Rozaban las 16:00 horas con los paraguas abiertos y incertidumbre desplegada ante un cielo plomizo que amenazaba con descargar lluvia sobre la capital conquense, pero las puertas de la iglesia de la Virgen de la Luz se han abierto puntualmente como una rogativa de fe que ha surtido efecto, pues San Antón ha podido recorrer su barrio homónimo acompañado por vecinos y devotos que han vencido la pereza y el frío para acompañar a su patrón este sábado.
Aunque a priori se vislumbraba un recorrido más corto, ya que las nubes han dejado caer una lluvia fina, en apenas unos minutos las calles han comenzado a llenarse más allá de la zona baja del barrio y la fe ha servido una vez más de impulso y guía para que San Antón pudiera completar su recorrido. El testigo inquebrantable de la devoción han sido los fieles de edad más avanzada, quienes no han dudado en acompañar desde el primer momento al santo y que han animado a los más jóvenes a continuar su legado, acompañar al patrón del barrio e ir cediendo poco a poco su lugar para que la tradición perdure.
Si en los primeros momentos de la procesión eran personas más mayores las que constituían el cortejo, a medida que el desfile recorría el barrio gente joven y multitud de niños han seguido al párroco Don Pedro y la Asociación Musical ‘Virgen de la Luz’, quien como es habitual ha interpretado magistralmente varias piezas procesionales a lo largo del recorrido para dotar de mayor solemnidad al desfile. Tampoco han querido perderse la cita las autoridades municipales, con el alcalde de Cuenca, Darío Dolz, presidiendo la procesión con el bastón de mando; el concejal de Barrios y Pedanías, Alberto Castellano; y la de Servicios Sociales, Igualdad y Cooperación, y Asuntos Generales, Estela Soliva. Asimismo han acompañado a San Antón la presidenta del PP municipal, Beatriz Jiménez, y Agustín y Marta Segarra, ambos miembros de la corporación municipal.
Aunque los andamios que aún aseguran la fachada principal y parte de la lateral de la iglesia de la Virgen de la Luz han complicado la salida del santo y su llegada al templo, pues los banceros se han visto obligados a sacar al santo casi a ras de suelo para evitar dañar la talla, sin embargo una dosis de buen hacer, experiencia y fe han conseguido que el desfile brille y que ni siquiera las barreras existentes quiten el rigor a una de las citas más tradicionales en el calendario de la capital conquense.










