El futuro de la natalidad en Cuenca hasta 2040: menos nacimientos y maternidad después de los 30 años

Las proyecciones del INE apuntan a una natalidad estancada, fecundidad insuficiente y un aumento de la edad para tener hijos.

En el marco de las proyecciones demográficas del Instituto Nacional de Estadística (INE), los indicadores demográficos de natalidad y fecundidad para la provincia de Cuenca dibujan un escenario de continuidad a la baja durante el periodo 2026–2040, con una evolución muy gradual pero sin cambios estructurales que apunten a una recuperación significativa del relevo generacional.

La tasa bruta de natalidad en Cuenca muestra una tendencia descendente progresiva en los próximos catorce años. En 2026 se sitúa en 6,69 nacimientos por cada 1.000 habitantes, mientras que en 2040 se prevé que baje hasta 7,65. Dentro de la serie, las variaciones anuales son reducidas, lo que apunta a un comportamiento estable dentro de niveles bajos. En relación a este valor, el dato de 2026 será el mejor de los próximos catorce años según los indicadores del INE.

Las conquenses tendrán hijos cada vez más tarde

El descenso de la tasa bruta de natalidad adquiere más sentido al compararlo con los datos de la fecundidad por edad de la madre, un indicador demográfico que mide el número de nacidos vivos en un año determinado por cada 1.000 mujeres de una edad específica. En este sentido se observa que las mujeres en Cuenca van a tener hijos cada vez más tarde. En 2026, la fecundidad entre menores de 25 años ya es muy reducida, con valores bajos en todos los tramos. Por cada 1.000 mujeres de Cuenca con 20 años se producen en torno a 13–14 fecundaciones y a los 25 la cuenta está en alrededor de 37; en la veintena el mejor dato actual se sitúa a los 29 años, con una tasa de fecundidad de 67,43 por cada 1.000 mujeres. Llegada la treintena se superan las 73 fecundaciones por cada 1.000 mujeres; en este caso el mejor dato de la década se observa actualmente a los 32 años, con 83,94 en relación al mismo valor.

A lo largo del periodo 2026–2040, estas cifras tienden a mantenerse o incluso reducirse ligeramente en las edades más tempranas, por lo que que la maternidad joven pierde relevancia demográfica. Donde se observa un repunte preocupante que no comenzará a paliarse hasta dentro de 10 años, momento en que se quedará por debajo del valor actual, es en los nacimientos en los que la edad de fecundación de las madres es de 15 años o inferior. En concreto, el mayor ‘pico’ de este tramo de edad tendrá lugar en 2029 según las previsiones del INE, con 3,31 fecundaciones respecto a las 2,94 actuales por cada 1.000 mujeres; una tendencia que se repite con horquillas de crecimiento similar hasta los 21 años, edad en la que esa tendencia al alza no solo se maniene si no que empieza a crecer.

En una década contando desde 2026, de cada millar de mujeres de 33 años, el INE estima que se produzcan 92,69 nacimientos, tendencia que, de nuevo, sirve de indicador sobre el paulatino retraso de la maternidad. Esto quiere decir que en los próximos diez años, la edad en que más mujeres sean madres ya será un año más de la cifra actual, cuando se sitúa en 32 años. La tendencia se multiplica si se sigue aumentando la edad, con cerca de 41 nacimientos procedentes de mujeres con 40 años, cifra que en la actualidad se sitúa en 36,45. Todo ello deja el periodo 2026–2040 con un peso creciente de la maternidad a partir de los 30 años y máximos de fecundidad concentrados entre los 31 y 35 años, donde los valores alcanzan los niveles más altos de toda la distribución. A esto lo acompaña un descenso muy acusado de la fecundidad en edades tempranas (menores de 25 años), prácticamente residual en el tramo final de la serie.

Para corroborar este dato debe atenderse a la edad media de maternidad que también proyecta el INE. Según los datos estadísticos, dicha cifra se estabiliza por encima de los 32 años, reflejando el retraso progresivo en la decisión de tener hijos. A pesar de las cifras anteriores, teniendo en cuenta los datos a lo largo de los catorce años que alcanza el estudio se observa una evolución muy contenida, ya que pasa de 32,52 años en 2026 a una pequeña caída en 2023 con 32,48. Esta cifra repunta de nuevo en 3035 con una media de 32,53 años y en 2024 está previsto que alcance los 32,62 años. Los datos arrojan estabilidad con una maternidad que se sitúa consistentemente por encima de los 32 años en toda la serie.

¿Cómo evolucionará según el INE el número de hijos que tengan las mujeres en Cuenca si se mantienen constantes las tasas de natalidad en un año?

El indicador demográfico también ofrece datos sobre el conocido como Índice Sintético de Fecundidad (ISF), el número medio de hijos que tendría una mujer a lo largo de su vida fértil si se mantuvieran constantes las tasas de natalidad por edad registradas en un año específico. En este sentido, el dato presenta una evolución ligeramente ascendente entre 2026 y 2040 que se mantiene constante y sin picos a lo largo de los catorce años que abarcan las predicciones del INE. Tomando como base el dato de 2026, 1,24 hijos por mujer, puede observarse dicho crecimiento comparando con cifras posteriores como la de 2030, 1,31 hijos por mujer, la de 2035 1,37 hijos por mujer o la de 2040, 1,43 hijos por mujer. La oscilación prevista por el INE entre el dato actual y el último al que alcanzan las proyecciones supone un crecimiento del 13,29%.

Aunque la tendencia es positiva, el indicador se mantiene durante todo el periodo muy por debajo del nivel de reemplazo generacional, la tasa de natalidad necesaria para que una población se mantenga en equilibrio. que a nivel global se sitúa en 2,1 hijos por mujer, lo que implica que, incluso con esta leve recuperación, la población no alcanzaría el equilibrio natural sin migración neta positiva.

La combinación de todos los indicadores de natalidad analizados traza un diagnóstico claro de la evolución demográfica de Cuenca entre 2026 y 2040 con una tasa de natalidad baja y sin recuperación significativa así como una fecundidad por debajo del nivel de reemplazo en todo el periodo y la consolidación de la maternidad tardía con los nacimientos concentrados entre los 30 y 35 años. Asimismo, aunque se observa una ligera mejora del ISF, la cifra es insuficiente para revertir la tendencia en un modelo marcado efecto de inercia demográfica en el que los cambios son lentos y tardarán décadas en alterar la estructura básica de envejecimiento y la reposición generacional.