«La conexión que siento con Cuenca es cada vez más propia, más elegida, y no solo por haber nacido allí»

Entrevista a la cantante y compositora conquense Marilia Andrés (de Ella Baila Sola), que será reconocida como hija predilecta de la región este domingo.

Antes de Spotify y de las listas de reproducción, antes de que todo estuviera a golpe de clic y cuando el gurú musical era el locutor de la radio, Marilia Andrés compuso música para permanecer. A finales de la década de los 90, decenas de miles de españoles lloraban con su ‘Lo echamos a suertes’ que se convirtió en una elegía contemporánea al amor que se está rompiendo. Tres décadas después su voz sigue sonando con la misma honestidad con la que habló de «amores de barra», mujeres que rompían moldes y sapos que podían bailar flamenco. Este domingo, la artista conquense va a ser reconocida como Hija Predilecta de Castilla-La Mancha en su Cuenca natal, que acoge este 2026 el acto institucional del Día de la Región. Un homenaje que devuelve a su tierra a una creadora que convirtió emociones cotidianas en himnos inolvidables. En esta entrevista para Voces de Cuenca, conversamos con Marilia sin tapujos sobre música, raíces y el paso del tiempo; sobre lo que permanece cuando las canciones siguen encontrando refugio en nuevas generaciones y sobre la importancia que tiene la cultura como generadora de identidad y en la lucha contra la despoblación.

Cuando uno habla de herencias suele pensar en casas, fotografías o apellidos; en su caso da la sensación de que también se ha heredado una forma de mirar el mundo a través del arte. ¿De qué manera han influido esas raíces familiares en su forma de entender la música?

Supongo que te refieres a mi bisabuelo, Julio Casares Sánchez, que fue músico y creador del primer diccionario ideológico de la lengua española, y a mi tío Cristian Casares, que formó parte del grupo Los Goliardos como actor y luego fundó la compañía Los Cómicos de la Carreta, pero en mi familia ha habido más artistas. Mi abuela que fue pintora de arte abstracto, en una época en la que las mujeres no pintaban nada. Todos ellos vivieron en Cuenca y aquí fue donde se conocieron mis padres, por lo que siento que siempre ha habido una conexión fuerte con la tierra, con mi familia y siempre ha sido una influencia y un aprendizaje. Pero también el camino que he hecho en lo musical y al componer canciones no tenía antecedentes en la familia. Es un honor haberlo podido hacer y seguir haciéndolo después de 30 años, sobre todo seguir componiendo canciones, que es lo que más me importa.

Aunque nace en Cuenca, se traslada a Madrid siendo muy joven con su familia. ¿Cómo pueden verse esos orígenes conquenses en su música? ¿Qué es exactamente lo que le inspira de esta tierra con la que siente esa conexión que comentaba?

Creo que todo lo que vivimos de pequeños es importante y nos lo llevamos donde vayamos, de manera más inconsciente que consciente muchas veces. No se decir exactamente qué es lo que me inspira de Cuenca, pero cada vez que he tenido oportunidad de volver de mayor siento un orgullo tremendo y siempre me sorprende la belleza que tiene la parte antigua, su magia inexplicable. Creo que nos inspira quizá más como adultos, mientras que como niños nos permite ir creando recuerdos y es un honor estar conectada a esa tierra. Tengo muy presentes a mis abuelas, sus casas, las visitas en verano, el tiempo en familia allí merendando o una tarde debajo de un árbol. Todo eso que para mi es maravilloso y a lo que le tengo un cariño inmenso ocurrió en Cuenca cuando era muy niña y he vuelto como adulta por decisión propia y porque me gusta volver de vez en cuando y reconectar.

Seguramente esa conexión esté en mi música, porque donde vivimos influye al igual que lo hacen la cultura o la familia. No te sé decir de qué manera, pero está en todo. De hecho, yo elegí cantar mi música en castellano aunque soy bilingüe y me encanta el inglés, pero siempre he querido componer en castellano y transmitir en nuestro idioma, que tiene una riqueza enorme. Eso ya es un comienzo que marca mucho, porque las palabras, cuando has crecido con ellas, significan algo que está arraigado en ti, que está arraigado en tu ADN, y cuando cantas otro idioma hay una conexión diferente, quizá más leve. La conexión que siento es cada vez más propia, más elegida y no solo por haber nacido allí.

¿Podría recomendar cinco lugares de Cuenca que le inspiren especialmente o le sugieran algo creativamente como artista?

Te diría la vista desde El Parador hacia la ciudad, hacia las Casas Colgadas, con el Puente San Pablo, porque el ángulo desde ahí me parece una belleza. Te diría la Posada de San José, que es uno de mis lugares favoritos, tanto el hotel como el restaurante, y la zona del Castillo. Es imposible irse de Cuenca sin pasear por esta zona, y si puedes recomendaría tomar algo arriba y bajar caminando por las callejuelas, porque para mi lo más bonito es callejear. En último lugar también me gustaría nombrar la tienda de cerámica de Fernando Alcalde, un artesano que tiene su tienda en la calle Alfonso VIII y que es una belleza lo que hace. Tiene un estilo muy personal, con ciertas influencias japonesas, y meterte en su tienda es como meterte en un oasis de belleza también.

«Todas las canciones han tenido algo de sanador al hacerlas y que al terminarlas también he sentido ese deseo de que puedan ayudar a alguien».

Sus canciones conectan desde un lugar muy íntimo, ¿qué emociones son más recurrentes en sus composiciones últimamente? ¿Cómo ha cambiado ese viaje emocional que hace a través de su música desde que empezó a componer?

Te agradezco la pregunta porque es verdad que hay una evolución y un camino que hacemos y el punto de vista o los temas van variando. Pero yo siento que hay una conexión con las canciones de siempre, hasta hoy, hasta este último disco, Bailar Conmigo. En directo suena increíble tocar las canciones de siempre hasta hoy, desde Ella Baila Sola e incluir alguna del último disco y ver que encajan perfectamente, porque es una evolución como autora y como cantante. Hay un tema que es la búsqueda de la libertad, que quizá era desde un enfoque diferente hace tiempo y ahora siento que se va abriendo la manera de transmitirla y que está en todas las canciones del último disco. De alguna manera es esa búsqueda de conocerse a uno mismo, de reivindicarse en la búsqueda del yo.

Hay frases de algunas canciones que lo volcaban fuera y otras canciones desde dentro porque la libertad empieza dentro de uno mismo. Creo que también es un viaje y una evolución llegar a esas canciones de hoy que hablan más de la conquista de uno mismo y de esa libertad desde dentro, desde el corazón y desde quererte a ti para querer a los demás, bailar conmigo para bailar mejor contigo, quererme a mí para querer mejor al otro. Mujer florero puede ser, por ejemplo, una mirada complementaria a esta, una forma irónica de revisar la mirada de la sociedad a la mujer; esa canción está hecha desde el respeto a nuestras abuelas, pero también observando cómo el mundo intenta meter a todas las mujeres en el mismo molde. Creo que esa búsqueda de libertad, de aprendizaje y de querer ser uno mismo y sigue en muchos de mus temas pero con una sutileza mayor que me ha regalado la experiencia. Así es como yo humildemente lo siento y espero que así también puedan verlo los demás o llegarlo a sentir en algún momento.

¿Hay alguna de sus canciones que podamos decir que haya sido casi una catarsis, una forma de sanar?

Yo creo que todas. Todas tienen algo especialmente necesario y más aún cuando siento que escribo una canción que puede llegar al otro y me deja esa sensación de haber escrito algo que tiene magia. Creo que esta profesión para mí es posible porque necesito expresar a través de la música cosas que no expreso de otro modo y comunicar con los demás. Te diría que todas las canciones han tenido algo de sanador al hacerlas y que al terminarlas también he sentido ese deseo de que puedan ayudar a alguien, que puedan acompañar a alguien o conectar con alguien. Desde Cuando los sapos bailan flamenco hasta Mujer Florero, y hoy en día Te estamos esperando, Una cueva en el invierno o Mi dragón, que habla de la fuerza interior que todos tenemos y a veces olvidamos. También está Hay un ángel en mi habitación, que habla de que no estamos solos nunca, siempre podemos pedir ayuda y agradece a todas las personas, los ángeles que nos acompañan, visibles e invisibles. Con todo eso creo que en mi música actual también hay una parte de agradecimiento. Considero que como artista la mirada se va ampliando poco a poco con el tiempo.

Marilia Andres. FOTO: Miguel Paubel
¿Qué diferencia hay entre la Marilia que compone y la que sube al escenario?

Qué bonita es esta pregunta. En realidad son la misma persona y simplemente son herramientas distintas para transmitir. El escenario te da unas herramientas y componer otras. La primera vez que me subí al escenario estaba temblando. Expresar en un escenario es diferente a expresar sola en tu casa con un papel y un boli, porque lo que te rodea es distinto aunque seas la misma persona. De hecho son dos profesiones enteras y dos caminos llenos de matices y de evolución. Esto es precioso, pero para mi el escenario existe porque existe el componer.

Lo más importante para mi es escribir canciones, aunque poder compartir en directo lo que has compuesto es un regalo y es una bendición. Es para mi un honor que la gente elija venir a verme a un concierto y que con todas las propuestas que hay estén allí conmigo. Por eso cuido muchísimo la calidad del directo, los músicos y el show para que todos lo disfrutemos. Entonces, crear es intimidad y cantar es compartir con el otro de la mejor manera que puedes.

¿Qué busca que ocurra en un concierto más allá de lo musical?

La música tiene mucho, la música es mucho, la música nos está ofreciendo un espacio para conectar, es un lenguaje del alma que nos permite sentir antes de pensar. Hay gente que viene a un concierto y que no sabe si le va a gustar o no y de repente te dejas llevar o sientes algo que te sorprende. Siento que hay una parte misteriosa en los conciertos sobre lo que ocurre en cada uno y que no puedes prever. Hay algo muy mágico, porque yo veo un concierto como un encuentro con los demás y como un regalo. Entonces, esas canciones que escuchamos, que a lo mejor hemos escuchado en muchas situaciones antes en nuestra vida, nos llevan a conectar con nosotros mismos, con una parte de nosotros que a lo mejor ese día habías olvidado o hacía mucho que no recordabas. Para empezar, un concierto es un encuentro con uno mismo, con lo que te gusta y con lo que no, con lo que te recuerda algo y lo que te sugiere. Un concierto es algo que está vivo y no hay una noche igual a otra, por lo que te diría también que es un lienzo en blanco para que lo vivamos y lo sintamos.

Comentaba que hay muchas opciones entre las que escoger actualmente, ¿siente que la industria musical deja espacio suficiente para proyectos honestos y personales en la línea en la que trabaja usted?

Te agradezco un montón esta descripción, la verdad que lo hago con todo el cariño y lo hago desde ese lugar de amor a mi profesión, a la gente y a compartir lo mejor en cada momento. Siento que cuando estamos en medio de un cambio, estar dentro te impide ver a veces hacia dónde va. A cada generación nos ha tocado vivir un cambio, a unas más fuerte que a otras y ahora mismo siento efectivamente que ha cambiado todo mucho y hay muchísimas propuestas, por eso valoro muchísimo cuando la gente viene a verme. También creo que nosotros somos los que decidimos que escuchar, podemos escuchar muchos estilos distintos pero puede haber un lugar para todos y que el público decida.

Sin embargo actualmente estamos muy influenciados en la mayoría porque porque nos están bombardeando con mensajes todo el día y a lo mejor hay una tendencia general o mayoritaria. Si entras en un establecimiento hay música, si entras en algún comercio o en algún lugar también la hay y no la has elegido tú, evidentemente. Pero siento que podemos elegir y que eso también es precioso porque nos permite tomar la decisión de aportar o no un espacio a cada propuesta dentro de la industria musical.

«Creo que es básico que en cada comunidad autónoma, en cada zona, haya conciertos, de modo que cada población pueda disfrutar la cultura sin necesidad de irse a una ciudad más grande».

A raíz de esa influencia de consumo que menciona, no es un secreto para nadie que parte de ese bombardeo nace con las redes sociales y los fenómenos virales, que aunque crecen rápido también mueren con la misma celeridad. ¿Considera en este contexto que todavía existen canciones capaces de acompañar la vida de las personas durante años?

Yo escribo desde ese lugar. La verdad es que hay muchas maneras, infinitas y todas válidas, de componer y compartir música. Hay una manera que te lleva a un proceso de elaboración, como es el hacer un disco entero con sus canciones, la parte musical, diseñarlo con tiempo, y todo eso requiere mucho tiempo, paciencia y un trabajo del día a día que no es exactamente hacer la canción en una tarde o una semana. Aunque todas las formas de crear son válidas, creo que hay sitio para valorar lo artesano. En realidad creo que cuanto más nos vamos al inmediato y a lo tecnológico, más valor tiene lo que viene del alma, lo que lleva un tiempo. Espero sinceramente que lo cuidemos y que no lo perdamos porque tiene mucho más valor frente a la tecnología sin que el ser humano de un paso al lado.

Cuenca tiene una conexión muy fuerte con la música en directo y los festivales de índole cultural. ¿Qué valor tienen para usted como artista esos conciertos en ciudades medianas o pequeñas como la nuestra?

Muchísimo. Creo que es básico que en cada comunidad autónoma, en cada zona, haya conciertos, de modo que cada población pueda disfrutar la cultura sin necesidad de irse a una ciudad más grande. Me parece que es una iniciativa preciosa y que la cultura es de todos, la música es de todos. Las personas que hacen posible que ocurran esos conciertos, esos festivales, tienen muchísimo valor porque no creo que sea sencillo tampoco mantener todas las exigencias burocráticas que se nos exigen en cada área. Tiene mucho mérito y yo lo valoro muchísimo.

Además creo que la cultura se está equilibrando también los carteles en cuanto a figuras femeninas y masculinas y me parece interesante que puedan llegar esas voces a todas partes. De este modo podremos disfrutar de diferentes estilos de música y diferentes artistas que conectan con diversas generaciones. A mi me está pasando que a mis conciertos vienen hijas con sus padres, vienen amigos del colegio, grupos de gente que ha compartido etapas juntos y que no necesariamente pertenecen a un solo sector. De hecho hay gente joven también que está descubriendo mi música. El camino se va haciendo y veremos dónde nos lleva, pero es maravilloso que la música pueda seguir llegando a todo el mundo cada vez más.

La cultura local muchas veces sobrevive gracias a esos pequeños espacios, a esas asociaciones y medios de proximidad. ¿Siente que ese tejido cultural sigue siendo esencial para el mundo de la música?

Si, siento que es muy necesario. He hecho conciertos muy diferentes, algunos de muchísima gente, miles de personas y he ido también a centros culturales. Hay un intercambio tan valioso y nos aporta a todos una riqueza inmensa, tanto a mi al ir a tocar como al revés. Para mi eso es precisamente lo que promueve la música, la cultura, el arte y el teatro. Siempre hemos tenido esa parte, esa vocación de nómada, de vivo en la carretera, para compartir precisamente con los demás y mirarnos a la cara. Entonces, para mi tiene mucho sentido hacer diferentes conciertos y mezclar esos conciertos más grandes con conciertos más íntimos, más cercanos, en los que nos podemos mirar.

El resultado y las personas que conoces, lo que aportas a la vida del otro en persona es mucho mayor, o por lo menos diferente. Para mi alcanza otro nivel diferente al disco. Está genial que puedas escuchar un disco en tu casa, pero la experiencia de conocer al otro, lo que te transmite, es una riqueza y una sutileza también muy necesaria que ocurre en el momento de vivir en persona ese acto cultural. Considero que es muy útil a muchos niveles y que nos une de una manera muy hermosa.

Marilia Andres. FOTO: Miguel Paubel
En su opinión, ¿puede ayudar la música a mantener viva la identidad cultural propia de cada territorio?

Absolutamente, creo que las artes como la música o el cine nos recuerdan de dónde venimos y eso nos da también una base desde donde partir y honrar a los que estuvieron antes, pero también seguir evolucionando. Lo veo imprescindible, de hecho yo no podría hacer lo que hago si no hubiera habido tantas personas que no han hecho antes aunque las haya escuchado o no, porque hay personas que yo he descubierto siendo más mayor y sin embargo, lo que ellos han hecho ya ha modificado, ya ha abierto caminos. Siento que es importante valorar que somos un granito de arena en ese camino y que por mucho que tengamos ese éxito sintamos el éxito, que hemos inventado el cocido, no es así.

Llevamos mucho tiempo y gracias a mucha gente estamos construyendo camino, ojalá hacia mejor, y tenemos que seguir escuchándonos unos a otros. Todo lo que ha venido antes se ha sumado, aunque no sea cien por cien lo que hoy encaja, pero creo que cada persona ha aportado algo. Creo que ahora es un momento maravilloso para valorar, coger lo bueno de lo que fue y a crear algo propio nuevo.

Triunfa en el mundo de la música muy joven, ¿que venía a aportar al mundo musical en un momento de eclosión cultural como fueron los últimos años de la década de los 90?

En ese momento había muchas artistas, muchas mujeres que habían abierto camino y que habían hecho maravillas como Mari Trini, Rocío Jurado o Cecilia, cantautoras y voces maravillosas. Lo que ocurrió es que cuando la gente empezó a escuchar nuestras canciones en la radio, se empezó a identificar y pedía que las pusieran más y más. De hecho, en uno de los primeros conciertos en Madrid hubo un sold out tan grande que hicimos un segundo concierto sin haberlo anunciado y tuvimos que hacer dos pases. Creo que la gente respondió así porque era algo nuevo que se estaba aportando, una frescura nueva, un punto de vista nuevo. En aquel momento la gente conectaba con canciones con las que se identificaba y que sentía cercanas, con un punto de vista femenino que a lo mejor no era tan habitual hasta entonces, y la industria se dio cuenta de pronto que un grupo de chicas vendía entradas y por eso prestó atención. Pero realmente fue el público el que eligió y fueron esas canciones que hicieron su magia, esa conexión tan maravillosa y tan especial que es lo que me ha traído aquí en realidad.

Amores de barra o Lo echamos a suertes son canciones inolvidables que ya forman parte del imaginario colectivo. Solemos decir que cuesta mucho llegar a ese punto pero, ¿qué pasa después del éxito? ¿Es difícil volver a sonar para no ser estrella de un día cuando uno lo alcanza?

La verdad que eso yo no me lo he planteado nunca, pero se agradece muchísimo cuando has escrito canciones en casa de tus padres. y las has hecho de la manera más natural posible. Cuando los sapos bailen flamenco, Lo echamos a suertes, Amores de barra, Mujer florero…es una experiencia bellísima ver que de repente la gente conecta tanto y que puedes cantarlas con ellos en directo. Eso es lo que te permite convertir un hobby en una profesión. Una vez alcanzas el éxito no deja de ser un aprendizaje, comienza un camino, y te diría que todas las etapas del camino son necesarias. Este trabajo tiene algo especial y es que cuando tú decides hacer esta profesión, todos los que la hacemos tenemos la certeza de que es una montaña rusa. Yo soy la misma persona en todas las etapas, pero lo que cambia es lo de fuera y eso es algo que yo no puedo controlar. Aunque no sé lo que va a pasar ajeno a mi yo se que soy la misma.

Te diría que en todas las profesiones y en la vida es necesario vivirlo todo: el camino, lo que te toca aprender cuando todo brilla, lo que te toca aprender cuando te parece que todo no va tan bien como te gustaría, pero luego resulta que era necesario para aprender cosas también porque luego vuelve a subir y tú tienes que ir avanzando como persona y siendo mejor. Todo el camino luego tiene sentido aunque no lo entendamos en el momento. En los momentos más difíciles parece que no tiene sentido realmente y la vida no es fácil siempre, pero creo que hay belleza en cada momento y siempre hay algo que aprender y que te puede hacer más fuerte. Completar el aprendizaje es el momento más dulce, pero tampoco sería real que se mantuviera todo el tiempo estático, porque la vida es movimiento.

En estos treinta años de carrera, ¿hay alguna historia de algún fan, de alguna persona que haya ido a alguno de sus conciertos que le haya marcado especialmente?

Hay muchas. Conozco a gente que viene a todos los conciertos, que les tengo muchísimo cariño y prácticamente las considero amigas. Es difícil quedarme con un solo momento con alguien que haya venido a mis conciertos, en general siempre ha sido especial cuando me han hecho partícipe de su vida de alguna manera. Una vez me pidieron que ayudase a pedir matrimonio con un vídeo y me acuerdo que lo pasé fatal porque yo no sabía si nos habían dicho que si o que no. Cuando ocurren este tipo de cosas siento que la gente sigue teniendo una conexión especial conmigo. Si han conectado con alguna canción que haya cantado, que haya escrito, hay algo que nos une ya.

También es maravilloso contar con esa gente que viene a todos los conciertos, porque nos vamos viendo a lo largo del año varias veces, sé de su familia, qué tal están o cómo están sus hijos. Algunas veces hemos hecho conciertos privados y también ha sido una preciosidad. Es una relación que me gusta mantener y cuidar y creo que ellos lo sienten así. Hay mucha gente muy especial y que esta profesión tan bonita te lleva a tener una conexión atemporal con la gente y que no es una relación fan necesariamente, que te conoce y es un regalo que vengan a los conciertos.

«Me emocionó mucho el reconocimiento y que fuera en Cuenca, un día tan perfecto y tan bonito, fue como recibir un abrazo por teléfono».

Me gustaría que nos centráramos en la separación de Ella baila sola, ¿cómo vivió ese momento de separación y de tomar la decisión de separarse de quien había sido su otra mitad musical, Marta Botía?

Bueno, fue la evolución de la vida. Hicimos lo que teníamos que hacer en ese momento. Es una etapa que está en la memoria y en el corazón de todos. Y en ese momento hicimos lo que teníamos que hacer, nada más.

¿En qué momento vital y artístico llega Marilia Andrés? ¿Está descubriendo de si misma algo diferente en esta etapa de su carrera?

Si, la vida es constante movimiento, estoy aprendiendo mucho también por las experiencias tan bonitas que están pasando este año. Este reconocimiento, entre otras, el celebrar este 30 aniversario en la música y recibir el cariño de la gente. Hay algo muy lindo que está más allá de las cifras, de los números y de todo lo que se supone que nos tiene que preocupar hoy. El cariño es un impulso enorme y este año estoy recibiendo un abrazo enorme de la gente y muchas fechas para tocar, que es la ilusión también de seguir tocando en directo, viéndonos y poder recorrer España y Latinoamérica. Celebro este 30 aniversario de canciones compartidas y cantadas desde el corazón en un viaje del pasado al futuro.

En este momento tan dulce de su carrera, ¿qué cosas le ayudan a mantener los pies en la tierra?

Siempre han sido mis amigos, mis amigas y mi familia. En etapas, depende de la etapa, ha sido más importante. una mirada u otra o una experiencia u otra, pero sí te diría que la amistad es muy importante y de hecho es parte de quién soy, las personas con las que he coincidido y que forman parte de mi vida para siempre.

¿Cómo recibió la noticia del reconocimiento? ¿Cómo y cuándo se la dieron?

Estaba en mi casa, en Madrid, y de pronto recibí una llamada del consejero de Educación, Cultura y Deportes de Castilla-La Mancha, Amador Pastor Noheda. Me quedé helada en la silla y pensé que se habrían equivocado. La verdad es que me sorprendió y me quedé pensando en la parte práctica para saber qué tendría en la agenda y si podría ir ese día. Entonces me puse a buscar y deseaba que el día estuviese despejado para poder vivir esa experiencia tan bonita. Porque había que vivirlo en persona y más en Cuenca, que me pareció el colmo. Me emocionó mucho el reconocimiento y que fuera en Cuenca, un día tan perfecto y tan bonito, fue como recibir un abrazo por teléfono.

El pensar que se habían acordado de mí, que habían visto el camino hasta hoy y que aprecian la artesanía y el camino de hacer canciones populares que nos unen. Creo que el mayor regalo es que se haya valorado esa trayectoria y esas canciones que siguen sonando y que siguen uniéndonos. Y bueno, también es una oportunidad más para celebrar este 30 aniversario, porque nada me haría más ilusión que celebrarlo con conciertos en Cuenca. Hay varias opciones y estoy deseando que aterricen conciertos allí, pero todavía no tengo fecha. Para poder consultar las fechas que ya tenemos está nuestra web (Marilia.es) y en mi Instagram (@mariliamusica), donde yo voy actualizando porque esta gira se alargará el año que viene.

Para concluir me gustaría invitarle a tener un momento de reflexión y casi de intimidad para que nos confiese si tiene alguna conversación pendiente consigo misma a través de la música.

Tengo muchas conversaciones pendientes conmigo, de hecho lo bonito es no adelantarse a la conversación pendiente. Todo llega cuando tiene que llegar, y esto es como pelar una cebolla. Primero escribes sobre una cosa, luego sobre otra, y cuando vas estando preparada para otros temas o para otras conversaciones llega el momento. Por eso es tan bonito para mí seguir escribiendo y compartiendo. Porque siempre hay algo por contar y una conversación. pendiente que vale la pena compartir.