Volver a la ciudad de Cuenca para Joaquín Reyes es recordar viejos tiempos, juventud, aventuras y «chorradas». Aunque son miles las anécdotas que se conocen de este cómico en su etapa universitaria cursando Bellas Artes, este viernes regresa a la capital conquense con un registro que no tiene acostumbrado a mostrar, aunque forme parte de la propia comedia.
El albaceteño llega con la obra de teatro ‘La verdad’, la adaptación de una comedia del dramaturgo francés Florian Zeller sobre secretos, relaciones y verdades incómodas, que interpreta junto a Natalie Pinot, Raúl Jiménez y Alicia Rubio y dirige el peruano Juan Carlos Fisher. Un trabajo que le ha permitido jugar con su personaje entre el drama y las bromas y con el que hace su segunda actuación en este género tras «La Paz».
Joaquín, lo primero de todo. ¿Cuántas veces has actuado como tal aquí en la ciudad de Cuenca?
Actué con Ernesto (Sevilla) con el espectáculo de «Viejóvenes». Después actué en «Festejen la broma». Esos dos fueron en el Auditorio. A lo mejor habré actuado 3 o 4 veces profesionalmente. Luego, de forma amateur, he hecho muchísimas chorradas allí.
¿Ah, sí?
Claro, porque estudié Bellas Artes, imagínate.
Ahora vuelves aquí con una obra de teatro que es comedia, pero es diferente a lo que solemos ver de ti.
Sí, es otro registro porque normalmente la gente me identifica lógicamente con los monólogos o con los sketches. Sobre todo en el escenario, que es a lo que yo me he dedicado. Realmente empecé con el teatro hace relativamente poco. Bueno, relativamente no, poco. Porque la obra anterior, mi experiencia anterior, fue una obra para Mérida, para el Festival de Teatro Clásico, que era «La Paz», de Francisco Nieva, una versión de Aristófanes. Y luego esta comedia. La verdad es que… se llama ‘La Verdad’, y ha sido una sorpresa para mí que se haya cruzado el teatro en mi camino. Está siendo una experiencia muy enriquecedora porque no he estudiado arte dramático. No he tenido ninguna escuela. Lo mío ha sido un accidente. El teatro me permite trabajar de otra manera. Me permite otros registros. Sobre todo aprender. Estoy muy contento.
Cuando te propusieron la primera vez actuar para una obra de teatro, ¿qué reacción tuviste?
Dije que no. Cuando me llamó Raquel Camacho, que fue la directora de «La Paz», yo le dije que no. Ya me habían ofrecido hacer teatro con anterioridad, pero no lo había visto claro. Y ahí tampoco lo veía claro porque dije: «¿Dónde voy? ¿Dónde me meto aquí?». Pero insistió y me dijo que lo veía claro. Empezó a parecer buena idea. Sobre todo decidí: si me arriesgo voy a ir con todo, me voy a involucrar al máximo. No va a ser una cosa de medias tintas. Y aquí estoy con la segunda obra.
Ahora que ya has probado varios registros, ¿en cuál te sientes más cómodo?
Las dos obras a las que me enfrenté son comedias. La comedia es un género que conozco bien. Y me siento muy cómodo. Ya te digo que es una experiencia muy enriquecedora para mí. Y sí, me siento muy cómodo. La forma de trabajar es diferente. Sobre todo el proceso de preparación de la obra es muy distinto a lo que yo había hecho. Pero me siento muy, muy cómodo, sí.
En esta obra interpretas a Miguel, un personaje que es básicamente un mentiroso compulsivo. No sé si te ha costado preparar este personaje o ha sido fácil para ti.
Mira, me ha resultado fácil en la medida en que el texto es un texto muy ingenioso, muy vivo. Había que, obviamente, dominarlo bien, aprendérselo evidentemente, pero la verdad que el personaje es un caramelo porque te permite hacer cosas muy distintas en el escenario. Los roles van cambiando rápidamente en las escenas. Estás arriba, luego estás abajo. Eres el que preguntas, después eres tú el sorprendido. Y eso como actor es muy estimulante. Y con mis compañeros hay mucha química. Eso también es muy importante, sobre todo cuando haces comedia. Por lo tanto, ha habido mucho trabajo detrás, como en cualquier obra, porque se ensaya mucho. Pero ha sido muy estimulante.
¿Te ha permitido este personaje improvisar a lo largo de esta gira que llevas con esta obra?
Hay momentos de comedia. Claro, la comedia en esta obra está muy medida. Yo tengo que estar al servicio de la obra, no al revés. Pero sí que hay momentos donde la comedia está un poquito más, por así decirlo, más subida, donde sí que he improvisado algunas bromas, bromas que luego se han terminado quedando. Esa es mi profesión, es esa exactamente, inventar bromas. Y cuando se me ocurría algo, el director me permitía jugar y ha habido algunas que sí que son aportaciones mías. Si la ves, yo creo que las notarás.

Tras preparar esta obra, ¿qué conclusión o qué reflexión sacas sobre la verdad y la mentira?
La verdad es un concepto que creemos conocer hasta que nos preguntan lo que es. Es muy difícil hablar sobre la verdad. Quizás identificamos la mentira con más facilidad, ¿no? Pero también es verdad que, fíjate, la verdad, o sea, la palabra verdad es una coletilla. Se utiliza mucho. Yo mismo lo utilizo mucho. Me di cuenta que con la verdad, insistimos, reforzamos nuestras ideas con esa coletilla, con ese concepto. Sin embargo, la mentira es necesaria, es un pegamento social. Necesitamos la mentira para convivir. No podemos estar esperando la verdad. Sería una situación muy incómoda. De hecho, las personas que dicen: «Yo voy con la verdad por delante» suelen ser personas muy incómodas, personas que su actitud roza con la mala educación. Y sí me ha dado pie, como tú decías, a reflexionar sobre estos conceptos tan grandilocuentes. No es igual mentir que no decir la verdad. Por ejemplo, tú puedes faltar a la verdad por desconocimiento. Si tú no sabes sumar y te digo: «¿Cuánto es 2+2?», pues tú dirás: «3». No estás diciendo la verdad, pero no estás mintiendo. Tú no conoces la verdad. Estás faltando a la verdad por torpeza, por desconocimiento. Mentir conlleva conocer la verdad. En fin, movidas muy tochas.
¿Te gustaría hacer algún papel alejado de la comedia alguna vez?
Creo que la comedia te permite hacer cosas muy distintas. Porque creemos que la comedia es algo como uniforme, pero comedia son muchos tipos, hay muchos tipos de comedia. Y dentro de la comedia puedes jugar con el drama. Por lo tanto, sí que me gustaría seguir explorando en el teatro personajes diferentes, pero a mí la comedia como género me gusta y la reivindico. Reivindico la comedia y el humor. Me parece que es muy necesario reivindicarlo también en lo que llamamos «alta cultura», porque el humor es una herramienta, es un lenguaje.
¿Qué proyectos tienes más ahora mismo en curso? O si tienes ya algunos planteados para el futuro
Estoy terminando una novela. Estoy enfrascado en una novela sobre el arte conceptual que me está costando muchísimo terminarla, pero Una novela sobre el arte.
¿Cómo te ves tú a nivel profesional en la actualidad con respecto a cuando empezaste?
Es que yo empecé en esto y no pensaba ni por asomo que me fuera a dedicar a lo que me dedico, la verdad. Yo quería ser ilustrador, estudié Bellas Artes, quería dedicarme a eso y no pensaba que terminaría en la comedia siendo actor. Sin duda he tenido suerte de aprovechar las oportunidades y me siento muy afortunado, sobre todo, de poder dedicarme a esto.
¿Y crees que has variado mucho en tu estilo de hacer comedia?
Por una parte, creo que me sigue moviendo lo mismo, con la misma ilusión que cuando empecé. Esto parece una frase hecha, pero es verdad. Pero claro, luego sí que vas profesionalizando. Al principio eres como una especie de salvaje cuando empiezas en esto. Yo salía al escenario que parecía un niño lobo. Y ahora a base de trabajar, maduras y vas siendo más profesional. Pero bueno, la ilusión sigue siendo la misma. Eso sí que sí.
Para terminar, Joaquín, ¿qué opinas del público conquense? ¿Cómo te ha recibido cada vez que has venido aquí?
Tengo una relación muy estrecha con Cuenca, me encanta esa ciudad, he sido muy feliz allí, estudié, pasé ahí mi juventud y el conquense es muy socarrón y me encanta, sí, me encanta el público conquense y me encanta Cuenca.













