Tenía el REBI Cuenca la esperanza de lograr este domingo en Aranda de Duero su primera victoria fuera de casa de la temporada liguera, pero nada más lejos de la realidad. El equipo conquense ha caído con estrépito en el pabellón Santiago Manguán por 33-23. Se fue del partido demasiado pronto —o más bien, lo echaron las exclusiones— cuando todavía no se había alcanzado el ecuador de la primera mitad y no supo regresar. A los locales, que fueron en volandas con una grada masiva y entregada, les salió prácticamente todo y a los visitantes, casi nada.
Los primeros compases del partido no invitar a presagiar ni ese desarrollo ni ese desenlace. Al revés, el marcador se fue moviendo entre los empates y ventajas de uno y dos goles de diferencia (1-2, 2-4…) de los de Lidio Jiménez, gracias a alguna parada de Arguillas y a un ataque bien afilado. Sin embargo, poco después de minuto 9 y de que la afición protestara con ganas un gol concedido al ‘ratón’ Mendes, los colegiados Jordi Ausás Busquets y Miquel Florenza Virgili excluyeron a Gandara con un criterio, cuanto menos, muy riguroso. Esa exclusión le sentó fatal al Rebi Cuenca, que encadenó errores en pases y tiros. Mientras, su rival supo sacar petróleo de la superioridad y ya mandaba 7-5 en el minuto 11. Justo entonces se tuvo que marchar también por decisión arbitral otros dos minutos Perbela y la brecha se hizo pronto de cuatro goles. Con 9-5 en el luminoso y rozando el minuto 13, Jiménez se vio obligado a pedir su primer tiempo muerto.
No fue el catalizador necesario y el partido siguió por el carril de la dinámica que ya había tomado. En la portería de los burgaleses Vasco Teixeira se encumbraba por méritos propios y deméritos ajenos mientras que en el área contraria el Cuenca no bajaba los brazos, pero no sabía sacar rendimiento a su intensidad. Todo iba demasiado acelerado y, como decía aquel antiguo anuncio televisivo de automoción, «la potencia sin control, no sirve de nada». Paradigmático de ese panorama fue el desempeño de Rajmond Toth.
El técnico conquense lo intentó con cambios en portería y en otros puestos clave, pero no era el día. En el minuto 21:29, con 15-8 de tanteo, tuvo que pedir otro tiempo muerto, pero tampoco fue la acción taumatúrgica que reseteara el partido. El equipo estaba noqueado y catatónico, en uno de los peores encuentros que se le recuerdan en el descanso. Así que se llegó al descanso con 19-10.
En la segunda mitad los locales levantaron el pie del acelerador y los visitantes anduvieron un pelín más entonados, pero no con la potencia suficiente para que en ningún momento se respirase una opción de remontada real. Tonicher paró algo más y hubo algún destelló más en ataque que no compensó demasiadas faltas de concentración. El mal menor al que se aspiraba era maquillar el resultado por la honra y por aquello de ganar el golaverage (en la ida en El Sargal el resultado fue 24-22), pero ni eso se pudo conseguir. Es cierto que la intensidad defensiva del Aranda rayaba los límites de lo permitido en el reglamento y que los colegiados, salvo en una compensación final ya irrelevante, le dejaron hacer más de la cuenta. Ok, vale, un comentario al margen que ni se aproxima excusa para explicar ni el resultado ni la imagen dada.
El 24-13 del minuto 42 motivó otro tiempo muerto visitante. Templó algo los ánimos, pero tampoco fue cinta inaugural de machada alguna. El tiempo restante hasta el final fue una agonía para los de Cuenca y una fiesta continua para la afición local. Los arandinos se euforizaron con varios goles a portería vacía, intentaron flyes y se permitieron otras frivolités hasta el contundente e inapelable 33-23. Todo ello ante un rival directo al que, tras el triunfo, solamente separan dos puntos en la clasificación y la ventaja en caso de empate.














