La primera de las procesiones del Viernes Santo en Cuenca comienza a las 5:30 horas de la mañana en la iglesia de El Salvador. Desde allí saldrán, precedidas de Las Turbas, todas las imágenes que la componen: Jesús Nazareno de El Salvador, La Caída, San Juan Apóstol Evangelista, El Encuentro y Nuestra Señora de la Soledad de San Agustín.
Tambores y clarines dominan sonoramente una jornada en la que los hermanos de la Soledad encenderán la fragua de general Santa Coloma y, entre metales y voces, regalarán a la Madre un motete. La Asociación Musical La Concepción (Horcajo de Santiago) acompañará a San Juan Evangelista y La Juvenil Filarmónica de Villamayor de Santiago hará lo propio con Nuestra Señora de la Soledad de San Agustín. Además, el Coro del Conservatorio de Cuenca cantará desde San Felipe Neri el Miserere y el Stabat Mater a los pasos.
Ese, el Miserere, es uno de los grandes momentos de una jornada que acumula mucho de ellos, como la clariná en Palafox y el ascenso por la Curvas de la Audiencia, la llegada a la Plaza Mayor y el abrumador silencio para la Madre o la intensa despedida, toda una catarsis. Pero cualquier punto del recorrido merece la pena.
El paso de La Caída estrena un nuevo paño pintado por Ana Isabel Martínez y la Soledad un pasador para el cíngulo en plata dorada donado por un hermano. La hermandad de San Juan Evangelista estrena un valioso Libro del Evangelio, un volumen de guardas de madera forradas de terciopelo granate de seda, con aplicaciones de orfebrería en metal plateado diseñadas por Industrias Élite (Sevilla). Contiene el Evangelio, las Cartas y el Apocalipsis. El conjunto lo preside un capillo de capa pluvial del siglo XVIII que ha sido traspasado por el taller de bordado de la Virgen de la Esperanza. Fue una donación del José Ignacio Albentosa Hernández, hermano de la cofradía y pregonero de la Semana Santa en 2005, quien falleció el pasado 28 de mayo.











