Carretería. Intervención

Carlos Solís Navarro

Es muy probable que a muchos de los que rondamos los cuarenta nos suene la serie Cómo conocí a vuestra madre. En esta comedia, a lo largo de nueve temporadas, había una escena recurrente: la intervención. El grupo de amigos, ante la deriva de uno de sus miembros —deriva que solía ser tan absurda como entrañable— organizaba una reunión solemne, con pancarta incluida, para reconducir al descarriado. El intervenido, tras el bochorno inicial, solía acabar reconociendo sus errores y agradeciendo el gesto.

Pues bien, utilizando esta analogía, la Junta de Gobierno fue sometida a su propia intervención el mes pasado, cuando una mayoría del Pleno firmó la carta de la Asociación de Vecinos de Cuenca Centro reclamando tres cosas tan básicas como necesarias para la mejora de la Calle Carretería: transparencia, consulta pública y una redacción del proyecto que primara la excelencia.

A diferencia de los finales felices que nos regalaban Barney y Ted, aquí no hubo reconocimiento, ni reflexión, ni propósito de enmienda. La reacción del “intervenido” —a través de sus portavoces— ha sido más bien una mezcla de negación, medias verdades y un sorprendente talento para esquivar lo evidente: ¿Si una mayoría de partidos del plenos, más Colegios profesionales y la Asociación de Vecinos están de acuerdo, no será que algo de razón llevarán?

Mi idea inicial era detenerme en cada comunicado, pero ahorraré al lector semejante penitencia. Mejor vayamos al grano: ¿cómoestálasituaciónhoy?

Transparencia: nivel “portada y gracias”

El Ayuntamiento sigue desoyendo las peticiones de publicar el anteproyecto y cualquier documento adicional sobre el contrato de redacción. Sobre el PAI, en donde se enmarca este proyecto, solo se ha publicado la portada y una descripción mínima de los proyectos en la web municipal. Es decir, transparencia en modo demo gratuita: lo justo para que cargue la pantalla inicial.

Consulta pública: San Juan Bautista sí, el Mesías no

El Ayuntamiento insiste en que no habrá una consulta pública seria y profesional, pese a que el propio PAI la contempla. En su lugar, afirma que la encuesta que él que escribe realizó de manera aficionada “sirve y ha servido”.

Ahora que salimos de la Semana Santa y tenemos los conceptos frescos, permítame una analogía: es como si el cristianismo hubiese decidido renunciar a Jesucristo y limitarse con San Juan Bautista. O para los más futboleros, como si el Real Madrid decidiera dejar de jugar en el Bernabéu y utilizara solo la ciudad deportiva.

Excelencia y calidad: el técnico todoterreno

La petición de licitar la redacción mediante un concurso público —con tiempo, presupuesto y criterios de calidad— también ha sido ignorada. El Ayuntamiento aspira a que un técnico municipal haga de arquitecto, ingeniero, paisajista, urbanista y director del proyecto, todo a la vez y en tiempo récord.

Recordemos que la empresa contratada mediante contrato menor ha quedado relegada, según palabras del propio Ayuntamiento, a “hacer los planos”. Una interpretación creativa del decreto si uno se detiene a leer el punto 3 del decreto.

¿Y por qué importa todo esto? Un ejemplo sencillo

Se sabe poco del proyecto. Hasta ahora solo he encontrado dos bocetos: uno en la web municipal y otro en el documento completo del PAI.

De ambos se intuye un cambio significativo en el acceso a la Calle Mateo Miguel Ayllón. Incluso en una imagen parecería que se elimina el tráfico rodado. Personalmente, me parece una buena idea. Incluso extendería la plataforma única hasta la glorieta de San Ignacio de Loyola, permitiendo el acceso de vehículos a residentes, comerciantes y garajes. Mejoraría la movilidad, ampliaría aceras y acercaría la conexión con el parque de Los Moralejos.

Pero esta es mi opinión. ¿No debería una decisión así consultarse con vecinos y comerciantes? ¿Vamos a esperar a que el proyecto esté cerrado para presentar alegaciones que, probablemente, no se atenderán? ¿Vamos a perder la oportunidad de ampliar la actuación por falta de diálogo?

Este pequeño ejemplo muestra lo que puede aportar una consulta pública bien hecha: recoger la visión de quienes serán los verdaderos usuarios del espacio.

Una actitud medieval para un proyecto del siglo XXI

Negar transparencia y participación revela una actitud más propia de un señor feudal que de una administración democrática. También denota inseguridad ante lo que podría conocerse y, por qué no decirlo, cierta pereza ante el esfuerzo de escuchar, analizar y mejorar.

Pretender que un solo técnico sustituya a un equipo multidisciplinar es un gesto quijotesco: ilusorio en ejecución y mediocre en resultados. Y lo peor es que limita la aportación de profesionales con experiencia contrastada en proyectos urbanos de esta escala (valorado en 6 millones de euros).

Y mientras tanto… cambiamos baldosas

Todo esto da para penitencia larga. Lo malo es que, pasada la Semana Santa, la cosa seguirá igual. Eso sí, como anestesia temporal, la Junta se ha entretenido cambiando unas cuantas baldosas en Carretería y sus alrededores. Tal vez porque no ven inminente el inicio de las obras. O quizá no han paseado por otras zonas de la ciudad, como la Avenida del Mediterráneo, donde el estado de las aceras recuerda más un caminos de cabras que a una zona transitable por peatones.

Felices Pascua de Resurrección. Y que, ojalá, en algún momento podamos hablar de resurrección… y no sólo en sentido litúrgico.