Elisa Molina es uno de tantos casos de conquenses que acaban volviendo a sus raíces en busca de una vida tranquila que les permita llevar unos ritmos más pausados y en consonancia con sus valores. Su familia desciende de Saelices y su marido es de Belmonte y, tras muchos años de vida en Madrid decidieron dejar la gran ciudad y emprendieron en este municipio de La Mancha conquense. Molina comenta riendo que ha acabado por convertirse en belmonteña y que se encuentra muy a gusto así, con un pueblo que los ha acogido a ellos y a sus hijos desde el primer instante. Es precisamente en este municipio donde dirige una escuela infantil con pedagogía Montessori, en la que traslada a las aulas la disciplina positiva y crianza consciente en las que se ha especializado.
En el día a día Molina «siembra» desde la empatía y, sobre todo, la conversación bases de confianza y respeto mutuo en los niños de Belmonte, huyendo de la disciplina tradicional ligada a los castigos, las comparaciones o el machaque por los errores cometidos. Además, la maestra también ha fundado junto a su marido los programas online Educar en Calma y el podcast homónimo, dirigido a madres y padres que desean una crianza respetuosa. Además, Molina acaba de publicar su tercer cuento Hermanos (Carambuco, 2025), ilustrado por Marta Costa en el que aborda los conflictos entre hermanos.
Lo primero de todo, ¿qué es la metodología Montessori y en qué consiste?
Es una de las pedagogías de las que más se habla y, sin embargo, de las que se menos se implementa realmente en el aula. Está muy al día en redes sociales, pero existe desde hace más de cien años. María Montessori habló de ella a principios del siglo pasado, cuando ya se hablaba del respeto al niño, favorecer la autonomía, que ellos se sientan parte y contribuyan. Para mí, la doctora Montessori fue una visionaria, porque cuando conoces su historia entiendes el gran legado que nos dejó en la educación. Esto no es una moda, tiene su evidencia científica y tiene sus propios resultados.
María Montessori fue de las primeras médicos mujeres italianas y fundó la Escuela Bambini, con niños desahuciados del sistema educativo, y demostró que cuando tú crees en ellos y les proporcionas un entorno adecuado con un adulto preparado, los niños empiezan a brillar. Consiguió que esos niños obtuvieran mejores resultados que sus contemporáneos. Además, también trabajó con pequeños de educación especial, por lo que es una pedagogía donde la palabra integración e inclusión cobra sentido, porque todo esta adaptado a todas las formas de procesamiento neurológico que tenemos. Propone una gran transformación no solo para el aula, sino para el propio desarrollo del maestro para que se convierta en el modelo a seguir, que sea esa personas la que siga a los alumnos y no vaya por delante.
Estos factores también son extrapolables a los padres, ¿no?
Normalmente, los padres que buscan un colegio Montessori es porque ya llevan una línea educativa y pedagógica con sus hijos. Por eso es complicado ver este modelo en un sistema público. En Belmonte somos pioneros y estamos avanzados en ese aspecto.
¿Por qué normalmente no se ve esta metodología en la educación pública?
Intervienen muchos factores. En el primer ciclo de Educación Infantil, incluso en el segundo ciclo, se podría ver algo de esta pedagogía, pero a partir de Primaria, todo esta mucho más reglado, más medido. Un sistema basado en Montessori, donde mezclas edades, donde el aprendizaje va en función de las necesidades de los niños y de lo que les interesa hay que gestionarlo muy bien y tener una gran confianza en el ser humano que tienes delante.
«Sabemos es que los directivos de Google y de Apple llevan a sus hijos a colegios Montessori porque se basan en una pedagogía científica»
¿Qué resultados en la crianza y en el futuro de los niños se ha demostrado con esta pedagogía?
Ahora lo que sabemos es que los directivos de Google y de Apple llevan a sus hijos a colegios Montessori porque se basan en una pedagogía científica, con un método detrás que está medido y que se sabe que funciona donde, además, se potencia la autonomía y la búsqueda de los talentos. Todo surge del concepto de una educación en la que no se mete conocimiento a los niños, sino extraer de ellos lo mejor que tienen. Hay una cuestión que es la potencialidad como docente y como padre, porque los primeros agentes educativos son los padres, para ser un buen guía y buen acompañante, además de proporcionarle entornos y materiales que nutran a ese niño.
Veo que también es un método que se basa en una educación respetuosa, fuera de los gritos y las amenazas. ¿No debería ser lo normal?
Claro que tendría que ser lo habitual, pero lamentablemente todavía tenemos muchas personas que gritan, castigan, amenazan, chantajean, ridiculizan y humillan al niño o niña. Esta es una forma de violencia no visible que deja una huella mucho más profunda de lo que creemos. Muchas veces porque nos falta información y no conocemos que existen otras formas. Cuando no tenemos recursos, utilizamos las estrategias educativas que utilizaron con nosotros. A Francisco y a mi nos gusta decir que somos la «generación bisagra», que abre una puerta de posibilidades diferentes para la siguiente generación. El límite es un concepto que los padres dudan, porque parece que la educación respetuosa es lo mismo que dejar que el niño haga lo que quiere, y nada más lejos de la realidad. Una educación respetuosa necesita límites hacia el niño y hacia el adulto. Los padres tienen que ser conscientes de que tenemos que trabajar muchas cosas: la comunicación, cómo ponemos los límites y las normas, desde dónde los podemos y para quién, y eso requiere de reflexión y de aprendizaje.
De ello también dependerá, supongo, la mentalidad que tenga a la hora de ser adulto
Exactamente. María Montessori ya dijo que los primeros seis años, en la vida de un ser humano, es lo que denominaba «mente absorbente». Cuando decimos que los niños son como esponjas, es verdad. Y dentro de los tres primeros años, es una «mente absorbente inconsciente», es decir, lo aprenden todo sin filtro. A partir de los tres hasta los seis, ya deciden qué cosas entran y qué cosas no, por lo que a esa edad ya te cuestionan, porque ya tienen consciencia.

¿Por qué dices que ahora está de moda este método en las redes sociales si se inventó hace más de 100 años?
Porque es muy difícil verlo en la práctica. En el año 2012, en redes sociales se hablaba de centros educativos y pedagogías alternativas donde se empezaba a instaurar el método Montessori y era algo novedoso. A día de hoy, se sigue hablando de que esto es una novedad, porque no se implementa en el sistema educativo habitual. Posiblemente veríamos a niños que trabajan con interés, que acuden al colegio y no hay deberes… y todo esto no se lleva a la práctica por el miedo a no cumplir con los objetivos marcados y los contenidos que hay que dar. ¿Esto seguiría, si continuáramos con Montessori, en todas las etapas educativas? Los países donde lo tienen instaurado sí nos hacen ver que sí.
Hablando de otras etapas de la vida, ¿cómo se gestionarían los conflictos con adolescentes con este método?
Los adolescentes son difíciles de controlar, son personas con más edad que un niño, a veces con más altura que su padre y que lleva mal el control, como lo lleva mal un niño de cuatro años y un joven de veintisiete. Cuando nos intentan controlar se nos despiertan muchas cosas y en este sentido el quid de la cuestión es haber tenido una buena infancia, aunque no es garantía total y absoluta. Cuando has sido un buen modelo para tu hijo, no le has castigado, ni le has gritado ni le has humillado por sus errores, es muy probable que tengas unas bases de confianza, de diálogo, de saber que cuentas con apoyo a pesar de los errores tenga los años que tenga. El problema es cuando tú tratas de imponer tu realidad, tu visión o tus decisiones. Al final, los adolescentes necesitan, quieren tener un hueco, ser importantes, formar parte de este equipo al que llamamos familia y que su voz sea teñida en cuenta.
Además, hay mucho mito sobre la adolescencia; ellos tienen muchas ganas de cambiar el mundo, ven las injusticias, tienen una fuerza, un espíritu crítico de cambio que a lo largo de nuestra vida no volvemos a tener. Sin embargo, muchas veces son ninguneados, tachados de caprichosos y que solo miran por sí mismos. Además, es un momento difícil porque hormonalmente hay muchos cambios que provocan que no se acaben de encontrar con ellos mismos y necesitan un líder que les guíe en ese proceso. Eso sí, un líder no es una persona que impone, es una persona que modela, que inspira y que te acoge en tus aciertos, pero sobre todo tus errores. Si ni siquiera en tu casa tienes ese espacio de acogimiento, muchos adolescentes lo buscan y lo encuentran en su grupo de iguales, donde son aceptados incondicionalmente. A veces ni siquiera tienen que salir fuera, con un móvil es suficiente porque se evaden, se meten en el mundo es donde donde pueden probar a ser diferentes.
Aunque a veces pueda parecer que tu hijo no te necesita, si que lo hace y quizá con más ganas. No te centres solamente en lo que hace mal, porque hay muchas cosas que hace bien; deja de criticar su mundo, interésate por las cosas que le gustan, pasa tiempo con ellos, propón actividades que quizá cuando eran más pequeños no podías hacer y, sobre todo, sigue manteniendo conversaciones con tu hijo. No puede ser que esos años pasen por la vida de nuestros hijos sin tener como referentes a sus padres, no los podemos perder.
En referencia a tu último cuento en el que abordas los conflictos entre hermanos, ¿cuáles son los principales problemas que has detectado entre hermanos y cuáles son los consejos para resolverlos?
El principal problema cuando hay hermanos es que hay que repartir atención y cuidado. En muchas ocasiones el principal error que tenemos o que cometemos los padres es intentar dar a todos los hijos lo mismo, y es que a cada uno hay que darle lo que necesita. Uno necesita abrazos, otro necesita besos, otro necesita masajes, otro necesita que le digamos ‘te quiero’, otro necesita que le preparemos un bizcocho, porque los lenguajes del amor existen y esto también es ciencia. Nuestros hijos son seres humanos chiquititos que interpretan la vida como buenamente pueden, aunque esto no significa que acierten.
Una de las grandes claves es no tomarnos nada como algo personal, porque lo que nuestros hijos dicen no nos lo dicen para hacernos daño, simplemente tienen que manifestar cómo se sienten. En segundo lugar, cada vez que comparamos a nuestros hijos la estamos liando parda porque nuestros hijos, por naturaleza, necesitan diferenciarse. Cada vez que los comparamos hacemos que entre ellos no vaya a haber buena relación. En algunas ocasiones hacemos esa comparación para tratar de impulsarles a algo, como por ejemplo cuando le decimos a un niño que él no estudia y su hermano sí, sin embargo a veces las formas no son las más adecuadas. Con nuestros hijos hay que cuidarlo todo, debemos de tratar de ser exquisitos y aunque vayamos a cometer errores podemos tratar de poner más consciencia. Aunque tener más de un hijo ya es un reto, vamos a intentar cuidar el lenguaje, no compararlos, no criticarlos, no hacer comparativas de lo que uno consigue frente a lo que otro no. Vamos a sumar, como que esto es un barco y estamos todos en él y entonces nos podremos ayudar. Vamos a trabajar mucho la cooperación entre ellos.
Además también es importante pasar tiempo con cada uno de nuestros hijos. Esto no significa que tengamos que hacer planes chulos una semana con cada uno, si no plantear pequeños momentos de encuentro con lo que necesite cada uno y lo que podamos hacer, no desde la exigencia, sino desde el placer de compartir tiempo con cada uno de nuestros hijos y que cada uno de ellos se sientan vistos, que sientan que son importantes para nosotros, que forman parte y que contamos con ellos. A veces pasar tiempo con tus hijos es irte a tirar la basura con ellos y preguntarles cómo están en ese ratito o si hay otro al que le gusta la cocina preparar la cena juntos y conversar. Evidentemente a veces ellos pueden no interpretar algo que a nosotros nos gustaría, pero que no debe quedar en nosotros un resquicio de que pudimos haber hecho más. A veces la información es el primer paso para lograr esa conexión con nuestros hijos, y si tú no lo sabes, no lo puedes hacer, pero hoy ya sí lo sabes.
«Me hace mucha ilusión estar contribuyendo y participando en el pueblo que me abrió sus puertas en mi zona de talento»
Toda esta metodología se aplica en tu escuela de Belmonte…
Abrimos en abril de 2024, llevamos un año y medio y este es el segundo curso completo que estamos. Este año tenemos 14 alumnos matriculados; concretamente tenemos nueve de 1-2 años y tenemos cinco de 2-3, que serán los que graduemos en julio y se irán al cole de mayores. Aún tenemos margen para acoger hasta 20 niños. Además, la escuela tiene el aula matinal de 8 a 9 de la mañana y luego el horario que tenemos es de 9 a 14 horas, así que los pequeños pueden estar hasta cinco horas en el aula con nosotras. Actualmente estamos trabajando dos profesoras y ahora tenemos una alumna de prácticas. La nuestra, es una escuela muy abierta a las familias y no es difícil que si en algún momento te pasas por aquí a vernos haya algún papá o alguna mamá que se ha quedado la mañana para contar un cuento, para acompañarnos de excursión al mercado o a la biblioteca.
Contamos con familias variopintas, tenemos familias que tienen más de un hijo y otras en las que es hijo único. En estas edades tan tiernas hay niños que son los primeros de su familia y niños que ya tienen hermanos mayores. Lo que tienen en común todas las familias es que están muy comprometidos con todo lo que lleva la escuela como base, como la alimentación saludable o el pasar tiempo con sus hijos, leer, utilizar materiales de madera o practicar una vida sana en contacto con la naturaleza en este entorno privilegiado en el que vivimos. Entonces es verdad que nuestras familias son maravillosas y siempre apoyan cualquier iniciativa que tenemos con ellos o cualquier propuesta que les hacemos. Siempre nos animan y nos dejan mucho margen para que tengamos nuestra creatividad
a tope y que podamos trabajar con los niños de una forma muy buena y honesta.
Contamos siempre con muchísimo apoyo por parte del ayuntamiento y de las instituciones educativas porque es una escuela pública de gestión privada que se encuentra en el mismo edificio del Colegio Público Fray Luis de León, en un aula que se rehabilitó y se adaptó a las necesidades de la escuela infantil. Por eso mantenemos una muy buena, estrecha y fluida comunicación con el colegio, tanto con las profesoras de infantil como con el equipo educativo y directivo, que es maravilloso. Todos trabajamos en una línea educativa con unos valores muy similares y en cuanto podemos hacemos actividades juntos.
¿Cómo te sientes pudiendo ejercer esta pedagogía en Belmonte, el pueblo que te ha acogido a ti y a tu familia?
Me hace mucha ilusión estar contribuyendo y participando en el pueblo que me abrió sus puertas en mi zona de talento. Al final es sembrar en los pequeños algo que sé que neuronalmente para ellos tiene mucha más importancia de la que se ve, estamos asentando valores en su vida y yo no sé si por mi aula está pasando un alcalde o el que se quedará con la carnicería…Imagínate que algún día me acuerdo de un alumno que luego es el presidente o presidenta del Gobierno y que yo en su momento vi que se le daba bien el liderazgo. En clase tenemos niños y sobre todo niñas con potencialidades que son maravillosas. Me siento muy contenta y agradecida por poder contribuir de esta manera.














