Insectos palo, gecko, ninfas o periquitos se dan cita en una bendición de San Antón más allá de perros y gatos

El jardincillo de la Trinidad se ha convertido en un curioso desfile de animales de todas las especies.

Jaulas, columpios, terrarios e incluso peceras improvisadas han creado un pequeño zoo en el centro de Cuenca este sábado en la tradicional bendición de los animales en el día de su patrón, San Antón. Una cita marcada en el calendario para los amantes de los animales que se han preocupado de trasladar con cuidado de un lado a otro a sus compañeros de otras especies para recibir la bendición, que en esta ocasión ha sido oficiada por primera vez por el nuevo párroco de San Antón, Pedro Luis Martínez Redondo, natural de San Clemente. Más allá del rito, lo que se percibía era la intimidad de la relación entre humanos y animales, un vínculo cotidiano que se hacía tangible en la enorme cola que llenaba este céntrico espacio a pesar de las condiciones climáticas adversas con frío y llovizna ocasional.

Carlos Carrascosa ajustaba con delicadeza los columpios de su ninfa Río, él relata que este año es la primera vez que acude a la cita en compañía de su mascota, una responsabilidad que llegó como deseo de cumpleaños a su vida. “Nos hace ilusión que lo bendigan”, decía. Río se movía inquieto, como si entendiera que aquel día era especial, mientras su dueño revisaba que tuviera todo lo que necesitaba para sentirse cómodo en medio del parque y señalaba que iba con prisa para que el animal no pasara frío.

Los reyes indiscutibles de la bendición, perros y gatos, no se hacían esperar y cerca Miguel Checa acariciaba a su primer perro, Kira, un cachorro que se estrenaba en el ritual. Miguel recordaba cómo habían traído antes a su primera mascota, un hámster, pero aquel día tenía un significado distinto y conectaba con su mascota fallecida porque para él suponía que su perro esté «protegido y cuidado», explicaba, mientras llevaba al cachorro en brazos, ya que ni siquiera tenía puestas las primeras vacunas dada su corta edad. Por su parte, Marta Rubio se ha acercado con su perra, Bimba, porque señala que para ella su animal es una extensión de su fe y que quería que recibiera la bendición cada año.

Entre los gatos también había historia. Yasmina y Begoña Mochales llegaron con tres: Ronnie, Micaela y Kira. Cada uno de ellos tenía su personalidad, y para sus dueñas la bendición era mucho más que un acto religioso, es más un recordatorio de que todos merecemos un momento especial «es su día, todos tenemos que tener un día, y hoy es el de ellos», explicaban cargaban los transportines de sus mascotas, que parecían percibir la solemnidad del momento. Ambas señalaban que aunque habían tenido mascotas antes y siempre habían querido traerlas a este acto por diversos motivos era algo que nunca habían llegado a hacer, así que San Antón se había convertido para ellas también en un momento de recuerdo para los animales que tanto amor les dieron y que ahora las cuidan desde otro plano.

No todos los animales eran perros o gatos. El desfile de curiosidades ha estado protagonizado por la familia Collado-Rabadán. Iker y María, los dos hijos de la familia son auténticos amantes de los animales, como sus padres. No importa la raza o el tipo pues señalan que en su hogar se reúnen conejos, tortugas, geckos leopardo e incluso insectos palo. Su madre, Gloria, señala que cada año acuden a este ritual y rotan a sus animales para que puedan recibir todos la protección de su patrón. En esta ocasión Iker ha llevado a uno de sus gecko y María a unos insectos palo procedentes de El Hosquillo, lugar donde trabaja su padre y que debido al cierre al final de temporada hace que quienes allí desarrollan su actividad profesional los acojan para que no mueran de frío. Aunque no se trata de las típicas mascotas esta familia los cuida como parte de la suya.

Otra de las imágenes peculiares la ha protagonizado el pequeño pez llamado Mandarina de Ainhoa Valencia, que nadaba tranquilamente en su acuario improvisado hecho en un pequeño tarro de cristal decorado con un lazo, mientras su dueña no podía ocultar la emoción de traerla al parque. Lo mismo ocurría con Fátima y Alonso, que han llevado a su cobaya llamada Arcoiris y su periquito llamado Babusa hasta el jardincillo, reconociendo que han recibido la bendición «con mucha ilusión». Perros, gatos, aves, reptiles e insectos y sus dueños han demostrado en esta jornada que el afecto no entiende de tamaño ni de raza y que la compañía y el amor verdadero también puede venir dado por otras especies.