En la provincia de Cuenca todavía es posible dormir en pueblos donde viven menos personas de las que cabrían en un autobús urbano. Lugares diminutos en lo demográfico, algunos casi escondidos entre montañas o carreteras secundarias, que han conseguido mantener abierta una casa rural pese a la pérdida constante de población.
No son destinos preparados para grandes escapadas de moda ni pueblos convertidos en parques temáticos del turismo rural y precisamente ahí reside parte de su atractivo. En muchos casos, el alojamiento ocupa antiguas casas familiares rehabilitadas y funciona casi como una forma de resistencia silenciosa: una manera de seguir dando vida a municipios que hace décadas parecían condenados a desaparecer del mapa cotidiano. Dormir en ellos significa aceptar otra escala. Menos ruido, menos horarios, menos cobertura a veces. Pero también más cielo, más distancia y una sensación de estar realmente lejos, pero al a vez muy cerca, en una España supuestamente vacía o vaciada, pero muy capaz de llenar al viajero. Cinco municipios conquenses con menos de 50 habitantes que cuentan con casa rural.
Arandilla del Arroyo, 14 habitantes junto al Guadiela
Arandilla del Arroyo, en la Alcarria conquense y cerca del embalse de Buendía, figura actualmente entre los municipios menos poblados de toda Castilla-La Mancha, con apenas 14 habitantes censados. Pero aun así mantiene alojamientos rurales. La referencia más conocida es la Casa Rural La Antigua Herrería que, como su nombre indica, está instalada en una antigua herrería rehabilitada y orientada especialmente a grupos y escapadas tranquilas.
Posee una pequeña pero coqueta iglesia de origen románico, aunque el principal atractivo del caserón es el ambiente el entono. El paisaje del valle Guadiela, los caminos alcarreños, los bosques y la cercanía del agua generan una sensación de aislamiento suave. Es un territorio propicio para practicar deportes de aventuras y un lugar donde el reloj, si se quiere, va más despacio.
Rozalén del Monte, experiencia manchega
En plena Mancha Alta conquense, a seis kilómetros de Uclés y su majestuoso Monasterio y 20 de Tarancón, se encuentra Rozalén del Monte. Campos de cultivo abiertos y caminos rurales marcan la atmósfera de este pequeño pueblo con 48 empadronados. Muy cerca nace el río Bedija, cuyas orillas y alrededores han sido siempre una referencia paisajística en la zona, un lugar de paseo y de disfrute. La importancia del elemento hídrico han marcado la historia de la zona. Allí se encuentra la Casa Rural El Almendro, con un jardín de 1.00 metros cuadrados.
Poyatos apenas supera el medio centenar de habitantes y pertenece a esa Serranía de Cuenca donde el paisaje sigue teniendo una escala casi intacta. Rodeado de pinares, barrancos y montes de gran densidad forestal, el pueblo mantiene varios alojamientos rurales orientados sobre todo a escapadas de naturaleza y senderismo.
Su ubicación es uno de sus grandes valores. Desde aquí resulta fácil acceder a espacios como Hoz de Beteta, Fuertescusa, Cañizares o distintos tramos del Alto Tajo conquense, pero sin la presión turística de otros núcleos más conocidos.
Poyatos, Serranía espectacular
Poyatos supera por poco los 72 habitantes y pertenece a esa Serranía de Cuenca que asombra y abruma. El pueblo es uno de los más hermosos del territorio provincial: está declarado conjunto histórico-artístico, conserva restos medievales y de la antigüedad y salvaguarda en sus calles parte de la arquitectura popuñar serrana. Pero, no obstante, su gran baza es la naturaleza. Rodeado de pinares, barrancos y montes de gran densidad forestal, el pueblo permite alojarse en lugares como El Mirador de Poyatos, complejos de apartamentos orientados sobre todo a escapadas de naturaleza y senderismo.
Su ubicación es otro de sus grandes valores. Desde aquí se pueden organizar estratégicas visitas a espacios como el Nacimiento del Río Cuervo, el Monumento a la Madera, Lagunillos o Los Callejones de Las Majadas. Y casacadas y pozas del río Escabas, siempre frío, siempre orfebre de la roca. Poyatos funciona especialmente bien para quienes buscan montaña, silencio y sensación de desconexión real.
Fuertescusa, bendecida por el Escabas
Fuertescusa, con algo menos de siete decenas de habitantes, ocupa una posición privilegiada entre algunas de las zonas más espectaculares y menos masificadas de la Serranía conquense. El río Escabas articula buena parte del paisaje local, rodeado de pinares, formaciones calizas y pequeñas hoces que convierten el entorno en un territorio especialmente atractivo para senderismo, fotografía de naturaleza y escapadas tranquilas. Establecimientos como La Cabaña de San Juan o la Plaza Grande se erigen como atractivas opciones.
Además, conserva una imagen muy coherente con el paisaje: arquitectura serrana sencilla, calles tranquilas y una relación directa con el monte. Pertenece a esa Cuenca donde todavía es posible caminar kilómetros escuchando únicamente agua, viento y bosque.
Zafra de Záncara, pintoresco rincón junto a la A-3 y oferta seitai
Zafra de Záncara, con sus 92 habitantes y junto a la autovía A-3, tiene fama por su buena gastronomía y oferta hostelera, que justifica más de una parada y un desvío en el tránsito entre Madrid y la Comunidad Valenciana. Pero es también un buen lugar donde disfrutar de una interesante escapada rural bien comunicada y en plena civilización, pero escapada al fin y al cabo. Allí se encuentra Planeta Chicote, un complejo con encanto donde se ofrecen experiencias seitai, una suerte de terapia corporal japonesa basada en prácticas medicinales tradicionales asiáticas.
El pueblo en sí, es uno de los más bonitos de La Mancha de Cuenca. Se extiende sobre una empinada ladera de la sierra de Zafra, lo que da un aspecto pintoresco a su casco urbano, salpicado de encaladas viviendas y casas señoriales, como el palacio de Rusiano del siglo XVIII. Perviven además restos de su castillo musulmán como lienzos de su muralla y un curioso patrimonio religioso.
Dormir en la Cuenca más pequeña
Muchos pueblos españoles por debajo de los 100 habitantes han desaparecido prácticamente de la conversación pública. En Cuenca algunos siguen encontrando una forma mínima de mantenerse vivos gracias al paisaje, la memoria y el turismo rural de pequeña escala. No son destinos preparados para consumir rápido. Son lugares donde todavía se escucha el río, el viento o la madera de una puerta al cerrarse. Y quizá precisamente por eso siguen atrayendo visitantes.












