«Lo más importante es ser buena persona». Así responde Lucía Martínez Peña cuando se le pregunta qué le gustaría que la gente supiera de ella más allá de las calificaciones. Lo dice la alumna que ha obtenido la mejor nota de la provincia de Cuenca en la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), con un brillante un 13,925 sobre 14 que además la catapulta a la duodécima mejor calificación de toda Castilla-La Mancha. Más allá de los merecidos focos que le reporta su expediente, Martínez, vecina de El Provencio y estudiante del IES Fray Luis de León, da todo el protagonismo a quienes le han acompañado en esta etapa, sus padres y profesores.
Detrás de esa cifra casi perfecta no hay una estudiante encerrada únicamente entre libros. Hay una joven que juega al bádminton, toca el clarinete, participa en la banda de música de su pueblo, compite en torneos deportivos, trabaja como monitora y este verano ejercerá además como reina de las fiestas de El Provencio. «Estoy súper contenta», reconoce apenas unos minutos después de conocer la dimensión de su logro. De hecho, la noticia de que era la mejor nota de la provincia le llegó prácticamente al mismo tiempo que comenzaban las llamadas de medios de comunicación para entrevistarla.
Una vocación nacida entre la ciencia y las ganas de ayudar
Aunque durante años pensó en estudiar Medicina, pronto descubrió que existía una disciplina que encajaba aún mejor con sus intereses. «Desde bien pequeña me hubiera gustado ser médico, lo que pasa que el tema de la sangre no lo llevo muy bien», confiesa. El momento decisivo llegó durante una Olimpiada Nacional de Ciencias a la que acudió cuando terminaba tercero de la ESO tras lograr uno de los mejores resultados de Castilla-La Mancha. Durante aquella experiencia conoció la Ingeniería Biomédica y encontró en ella una profesión que unía sus dos grandes pasiones, la ciencia y la vocación de servicio a los demás.
«Me gustó muchísimo el tema de las prótesis para ayudar a los demás y también todo lo relacionado con los electrocardiogramas. Es como la medicina, pero aplicada más a la robótica y a la tecnología», explica. Desde entonces ha tenido claro cuál sería su camino. El próximo curso comenzará el Programa Académico de Recorrido Sucesivo (PARS) de Ingeniería Biomédica en la Universidad Politécnica de Madrid, un itinerario que incluye también el acceso al máster y que completará en cinco años y medio. Aunque elección no fue sencilla y estuvo debatiéndose entre escoger la Universidad Carlos III y la Politécnica, finalmente optó por esta última porque el programa se imparte en español. Aunque cuenta con un nivel C1 de inglés, decidió que prefería cursar toda la carrera en su lengua materna sin renunciar a seguir perfeccionando el idioma.
El valor de la constancia
La «constancia», esa es la máxima que no deja de repetirse una y otra vez durante la conversación con Lucía. Aunque no rechaza el papel que juega el talento, lejos de atribuir su éxito exclusivamente a este insiste en la importancia del trabajo diario. «Puedes ser muy inteligente, pero si no te pones y no eres constante… Yo estudiaba casi todos los días, hacía los deberes y he ido poco a poco hasta conseguirlo». Martínez relata como ha construido su rutina durante el último mes, en el que se ha centrado en el estudio de cara a la PAU. La estudiante ha organizado el temario mediante calendarios y objetivos semanales, ha dividido las materias por bloques, ha alternado asignaturas prácticas y teóricas y ha evitado pasar demasiadas horas seguidas con la misma materia para no saturarse.
Entre sus estrategias de preparación destaca la regularidad. «Por ejemplo, en Física, como había un bloque obligatorio, todos los días hacía un problema de ese bloque». Aunque las buenas notas y el esfuerzo han sido un constante, este último mes ha llegado a concentrar jornadas de entre seis y siete horas de estudio, aunque siempre procurando mantener espacios para el deporte, la música o los encuentros con amigos. «Tampoco es solo estudiar. Salgo con mis amigos, juego al bádminton, toco el clarinete y hago muchas cosas. Estos últimos meses he tenido que priorizar el estudio, pero sin dejar de lado el resto».
Dos dieces y una apuesta ganadora
Lucía ha cursado en bachillerato el itinerario de Ciencias y Tecnología y ha elegido Física y Química como materias específicas para la fase de admisión. La apuesta, como no podía ser de otra manera, ha resultado inmejorable porque ha ido al caballo ganador y ha obtenido un diez en ambas asignaturas. La Física, precisamente, ha terminado convirtiéndose en una de sus grandes sorpresas durante bachillerato, pues explica que «este año me ha encantado estudiarla», algo en lo que admite el importante papel que ha jugado su profesora, que despertó aún más su interés por la materia. En el lado contrario, Matemáticas le ha generado cierta incertidumbre, especialmente «porque decían que iban a cambiar el modelo de examen». «Era la asignatura a la que más horas le había dedicado porque no sabías exactamente qué te podían poner, pero cuando vimos el examen respiramos tranquilos», relata
El apoyo de la familia y los profesores
Al hablar de referentes y apoyos, Lucía no cita nombres grandilocuentes, famosos o personajes de ficción. No duda cuando se le pregunta por las personas que han sido fundamentales en este proceso y nombra a su familia y a sus profesores. «Agradezco muchísimo a mis padres todo el apoyo que me han dado, mi madre es profesora de Matemáticas y siempre me ha ayudado en lo que he necesitado», cuenta. También tiene palabras de reconocimiento para el profesorado del IES Fray Luis de León, al que considera clave en la preparación de la PAU. «Ibamos muy bien preparados en todas las asignaturas, han sido muy buenos profesores este año», sostiene.
Supersticiones, nervios y una curva «obligatoria«
Aunque afrontó los exámenes con serenidad, reconoce que los inevitables nervios hicieron acto de presencia los días previos. «El día de antes estaba bastante nerviosa, pero cuando vi el examen de Lengua se me pasó todo», cuenta. Martínez explica que tras haber completado esta asignatura, que era la primera a la que se enfrentaba cara a cara en la PAU, todo fue mucho más fácil y pudo relajarse para afrontar el resto.
La nota de color viene en el ámbito de las supersticiones. Como muchos estudiantes, Lucía también tenía sus pequeños rituales. Durante las pruebas llevó consigo dos estampas religiosas: una de la Virgen del Rosario, patrona de El Provencio, y otra de El Nazareno que pertenecía a su abuela. A esto se suma una curiosa anécdota relacionada con una curva en su localidad. Cada día para ir al instituto con su padre en coche, tenían que tomar una curva que al ser muy pronunciada «la gente suele saltársela y hacerla recta», explica. «Cada vez que había examen, mi padre, como nos lleva mi hermana y a mí al instituto, tenía que hacerla perfecta. Aunque el centro de la PAU está en otro lado, en medio de la carretera, le dije a mi padre que tenía que pasar por el centro y hacer la curva bien, este fue el ritual para todos los exámenes». Y visto el resultado, la tradición parece haber funcionado.
Una joven prometedora en todos los sentidos más allá de la nota
A pesar del hito, Lucía se niega a ser definida por el 13,925 que la ha situado en lo más alto de la PAU conquense. La nota ocupa apenas una parte de una rutina en la que también hay espacio para el deporte, la música, los amigos y el voluntariado con niños. Más allá de su expediente académico, Lucía se define como «una persona bastante sociable, hago muchas cosas, me gusta ayudar a los demás y me considero una buena persona» a lo que añade que «no todo es el estudio». Esa mirada también se refleja en la forma en la que entiende el futuro. Frente a quienes viven la PAU como un examen definitivo, Lucía reivindica la importancia de relativizar los resultados y confiar en el propio camino. Como consejo para los estudiantes que se enfrenten a la prueba el próximo año, la joven señala «que confíen en ellos mismos. Parece que te juegas el futuro, pero no es así. Si una puerta no se abre, puede abrirse otra. Lo importante es ir paso a paso».
Quizá por eso, pese a encontrarse entre las mejores estudiantes de Castilla-La Mancha, habla de sus logros sin solemnidad y de sus próximos retos sin ansiedad, con un futuro que está en sus manos y que ella irá definiendo. El próximo curso comenzará Ingeniería Biomédica en Madrid, pero antes le espera un verano intenso como reina de las fiestas de El Provencio y, si surge la oportunidad, buscará algún trabajo temporal. La mejor nota de Cuenca se marchará a la universidad con la convicción de que «el que la sigue, la consigue».














