El pasado 28 de abril, alrededor de las 12:30 horas de la mañana, Cuenca-al igual que el resto del país- vivió un colapso eléctrico histórico. No fue un fallo técnico aislado, sino que consistió en una reacción en cadena que dejó sin suministro a 50 millones de personas en la Península y parte del sur de Francia. En cuestión de minutos, se paralizaron trenes, ascensores y comunicaciones, lo que provocó una incertidumbre generalizada.
El apagón del pasado abril, ya encendió las alarmas en Bruselas, que diseñó un kit de emergencia para sobrevivir, al menos, 72 horas sin ayuda externa. Entre esos elementos recomendados, se encontraban agua potable, alimentos no perecederos, un botiquín de primeros auxilios, linterna, radio de pilas y batería externa para cargar el móvil.
Durante estas últimas semanas, Red Eléctrica ha confirmado que se han producido varias «variaciones bruscas de tensión» y ante esta noticia han vuelto a saltar las alarmas. No existe una manera fiable de predecir con precisión cuándo ocurrirá, pero la ciudadanía ya ha asaltado algunos espacios comerciales para que no vuelva a cogerla desprevenida.
Si bien, las ferreterías de la capital conquense confirman que no han percibida una incipiente demanda en las últimas semanas. “Fue algo puntual de esos días y en las semanas posteriores”, señalan a VOCES DE CUENCA. En Decathlon sí que confirman “una fiebre” ciudadana durante las últimas semanas. “Desde que se advirtió de un posible segundo apagón hemos tenido un pequeño boom en la demanda de algunos básicos”, confirma José Segovia, vendedor-encargado de la multinacional.
Lo más comprado: frontales sin batería y con pilas, botellas de butano y camping gas, estos últimos sin stocks en estos momentos. “Los días que no recibimos camión y, por tanto, no podemos reponer nos encontramos sin estocage. De momento, está asegurada la reposición y, sobre todo, que desde Red Eléctrica han advertido que de producirse no será “de forma inminente”.














