Ana González, veinteañera y cazadora: «El campo siempre enseña, he aprendido a ser paciente y responsable»

La joven de Cañaveras ha heredado la pasión de su abuelo y su padre y ahora organiza encuentros con jóvenes cazadores para asegurar el futuro del sector.

El mundo rural tiene diversas vertientes con las que se pueden disfrutar de la naturaleza y del paisaje, y una de ellas es la práctica de la caza. Esta actividad cinegética está arraigada, de forma habitual, a sociedades y grupos que la practican, pero la conexión más profunda viene de la familia.

Se trata de una práctica que va de generación en generación, y así lo ha ‘mamado’ la conquense Ana González, que con tan solo 21 años ya es una profesional de la cacería gracias a la influencia de su abuelo y su padre. Natural de Cañaveras, la joven ha visto cazar en su familia desde pequeña y desde entonces le empezó a interesas el campo y sus animales.

«Además de cazadores, son agricultores, y me generaba mucha curiosidad todo y me gustaba que me contasen cómo habían sido sus jornadas de caza, su día de trabajo con el tractor. O sea, he sido una niña pues muy curiosa», ha destacado la conquense a Voces de Cuenca.

Esa curiosidad se transformó un día en una jornada práctica en el campo y tanto le gustó que desde entonces ha querido ser cazadora. Una decisión que su familia «en ningún momento lo han rechazado, por ser joven o ser mujer», ha señalado González, quien ha afirmado que «me han apoyado en todo momento».

La edad legal a partir de la cual se puede tener licencia de armas y de cazador es los 14 años, acompañado de un mayor de edad hasta que cumplas los 18 años.

Para la joven de Cañaveras, esta actividad cinegética le ha aportado un vincular familiar «magnífico» con su padre y su abuelo. «Es algo que no puedo explicar con palabras, porque además practicas algo que ellos también lo viven con la misma intensidad y con la misma pasión, y es algo único que me hayan enseñado a dar mis primeros pasos», ha subrayado.

Además de la parte emocional, Ana González ha apuntado que la caza le ha enseñado paciencia, ser más responsable desde pequeño «porque sabes que estás cerca de armas» y conocimientos sobre la naturaleza y los animales. «Llevo años en el campo y nunca se deja de aprender. Aunque tengas 80 años, cada día en el campo en una lección nueva», ha resaltado.

Foto cedida

A pesar de que es una práctica que pueda ser inculcada desde la cuna, «simplemente hay que tener o no el instinto de cazador», ha dicho la joven, quien ha añadido que «hace mucho formar parte de una familia de cazadores, pero sobre todo es que te guste o no».

Un día de caza

Antes, salir a cazar para Ana suponía esperar a que su padre y su abuelo estuvieran disponibles, ya que siendo agricultores tenían que pasar mucho tiempo en el campo trabajando. Ahora, con 21 años, ha afirmado que «tengo suerte de permitirme cazar más que ellos».

Esas salidas «solitarias» han hecho que la conquense haya ido conociendo a más gente del sector hasta llegar a organizar eventos de caza para jóvenes, «algo que está un poco olvidado porque casi siempre te juntas en una montería».

En las monterías, la media de esas ronda los 40 años y «normalmente son todo hombres». González considera que los jóvenes «necesitamos nuestro espacio y charlar con gente de nuestra edad porque, al final, se ve diferente». Por ello, desde hace unos meses la conquense ha organizado encuentros de jóvenes cazadores «para dar visibilidad a que hay mucha gente joven y que el futuro de la caza está asegurado».

Con respecto a si cada vez hay más jóvenes aficionados a esta práctica desde más pequeños, Ana ha contado que ve familias en las que se pierde el instinto y en otras, sin embargo, renace a pesar de no tener familiares asistiendo a un evento. «Depende del instinto de cada uno», ha destacado.

El primer encuentro se celebró en septiembre de 2025 y nació de la «preocupación de no encontrar un punto de encuentro para los jóvenes, para vivir un ambiente distinto entre nosotros», ha subrayado la cazadora. La jornada, ha resaltado González, tuvo buena acogida porque las plazas se llenaron en poco tiempo y llegaron cazadores de todos los puntos del país «incluso de otros países».

Desde entonces, la joven cazadora ha seguido organizando jornadas de jóvenes cazadores y entre amigos con el objetivo de poner en el foco la práctica entre la gente de menos edad y asegurar el sector en un futuro.