Miguel Campos, el guionista de La Revuelta encantado con Cuenca: «Fue un bolazo increíble»

El humorista ha hablado de su actuación en la capital conquense en su podcast 'Podcast, el podcast' de Radio Nacional de España (RNE).

El humorista Miguel Campos, conocido por su participación en La Revuelta de David Broncano, visitó el Auditorio de Cuenca el pasado 13 de febrero para hacer reír al público conquense con el espectáculo ‘¿Dónde está la gracia?’.

De su actuación en la ciudad de las Casas Colgadas ha hablado en su podcast ‘Podcast, el podcast’ de Radio Nacional de España (RNE) que participa junto a Aaron Aguilera, Jorge Yorya y Laura del Val.

Para poner en contexto a los oyentes del programa, Laura del Val dijo que Campos fue «al Wembley de Cuenca», mientras que el humorista lo definió como el «Madison Square Garden» de la capital conquense.

El caso es que Miguel Campos ha contado que negoció el bolo en el Teatro Auditorio creyendo que iba a actuar en la sala pequeña de este espacio, la cual tiene un aforo de 190 personas. Sin embargo, su monólogo se realizaba en la sala grande, con 750 butacas. «Hubo un error», ha señalado. En ese caso, Campos se pensaba: «vaya hostia me iba a dar», quien ha destacado «lo que estaba seguro es que se pensaban que era mucho más famoso de lo soy».

Finalmente le adjudicaron la sala grande: «Toda la población de Cuenca, si fallaba alguien yo lo iba a saber», ha resaltado el cómico. Miguel Campos dijo a la organización que él en Madrid actuaba para 70 personas. «Si seguimos las matemáticas, en Cuenca debería estar actuando para una persona sin piernas prácticamente», ha bromeado.

Sin embargo, Miguel Campos ha subrayado que «si en la vida te proponer sueños, manifiestas y te gastas un montón de dinero en anuncios de Instagram, medio funciona». Todo ello porque, al final, el humorista no llenó la sala grande, pero fueron a verle unas 550 personas. «Increíble, muy majos todos y fue un bolazo increíble», ha destacado.

Asimismo, ha afirmado que «quienes más disfrutaron» fueron los técnicos del Auditorio, ya que «me vieron llegar con Víctor Armiño, me preguntaron si necesitaba algo y les dije que no». «Eran como diez personas con los brazos cruzados, porque se encontraron con un tío con un micrófono hablando y ya», ha dicho.