Pedir comida, pagar, ver series, pasar horas deslizando contenido en aplicaciones…En la era de la información, la herramienta por excelencia para comunicarse se ha convertido en un foco de ruido en lugar de un punto de escucha. En un paisaje de pantallas disfrazado de hiperconectado, la soledad se dibuja como una de las principales preocupaciones y afecciones del presente, una afección que ya hace cien años un conquense trató de paliar con la creación del Teléfono de la Esperanza, una efeméride que se sigue recordando en su pueblo, Villar de la Encina con un acto que tuvo lugar el pasado 20 de septiembre y al que asistieron vecinos y representantes de diversas asociaciones como Ocio Inclusivo ‘Aframas’.
Nacido el 29 de julio de 1925 en este municipio de La Mancha conquense, Fray Serafín Madrid Soriano fue un muchacho de campo con vocación de servicio y una sensibilidad poco común, primer hijo del matrimonio formado por Ángel, un agricultor que moriría quince años después de una pulmonía, y Leoncia, una mujer de fuertes convicciones religiosas. Serafín ingresa como hermano de San Juan de Dios ante la sorpresa de sus vecinos, quienes creen que se convierte a la vida religiosa «para salvarse de la mili», sin embargo Serafín empieza a manifestar una profunda creencia religiosa.
Con su ingreso en la orden, Fray Serafín dedicó su vida a cuidar del sufrimiento humano, ya fuera físico o emocional. De su voluntad nacieron dos proyectos, por un lado la Ciudad de los Muchachos, un centro de enseñanza ubicado en Alcalá de Guadaira (Sevilla) dedicado a niños inválidos, personas con discapacidad y muchachos abandonados, y el Teléfono de la Esperanza, que cambiaría para siempre la manera de entender la ayuda en tiempos de crisis.
El Teléfono de la Esperanza, el gran proyecto de Fray Serafín
Fray Serafín no tenía redes sociales, ni seguidores, ni “likes”, solo un teléfono y una convicción, que escuchar puede salvar una vida. Quizá si hubiera nacido en el siglo XXI hubiera creado una aplicación, pero en 1971, su revolución fue más sencilla: tender una línea directa con quien sufría en la que la identidad y la fachada se desnudaba para dejar dos personas hablando a través del teléfono.
Cuando hablar de salud mental era todavía un tabú y ante los estragos que estaba produciendo el consumo de drogas entre los jóvenes, el religioso conquense fundó en Sevilla el Teléfono de la Esperanza. Su visión fue revolucionaria: crear un servicio donde cualquier persona pudiera encontrar una voz amiga al otro lado del hilo, anónima, confidencial y gratuita; su convicción era que el ser humano puede recomponerse cuando se siente atendido y comprendido.
Desde aquel 1971, su legado ha crecido. Hoy, el Teléfono de la Esperanza se ha convertido en una ONG que ofrece un servicio integral y gratuito de apoyo a las personas que se encuentran en situación de crisis se extiende por toda España. En total cuenta con 19 centros en diversas provincias de España, entre las que se incluyen Madrid, Sevilla o Málaga. Aunque existe un número específico de la asociación en las provincias en las que cuenta con sede, que puede consultarse visitando el sitio web oficial de Teléfono de la Esperanza y consultando la sección de «Contacto», a través del número de teléfono 717 003 717 se da atención nacional permanentemente durante las 24 horas del día, los 365 días del año.
Tras su muerte prematura, sus hermanos Pedro, Ángel y Jesús Madrid Soriano continuaron su misión, asegurando que la antorcha que él encendió no se apagara siguiendo el dictamen de Fray Serafín de que «Dios no vive entre los ángeles, sino en los rostros desnudos, hambrientos y frágiles de los hombres». Gracias a esto su obra no se ha quedado en los muros de un convento, sino que ha salido a las calles con el trabajo de miles de voluntarios que siguen hoy atendiendo llamadas de personas que buscan algo tan esencial como una voz que escuche sin juzgar.
El proyecto no solo ha crecido habiendo inspirado la creación de Centros de Escucha en varios países de Latinoamérica, si no que ha continuado siendo un referente en el sostén de muchas vidas gracias a su puesta al día con iniciativas como el Chat de la Esperanza, un servicio de atención online para adolescentes y jóvenes, más ágil y actualizado o los programas de prevención de la soledad, un extra al teléfono con atención a colectivos vulnerables, como las personas mayores.
Aunque el mundo ha cambiado, la necesidad de ser escuchado sigue intacta, quizá por eso, el legado de Fray Serafín no ha perdido vigencia y el legado del religioso conquense sigue manteniéndose en su pueblo como epicentro. Cien años después de su nacimiento, el ejemplo de Fray Serafín Madrid Soriano interpela a la sociedad y le recuerda que la esperanza no se predica, se practica y que escuchar sigue siendo un gesto transformador. En un mundo saturado de ruido, la voz que más falta hace no es la que grita, sino la que atiende con paciencia y humanidad.












