Vecinos de Fuente del Oro y Casablanca afean la suciedad que deja el mercadillo y reclaman más civismo

Los representantes de los vecinos de los dos barrios colindantes muestran su preocupación por cómo pueden afectar las basuras al río Júcar.

Este martes, como es habitual, la venta ambulante visitó durante la mañana la zona del mercadillo en Cuenca capital dejando una estampa que no es ajena ni extraña para los vecinos de la Fuente del Oro y Casablanca, barrios colindantes con este espacio. Tanto el presidente de la Asociación de Vecinos de Fuente del Oro, Antonio Gómez, como la presidenta de la Asociación de Vecinos de Casablanca, María del Carmen Checa, coinciden en señalar que la acumulación de residuos una vez finaliza la actividad comercial es una imagen «habitual» y que el problema principal radica en la «falta de civismo» de quienes dejan desperdicios en la zona.

Antonio Gómez asegura que, aunque habitualmente la limpieza se realiza después de la recogida de los puestos, la presencia de residuos durante el desmontaje del mercadillo es frecuente. «Lo habitual es que lo dejen en mal estado, aunque hay contenedores», afirma. Según explica, cuando gran parte de los vendedores ya se han marchado «está todo que casi tienes que ir saltando para no pisar plástico, que es lo que más tiran». En este sentido, insiste en que la existencia de contenedores no evita que muchas personas depositen los residuos fuera de ellos. «La papelera es una isla rodeada de papeles por todas partes menos una que la papelera, haya 50 o 60 contenedores está rodeado de todo lo que la gente tira», lamenta.

En la misma línea se expresa María del Carmen Checa, quien describe una situación que considera «recurrente» al finalizar la jornada comercial. «Cuando terminan el mercadillo dejan cajas, dejan plástico, dejan todo», señala. A su juicio, el aspecto que presenta el lugar tras la retirada de los puestos resulta especialmente negativo. Checa considera que una parte importante del problema podría resolverse si los propios vendedores asumieran una mayor responsabilidad sobre los residuos que generan. «Recogen sus cajas y plásticos y lo dejan en algún contenedor tranquilamente, entre todos podríamos poner de nuestra parte bastante», sostiene.

Las basuras, una situación preocupante por la proximidad del río Júcar

Uno de los aspectos que más inquieta a ambos representantes vecinales es la cercanía del entorno fluvial y el riesgo de que los residuos acaben dispersándose hacia el río Júcar. Gómez advierte de que, inevitablemente, hasta que los operarios limpian los desperdicios permanecen expuestos a las inclemencias meteorológicas. «Si no hay viento mientras llega [la limpieza], pues ya está. Pero esa es una circunstancia que pasa siempre», explica. A su juicio, el problema responde fundamentalmente a la conducta de quienes ensucian: «No somos conscientes de que si tenemos una papelera o un contenedor debemos tirar las cosas al contenedor. No esperemos a que nos lo recoja nadie».

El presidente de Fuente del Oro vincula además esta situación con otros problemas medioambientales. «Los plásticos, papeles, botes y tal no crecen en el campo como las flores. Alguien los lleva. Luego con el viento o con la riada todo eso se arrastra al río», señala. María del Carmen Checa comparte esa preocupación y considera que la dispersión de residuos constituye uno de los principales perjuicios de la situación actual. «Si viene aire o lo que sea todo va a parar al río y a las zanjas que hay allí». Más allá de la cuestión medioambiental, la presidenta de los vecinos de Casablanca sostiene que la imagen que se traslada es «fatal».

Los presidentes de los vecinos piden más concienciación y responsabilidad de quien utiliza los espacios

Ambos representantes consideran que la solución pasa principalmente por una mayor educación cívica. Al preguntarles por la posibilidad de endurecer el control de quienes ensucian la zona con sanciones, Antonio Gómez considera que las multas tienen un alcance limitado si no van acompañadas de responsabilidad individual. «Entiendo que es una cuestión más de civismo que de sanción», sostiene, a lo que añade que «no puede haber cuarenta o cincuenta policías pendientes porque entonces quedarán desatendidas otras cuestiones».

Por su parte, Checa considera que la vigilancia debería reforzarse para evitar conductas incívicas reiteradas. La representante de los vecinos de Casablanca se muestra «totalmente de acuerdo» con la posibilidad de una actuación más estricta de la Policía Local, quienes a su juicio podrían vigilar la cuestión de la limpieza, avisar si observan un comportamiento inadecuado y, en caso de repetirse, multar. En su opinión, «la Policía está muy vigilante de las licencias y de que estén allí vendiendo, pero luego también tienen que estar vigilantes de que dejen una zona un poquito en condiciones», resume. Checa considera que no es razonable que toda la carga recaiga sistemáticamente sobre los servicios de limpieza. «Tenemos que ser conscientes todos de que si ensuciamos hay que limpiarlo. No pensar en que ya vendrán a limpiar», afirma.

Una cuestión que afecta a la imagen de la ciudad

Los representantes vecinales coinciden también en el impacto que esta situación tiene sobre quienes utilizan habitualmente el entorno. Según explica Checa, se trata de una zona muy transitada por vecinos y paseantes. «Por allí pasa muchísima gente paseando, dan vueltas, van allí a tomar un poquito de fresco», señala. Por ello considera que la presencia de basura proyecta una imagen negativa. «Llegar allí y ver una zona limpia y bonita vale, pero cuando ves basura y basura y basura, eso es una imagen pésima, totalmente pésima».

Antonio Gómez, por su parte, comparte esa reflexión y entiende que el foco debe ponerse en evitar la generación de residuos más que en confiar exclusivamente en la limpieza posterior. «Tenemos que hacer hincapié en que realmente hemos sido nosotros mismos los que lo hemos ensuciado», sostiene.

ESTADO DEL MERCADILLO EL 23/06/26