La Misa del Gallo regresa a San Julián el Tranquilo tras un lustro de ausencia

La iniciativa ha sido recuperada por devotas de la ermita, pues la celebración eucarística no se había retomado desde la pandemia.

La Misa del Gallo en la ermita de San Julián el Tranquilo volverá a celebrarse esta Nochebuena tras cinco años de interrupción gracias a la iniciativa impulsada por un grupo de fieles y devotos habituales del santuario, que han querido recuperar una tradición profundamente arraigada en la sociedad conquense y que llegó a mantenerse ininterrumpidamente durante más de tres décadas.

Así lo ha explicado David Saiz, capellán de la ermita, quien ha precisado que, aunque él oficiará la misa, la propuesta no surge de manera personal, sino del impulso de varias personas vinculadas a la asociación de devotos que acuden regularmente a las celebraciones dominicales. «La idea es recuperar una antigua tradición. En San Julián el Tranquilo se celebraba todos los años la Misa del Gallo a las doce de la noche», ha recordado. El característico belén que tanto recuerda a aquella primera navidad ya ha sido instalado este mismo domingo en un entorno que muchos conquenses consideran especialmente entrañable y simbólico. La ermita cuenta con una gruta natural que evoca, a menor escala la humilde y modesta escena del nacimiento de Cristo.

Saiz ha señalado que la tradición llevaba celebrándose «probablemente entre 30 y 40 años» antes de interrumpirse a pesar del frío, la oscuridad y la pronunciada cuesta de acceso. Aunque en los dos últimos años ya se había intentado reanudar sin éxito por reticencias de otros fieles, finalmente este año se ha logrado coordinar la celebración. El capellán señala que ha sido imprescindible el apoyo de otro sacerdote para que le supla durante la celebración eucarística en otra capilla que atiende habitualmente.

Desde el punto de vista personal, el capellán reconoce que oficiar la Misa del Gallo en este enclave tiene un significado especial. Saiz refiere que «es emocionante pensar que en un entorno más frío y de mayor pobreza uno se acerca más a lo que fue la primera Navidad en Belén, con tan escasos medios y con la pobreza con la que vino el Hijo de Dios al mundo», ha afirmado.

En cuanto a la asistencia, Saiz evita hacer previsiones. Reconoce que muchas personas mayores, que suponen una buena parte de la asociación de devotos de San Julián el Tranquilo, encuentran dificultades para subir de noche, pero confía en que la gente joven tome el relevo. «Les animo a que suban y recojan esta tradición para que no se pierda», ha señalado.

A quienes estén valorando acudir, el capellán lanza una invitación cargada de simbolismo: vivir la subida como una peregrinación nocturna. Así, «Podrían pensar en los pastorcillos de Belén, que en un entorno semejante recibieron la gran noticia y se pusieron gozosos en marcha para ver al niño nacido en una gruta. Subir a San Julián esa noche puede ser una forma de imitarles», ha concluido.