El Ayuntamiento de Carboneras defiende el caolín como “uno de los últimos pulmones industriales” de la Serranía

El Consistorio asegura que "es uno de los últimos sectores industriales que mantiene con vida a varios pueblos" de la comarca.

El Ayuntamiento de Carboneras de Guadazaón ha aprobado en sesión plenaria del 15 de diciembre de 2025 su apoyo a  la minería del caolín. El consistorio señala que la extracción de este mineral se erige como uno de los últimos sectores industriales que mantienen con vida a varios pueblos de la Serranía de Cuenca, una zona que definen como «desierto demográfico» y que, según refieren «se encuentra asediada por el envejecimiento, la pérdida de población, y el acusado debilitamiento de su base económica y productiva». En este contexto, el Consistorio señala la continuidad de la minería del caolín como «un imperativo de supervivencia para el municipio y su entorno» en una suerte de «efecto dominó que mantiene vivos nueve municipios».

El organismo municipal sostiene que «la diferencia entre precipitarse al vacío o mantener el pulso depende de la existencia de un tejido industrial real, con vocación de permanencia y profundamente arraigado al territorio». Un escenario en el que «la minería del caolín se ha revelado como el corazón industrial que bombea oxígeno a una economía comarcal amenazada por el colapso», subrayan.

La industria del caolín «sustenta de forma directa a 60 trabajadores cualificados y a otros 30 operarios indirectos»

En lo referente al debate suscitado las últimas semanas alrededor de los yacimientos de caolín en el término municipal de Arguisuelas, el Ayuntamiento ha referido que «la realidad sobre el terreno desmiente la visión simplista y reduccionista de una actividad extractiva aislada en un punto del mapa provincial» y que lo que allí ocurre, especialmente en el citado municipio, es «la consolidación de un ecosistema laboral que trasciende las fronteras municipales y vertebra y da vida a toda la comarca».

En este sentido, el Consistorio señala que los datos operativos «dibujan un mapa humano complejo» ya que aseguran que «esta industria sustenta de forma directa a una plantilla de 60 trabajadores cualificados y a otros 30 operarios indirectos en contratas de extracción, movimiento de tierras y transporte de mineral». Asimismo el Ayuntamiento resalta que «lo verdaderamente crucial es dónde consumen y, en definitiva, dónde viven esas familias» porque «lejos de concentrarse en un único núcleo urbano, la nómina del caolín se ha convertido en el sustento de hogares dispersos por una extensa red de localidades» entre las que nombran Arguisuelas, Cardenete, Almodóvar del Pinar, Fuentes, Landete, Mohorte, Arcas, Carboneras de Guadazaón y la propia capital, señalando que las familias cuya estabilidad se asocia a este sector «dependen directamente de que esta industria continúe sus operaciones como hasta ahora ha venido haciendo».

Asimismo, la administración local apunta que «el impacto económico de esta actividad crea una extensa red logística en toda la zona de operaciones, generando una movilización de entre 80 y 100 camiones diarios que transitan por la zona para dar salida al mineral». Por ello resuelven que «el volumen de actividad creado actúa también como sustentador de una red indirecta de pequeñas y medianas empresas (en su mayoría negocios familiares) que va desde talleres mecánicos y de mantenimiento, hasta estaciones de servicio, hostelería, hospedaje y comercio local».

Todo ello, en palabras del Consistorio «genera aún más empleos indirectos adicionales en la comarca y la capital que dependen, en parte, de las labores extractivas». En conclusión, el Ayuntamiento sostiene que «en una comarca con un tejido productivo tan erosionado como la Serranía conquense, apagar este motor no provocaría una simple crisis de desempleo, sino un éxodo rural con nefastas consecuencias para la zona», entre las que sitúan «el exilio obligado de familias enteras que, al perder su sustento, no encontrarían ninguna otra razón (ni alternativa) para quedarse y desarrollar su proyecto de vida».

El caolín como «recurso estratégico para la soberanía nacional»

La administración sostiene que «reducir el debate del caolín a una cuestión de empleo local sería ignorar la realidad geopolítica de este
recurso natural». En este sentido apuntan que «en un momento en el que Europa lucha por reducir su dependencia de materias primas de
terceros países, la Serranía de Cuenca custodia bajo su suelo un auténtico tesoro», una situación privilegiada en un contexto nacional con «una de las mayores reservas del continente europeo de caolín de alta pureza». El mineral se sitúa así como «un activo estratégico que nos diferencia de otros competidores cuyos yacimientos sufren una alta contaminación por metales pesados» a juicio del Consistorio.

Por ello, desde el Ayuntamiento apuntan que «bloquear su extracción no sólo debilitaría a la comarca, sino que desarmaría la industria nacional y dejaría de alimentar cadenas de valor críticas para el funcionamiento del país como la industria cerámica (azulejos y sanitarios), la fabricación de fibra de vidrio o el sector papelero, que perderían este suministro de proximidad y quedarían expuestos a importaciones más caras y de peor calidad». Asimismo destacan que «renunciar a este recurso supondría frenar en seco la vanguardia biomédica nacional, desperdiciando un aliado estratégico ya validado para combatir el cáncer de manera localizada, eliminar virus como el COVID-19 o detener hemorragias en medicina militar». Una decisión que, aseguran «hipotecaría soluciones medioambientales de futuro, lastrando su uso como blindaje para el almacenamiento de residuos radiactivos como el cesio».

El Consistorio defiende los estándares medioambientales

Como parte del argumentario y ante la cuestión medioambiental, el Ayuntamiento defiende que «el sector opera actualmente bajo exigentes estándares medioambientales derivados de la Unión Europea y está sometida a rigurosos estudios de Impacto Ambiental, a procedimientos de evaluación, a planes de restauración y a garantías». En palabras del Consistorio, todo ello «asegura que, una vez finalizado el aprovechamiento del recurso, los terrenos son devueltos al entorno natural en buenas condiciones».

La conclusión del Ayuntamiento es que «la situación que afronta la Serranía Baja y en particular las minas de caolín de Arguisuelas no debe ser, por tanto, un debate entre naturaleza o industria, pues la convivencia entre ambas es una realidad técnica que ya ha sido demostrada». Por ello sitúan el verdadero desafío en «elegir entre mantener uno de los únicos pulmones económicos que garantizan que nueve pueblos sigan teniendo vida, empleo y servicios, o permitir que el silencio del desierto demográfico avance un paso más».

Desde el Consistorio concluyen que «en un momento donde la sensibilidad y la preocupación hacia el entorno natural es máxima, la continuidad de este motor económico se ha de sustentar sobre el rigor técnico, la legalidad administrativa, el cumplimiento de la normativa vigente y el interés general» y no sobre «la confrontación, las ficticias encuestas vecinales, el egoísmo de unos pocos, las rencillas personales o el ansia de atención». Desde el Ayuntamiento de Carboneras de Guadazaón insisten en que «el desarrollo de la Serranía exige seriedad y toma de decisiones, no teatro; y en una comarca donde cada empleo cuenta, proteger lo que funciona es hoy la única política eficaz contra el olvido», concluyen.