Álvaro Rozalén y Ramón Andújar, dos nuevos diáconos para la diócesis de Cuenca

El obispo José María Yanguas administró el orden del diaconado a ambos seminaristas tras haber culminado satisfactoriamente su itinerario de formación teológica y pastoral

La Catedral de Cuenca fue el escenario el pasado sábado, festividad de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, de la ordenación de los nuevos diáconos Álvaro Rozalén Calonge y Ramón Andújar Grafulla. La solemne celebración litúrgica estuvo presidida por el obispo de la diócesis, José María Yanguas, quien administró el orden del diaconado a ambos seminaristas tras haber culminado satisfactoriamente su itinerario de formación teológica y pastoral.

A la celebración asistieron miembros del cabildo catedralicio, el rector y los formadores del seminario conciliar de San Julián, así como un nutrido grupo de sacerdotes diocesanos. Junto a ellos, familiares, amigos y fieles de las comunidades parroquiales de origen de los ordenandos acompañaron a Álvaro y Ramón en este momento tan significativo de su camino vocacional.

“Servir dando la vida”
En su homilía, Yanguas invitó a los nuevos diáconos a continuar la senda iniciada durante su etapa como seminaristas, que no es otra que la del “servicio, como una de las actitudes fundamentales que deben formar parte del bagaje moral de los diáconos”, recordándoles que “hemos de asumir como actitud fundamental de nuestras almas el deseo, el afán de servir. Servir dando la vida, que es la expresión más acabada de la caridad, del amor a los demás. Servir dando la vida, entregando lo más íntimo, lo más personal, lo más valioso. Dar la vida sirviendo a todos: queriendo servir, buscando servir, teniendo el servicio como ilusión, como adán y ambición”.

Momento de la celebración en la Catedral de Cuenca. FOTO: Obispado de Cuenca

Yanguas incidió en que tanto Álvaro como Ramón deben mantener ese “afán de servir, de asemejarse a Cristo servidor de los hermanos, deseo y ejercicio del alma genuinamente sacerdotal. Un afán que se manifiesta con naturalidad y como espontáneamente en una permanente disponibilidad, en el deseo y el propósito de gastarse en el ministerio, en no decir basta en el servicio; en una suerte de conciencia sentida de no tener derechos o de tener sobre todo el derecho de servir hasta dar la vida”.

Pero esa vocación y espíritu de servicio, recalcó Yanguas, “requiere humildad, que sin ella el servicio se hace pesado y corre el peligro de irse cambiando en otro muy distinto: el deseo de ser servido”.

El obispo diocesano imploró para que “el Señor os de conciencia de la necesidad de adoptar esa condición de siervo, de que el espíritu de servicio presida vuestra vida, de que sea vuestra ambición personal. El espíritu de servicio, espíritu de gratuidad, de un corazón que ama y se da, que es lo más opuesto al espíritu funcionarial, al alma de mercenario, a la disposición servil; cosas bien distintas del espíritu de servicio, generoso, libre, entregado”.

Y finalizó su homilía recordando palabras del salmo 100 para que tanto Álvaro como Ramón puedan “servir al Señor con alegría”, de la epístola a los Corintios para referirse a que el Señor ama al que da con alegría”, y de los Hechos de los Apóstoles porque “hay más alegría en el que da que en el que recibe”, subrayando que “de ese servicio alegre, pronto, ágil nos da testimonio la Virgen Madre de Dios, modelo de todo cristiano en el seguimiento de Jesús”.

El diaconado
El diaconado supone una llamada esencial al servicio en el seno de la Iglesia católica: una misión orientada a servir a Dios, a la comunidad eclesial y a todas las personas con un corazón dispuesto a amar, acompañar y anunciar el Evangelio. Con esta ordenación, la diócesis de Cuenca celebra la incorporación de dos nuevos servidores que entregarán su vida al cuidado y crecimiento de la comunidad pastoral.