La comunidad venezolana de Cuenca busca apoyo para enviar ayuda humanitaria tras el terremoto

El empresario Diego García y la periodista Ximena González explican como venezolanos residentes en Cuenca cómo están viviendo la situación.

Las imágenes tras una catástrofe siempre son las de primera línea, las que muestran el efecto devastador, los edificios en ruinas y el estado de los heridos. Sin embargo, a miles de kilómetros el desastre se vive de un modo muy diferente, entre el duelo y la impotencia de ser únicamente testigo de lo que le ocurre a vecinos, amigos, familia y una patria que, aunque en la distancia, vive perenne en el corazón. La madrugada de este jueves (hora española) se ha producido un doble sismo en Venezuela de 7,2 de magnitud y 40 segundos más tarde una réplica de 7,5. Son varios centenares los venezolanos que residen en Cuenca y quienes hoy aún ven en las noticias lo sucedido con cierto aturdimiento.

Así lo reconoce Diego García, propietario de Machi Arepas, un restaurante de comida típica venezolana ubicado en la calle Colón de la capital conquense. El hombre explica que pasadas las 17:00 horas apenas ha tenido tiempo de ponerse manos a la obra para buscar información para saber cómo hacer llegar los suministros necesarios al país. «Hay muchos venezolanos que están dispuestos a colaborar. Lo que necesitamos es saber cómo hacer llegar toda esa ayuda hasta allá», explica. La comunidad todavía no conoce el alcance real de la tragedia y, tal y como sucede con el resto del mundo, mira a través del teléfono las últimas informaciones.

Si algo tiene claro García es su intención de que su negocio sea un punto de encuentro para cualquier iniciativa solidaria, especialmente en lo que a la donación de ropa, alimentos, material sanitario o dinero se refiere. Sin embargo tiende la mano a las instituciones y organizaciones de Cuenca para que les presten su apoyo e infraestructura y así poder hacer llegar la máxima ayuda posible en un momento tan delicado como este. «Necesitamos saber qué entidades pueden colaborar con nosotros con eso, para poder enviar y entre todos poner un granito de arena, pero no sabemos cómo enviarlo», sostiene. La comunidad de venezolanos residente en Cuenca tiene un grupo de WhatsApp con 308 integrantes que están tratando de organizarse según García, quien ha asegurado que «no estamos todos» y ha cifrado en «alrededor de 600» las personas originarias de Venezuela que viven en la capital conquense.

Mientras tanto, algunos venezolanos residentes en España ya han comenzado a organizarse. Es el caso de Ximena González, periodista venezolana afincada en Cuenca, que explica que ya existen asociaciones de compatriotas en Madrid y Valencia trabajando para canalizar información y coordinar ayuda para los damnificados. «Hay una asociación de venezolanos en Valencia que ha organizado un centro de acopio para recoger alimentos, productos básicos y todo lo que la gente pueda aportar», explica. Según señala, desde Venezuelan Press también están informando de las plataformas que se están habilitando con diferentes fines, entre ellos localizar a personas desaparecidas y facilitar el intercambio de información entre familiares afectados por la catástrofe. No obstante, González considera que todavía es pronto para que hayan surgido iniciativas estructuradas en ciudades como Cuenca. «Seguramente van a aparecer muchas propuestas solidarias en los próximos días», apunta. Por ello, ve con buenos ojos que instituciones y entidades sociales de la provincia puedan ejercer como intermediarias para garantizar que la ayuda llegue a quienes realmente la necesitan.

Machi Arepas, un punto de encuentro para la comunidad venezolana donde incluso se plantean lanzar platos solidarios

La comunidad ya ha mostrado su apoyo en el acogimiento de cualquier venezolano que ha llegado a Cuenca. Según relata Diego, Machi Arepas es «un punto de encuentro» para todos. «Por lo menos, cuando llegan chicos que se quedan en la calle tratamos de ayudarlos, aquí yo les tiendo la mano, les regalo el almuerzo, les doy de comer o los ayudo con cualquier cosa, a conseguir trabajo o lo que sea». Diego da lo que tiene de manera completamente desinteresada, y señala que «es la poca ayuda que yo puedo hacer porque mi restaurante está recién abierto y tampoco estoy tan top para poder ayudar a todo el mundo», sostiene. El propietario de Machi Arepas no es el único que trata de apoyar a los suyos, pues refiere que en la comunidad venezolana que reside en Cuenca «estamos todos muy unidos». «Estamos siempre en contacto, nos comunicamos, estamos pendientes de cualquier cosa y nos ayudamos unos a los otros», sentencia.

Preguntado sobre la posibilidad de crear iniciativas solidarias dentro de su propio negocio para recaudar dinero que enviar a los damnificados por los sismos de Venezuela, García se muestra favorable. El empresario sostiene que está sobre la mesa emular iniciativas que ya han llevado a cabo otros negocios de Cuenca, pero dándole ese toque venezolano. Entre otras ideas baraja la posibilidad de añadir un plato solidario, como una arepa especial, con la que recaudar dinero y de la que el coste íntegro vaya a parar a quien más lo necesite tras la catástrofe.

La solidaridad, recuerda González, no es una cuestión sencilla para una comunidad que también afronta dificultades en España. La periodista explica que muchos venezolanos residentes en Cuenca siguen atravesando situaciones económicas complicadas y continúan necesitando apoyo de organizaciones sociales para cubrir necesidades básicas. «Sabemos que aquí hay personas que todavía están en una situación precaria y tratamos de ayudarnos unos a otros», señala. Aunque ante una situación de emergencia de estas características muchos venezolanos quieren dar lo que tienen, dado que hay personas que no pueden aportar porque son los primeros necesitados considera especialmente importante que cualquier campaña solidaria cuente con respaldo y mecanismos transparentes que permitan canalizar correctamente las donaciones.

Hablar con sus familias y allegados: una prioridad más allá de los titulares

Más allá de la ayuda material, el terremoto ha vuelto a poner de manifiesto una realidad común para miles de venezolanos emigrados, la sensación de impotencia al vivir desde la distancia las tragedias que golpean a su país. Ximena González reconoce que la noticia llegó a Cuenca de madrugada, a través de mensajes de WhatsApp y grupos de compatriotas que trataban de confirmar si familiares y amigos se encontraban a salvo. «Sientes mucha ansiedad y mucha tristeza», explica.

La periodista considera que la situación resulta especialmente dura porque muchos venezolanos acumulan años enfrentándose a noticias difíciles procedentes de su país. «Cuando empiezas a ver muchos videos con gente expresando sus emociones abiertamente, los dejamos de ver para poder dormir. No te puedes concentrar solamente ver tantas imágenes de destrucción, ya sea en Venezuela, en Ucrania, o en Irán, o en Gaza. Eso no te va a ayudar. Tratamos de centrarnos en aquello que podemos solucionar, en buscar la manera de colaborar y apoyar a quienes lo necesitan», afirma.

Pese a la preocupación, González destaca la acogida que la comunidad venezolana ha encontrado en Cuenca y en España. «Los venezolanos hemos sido muy bien recibidos y estamos muy agradecidos», asegura. Ximena añade que la provincia ha acogido con los brazos abiertos a la comunidad y que sienten el respaldo social, especialmente en estos momentos tan difíciles. «Yo he recibido muchísima ayuda y los venezolanos recibimos mucha ayuda de todos lados. Lo que hay que entender es que Cuenca es una población pequeña y puede dar la ayuda hasta cierto punto, nadie puede dar aquello que no tiene, y lo principal es que nos aceptan y que nos reciben».

Sobre el modo en que están viviendo sus allegados la situación, Diego comenta que su familia es de la costa del Zulia, una subregión de la costa oriental del lago de Maracaibo, por lo que afortunadamente están muy alejados del epicentro del terremoto. «Nosotros estamos en otra zona, pero allá también se sintió, aunque donde hubo más estragos fue en Caracas y las zonas adyacentes». Aún en shock, desde que se enteró de lo sucedido de madrugada, Diego únicamente ha comprobado que su familia se encuentra bien. «Estoy impactado con todo lo que ha sucedido, acabo de llegar de trabajar y apenas voy a sentarme a informarme bien de todo», ha concluido.

En las próximas horas se conocerá con mayor precisión el alcance de los daños provocados por el terremoto. Mientras tanto, la comunidad venezolana de Cuenca permanece pendiente de cada actualización que llega desde el otro lado del Atlántico. En este punto, la ayuda humanitaria jugará un papel esencial para enviar lo que sea necesario a aquellos que lo han perdido todo en una catástrofe mucho más allá de lo material. Vecinos como Diego García o Ximena González comparten una misma convicción, que la solidaridad encuentra cauces eficaces para llegar allí donde más se necesita.