Belén Estival
En la tarde del Domingo de Ramos, el público conquense tuvo el privilegio de escuchar, en el Teatro Auditorio de Cuenca, la Pasión según san Marcos de Reinhard Keiser (1674-1739). Aunque esta obra ha sido divulgada en los escenarios alemanes, en nuestro país resulta prácticamente desconocida. Por primera vez, se interpretó en la Semana de Música Religiosa que asumió el reto de presentar este repertorio olvidado. Keiser y su Pasión se integraron así en la historia de nuestro festival, formando parte de una colección de obras poco frecuentes, pero de extraordinaria calidad y relevancia histórica.
Esta atractiva primicia se sumó al estreno, en este festival, del conjunto historicista IL Fervore, liderado por el joven violinista conquense Jesús Merino. Esta agrupación debutó en el año 2022, en el Festival Internacional de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid, con el propósito de interpretar repertorios inéditos, y poco conocidos procedentes de archivos. En un breve lapso de tiempo, Il Fervore ha pasado de ensemble emergente a protagonista activo en la interpretación de la música europea del siglo XVIII. En este sentido, el trabajo musicológico de esta agrupación ha conectado con uno de los pilares básicos de la SMR: la recuperación de los repertorios olvidados.
Dirigir una Pasión-oratorio de principios del siglo XVIII no es tarea sencilla. Plantea muchos interrogantes que deben resolverse bien por respeto a la creación original. En este caso, con más motivo, ya que no conservamos la partitura del autor sino las copias realizadas por el gran Johann Sebastian Bach (1685-1750). Como explicó Merino en las notas al programa, gracias a Bach hoy conocemos a Keiser. La práctica de Bach de copiar partituras ajenas para su propio aprendizaje, o para las necesidades interpretativas de sus capillas en Weimar y Leipzig, ha permitido la recuperación de repertorios que, de otro modo, se hubieran perdido.
Según una de las copias del archivo de Bach, la obra se interpretó en la época con una plantilla que Il Fervore replicó en la Sala de cámara Theo Alcántara: cuatro voces (soprano-alto-tenor y bajo), con reparto solista interno-sumado al Evangelista en la voz tenor y Jesús en la altura de un bajo. Esta plantilla vocal se acompañó de cinco partes instrumentales: violín I, Violín II, viola I, viola II y bajo continuo (cello, contrabajo y órgano positivo). Además, Merino añadió un oboe barroco junto a los violines I y II, práctica habitual del entorno religioso-musical hamburgués de la época.
Haciendo honor a su nombre, Il Fervore demostró entusiasmo, maestría pese a su juventud y una gran conexión con el público, que recibió esta recuperación con admiración. Merino demostró su capacidad de imaginar este pasado pre-bachiano con un cuidado fraseo y un dominio de la gestualidad, en una puesta en escena sobria, propia de una pasión-oratorio luterana. Los cuatro integrantes del coro estuvieron impecables, tanto en los corales contrapuntísticos, que representaban a las turbas, como en sus intervenciones solistas. La cuidada dicción de los cantantes permitió percibir la expresividad dramática de la historia pasional, y fue un acierto que los textos se proyectarán en el escenario. Este detalle no solo facilitó la comprensión del relato al auditorio sino que invitó a realizar una escucha más atenta a la palabra. El conjunto instrumental fue un ejemplo de unidad. Los dos violines, junto al oboe, enfrentados a las dos violas crearon atmósferas expresivas de gran fuerza. No podemos olvidar el papel desempeñado por el continuo (cello, contrabajo y órgano), que se mantuvo firmemente cohesionado y en constante diálogo a lo largo de toda la obra. Esta instrumentación demostró cómo, a través de la sencillez de medios, los compositores barrocos obtenían resultados sonoros extraordinarios.
La SMR, cuarto festival más antiguo de España y el más importante de Castilla la Mancha, suma otro acierto al recuperar la música de Keiser en la versión del joven talento conquense Jesús Merino. Keiser permite, hoy, comprender cómo Bach no surgió de la nada. Sin duda, Bach fue un compositor inmenso, pero también un valioso copista y transmisor de la música de sus contemporáneos. En la noche de ayer escuchamos cómo, en la Markuspassion de Keiser, ya estaban presentes varios de los elementos compositivos que posteriormente el cantor de Leipzig elevó a una altura extraordinaria. Si alguien se pregunta por qué hay que interpretar la música de un desconocido, podemos responderle que escuchar a Keiser es entender mejor a Bach.













