente la lógica del interior de Cuenca: pueblos discretos que esconden patrimonio desproporcionado.

Mota del Cuervo, los molinos que vigilan la AP-36

Antes de llegar a Mota del Cuervo ya se distinguen los molinos sobre la sierra. Y eso explica buena parte las ideas-fuerza de este pueblo como destino turístico horizonte abierto, viento y paisaje manchego en estado puro. Los Molinos de viento de Mota del Cuervo forman uno de los conjuntos molineros más importantes de Castilla-La Mancha y están documentados al menos desde comienzos del siglo XVII. La serrezuela donde se levantan recibió incluso el nombre de “Balcón de La Mancha” por la amplitud del paisaje que se contempla desde allí.

Pero Mota tiene más capas de las que parece desde la carretera. El pueblo conserva tradición alfarera y cantarera, especialmente ligada al trabajo de mujeres, además de un casco urbano activo y bastante vida cotidiana durante todo el año. Es una parada muy fácil desde la AP-36 y una buena excusa en muchas rutas.

Sisante, barroco manchego junto a la A-31

Sisante no suele aparecer en las listas rápidas de pueblos turísticos de Cuenca aunque es bien interesante y fue elegido en 2023 por los lectores de VOCES DE CUENCA como el mejor pueblo de la provincia para veranear.

Muy cerca de la A-31 que lleva hacia Albacete y Alicante, el pueblo conserva un conjunto barroco sorprendentemente sólido para su tamaño. La plaza del Doctor Fernández Turégano, el Ayuntamiento histórico y sobre todo la Iglesia de Santa Catalina generan una sensación mucho más monumental de lo que uno espera antes de llegar. La iglesia, construida entre los siglos XVII y XVIII, destaca por su planta de cruz griega, sus frescos y su gran volumen sobre el caserío manchego. A ello se suma la Ermita de San Bartolomé, otro buen ejemplo del barroco popular de la comarca.

Otro de sus grandes atractivos es el Monasterio de Jesús Nazareno, donde se venera una talla homónima del siglo XVII, obra de Luisa Roldán ‘La Roldana’, escultora de cámara de Carlos II, una de las grandes joyas de la imaginería española. La custodian las Monjas Clarisas y, salvo acontecimientos muy excepcionales, solamente sale en procesión cada cien años.