Sara Águeda revive el arte de cantar y tañer

Crítica del concierto de la 63 Semana de Música Religiosa de Cuenca, Viernes Santo, 3 de abril, 2026, 12:00h en el Espacio Torner.

Belén Estival

La mañana del Viernes Santo nos regaló una propuesta especial a cargo de Sara Águeda. Varias razones han contribuido a que este evento fuera singular. La primera es la recuperación de una práctica habitual entre los intérpretes de los siglos XVI y XVII: cantar y tañer a la vez. En nuestro tiempo actual marcado por la alta especialización, este ejercicio resulta difícil de encontrar. Son pocos los intérpretes que, a nivel profesional, ofrecen este tipo de propuesta artística. Sin embargo, en el pasado, era habitual cantar acompañándose de un instrumento polifónico, como parte natural de la formación de muchos músicos renacentistas.

Esta praxis interpretativa se dio en distintos ámbitos de la vida musical de los siglos XVI y XVII. Tuvo especial relevancia en el teatro del Siglo de Oro español, donde la presencia de actores-músicos, que cantaban y tocaban a la vez, era esencial. Quizá por esta razón, Águeda diseñó su programa como una escenificación de la biografía del rey David. El recital representó algunos de los momentos más importantes de la vida del cantor-arpista: desde su elección divina, pasando por la muerte de su hijo Absalón y hasta la coronación de Salomón como nuevo rey de Israel. Las vicisitudes de David han inspirado a generaciones de artistas que han recreado su victoria frente a Goliat o la desgraciada muerte de su tercer hijo. Con este impulso dramático, la arpista asignó cada una de las piezas a un momento significativo de su existencia.

Para su narración, Águeda escogió un repertorio procedente de la cuerda pulsada y de la tecla, que en la época admitía la traslación de obras al arpa. Así, lo declaraban los tratados instrumentales del siglo XVI que han llegado hasta nosotros; la Música para tecla, harpa o vihuela respondió a la polivalencia de este repertorio y a la capacidad de quienes sabían tañer varios instrumentos. De la literatura de la vihuela, Águeda seleccionó el bellísimo romance bíblico Triste estaba el rey David de Alonso Mudarra (c. 1510-1580), músico de los duques del Infantado de Guadalajara. La admiración de este vihuelista por el arpa quedó representada en la mañana de este Viernes Santo con la interpretación de su Fantasia X. En esta pieza, Mudarra trató de recrear el sonido del arpa a través de la vihuela, rindiendo homenaje a Ludovico: uno de los intérpretes más destacados de la corte de Fernando el Católico. La adaptación que Águeda realizó de esta obra produjo una escucha estimulante, ya que es una de las piezas más transitadas por guitarristas y vihuelistas modernos, pero que rara vez se puede escuchar en un arpa renacentista de dos órdenes.

La arpista incluyó también piezas de Juan del Encina (1468-1529), que se encuentran entre las más divulgadas de este autor y del Cancionero Musical de Palacio. La versión con la voz superior en el canto, y el resto de la polifonía en las cuerdas propició una comprensión del texto que las hizo parecer nuevas frente a versiones corales por todos conocidas. Uno de los momentos más evocadores del programa fue la interpretación de Dindirindin, pieza polifónica anónima del citado cancionero. En ella, el acompañamiento del arpa fue sustituido por un carillón de tres campanas afinadas, que sostuvo la voz de una Betsabé, mujer casada, ante los requerimientos amorosos del rey David. Los momentos triunfales de David fueron ambientados mediante danzas, solos instrumentales anónimos y piezas del guitarrista Lucas Ruiz de Ribayaz (1626-1667), que, intercaladas a lo largo del recital, crearon un contrapunto festivo. Águeda posee, además, un excelente dominio de la dinámica, lo que favoreció la creación de ambientes diversos: bucólicos, sentimentales o triunfales. El equilibrio entre piezas y movimientos diversos contribuyó a dar fluidez a la narrativa musical ideada por Águeda.

Una de las maravillas de acudir a un concierto en directo es poder apreciar las características organológicas y la forma de producir el sonido de cada instrumento. En este caso, más aún, pues no todos los días se puede ver a una intérprete cantar acompañándose de un arpa del Renacimiento. La acústica del Espacio Torner favoreció la escucha del arpa de Águeda, reconstrucción inspirada en el modelo de Juan López de Toledo (siglo XVII). Como demostró Águeda, a través del repertorio escogido, se usó tanto en el contexto religioso como en el profano. Pudimos escuchar, su extenso ámbito y su dulzura lo que hacen de él un instrumento perfecto para el acompañamiento de la voz.

El conjunto presentado por Águeda resultó atractivo y estimulante. Su capacidad de unir la imaginación escénica con la comunicación directa con el público fueron sus mayores logros. Los fervorosos aplausos del auditorio fueron recompensados con una canción sefardí, fuera de programa, en la que Águeda intercaló un poema de Alberti sobre la paz, recogiendo así el lema de la 63ª. edición de la SMR.

El Arpa del Rey David supone otra recuperación de la Semana de Música Religiosa de Cuenca 2026. En este caso, no de repertorio sino de una práctica interpretativa del Renacimiento hispánico que tuvo como protagonistas a las cantoras y tañedoras del pasado. A través de una fantasía musical históricamente documentada, Águeda visibilizó un mundo de mujeres artistas y una forma de interpretar en la que la voz y el instrumento se fundían en un solo gesto escénico.