«Las expresiones de creatividad para salir del tedio pueden ser algo positivo que extraer de la tragedia»

Miguel Jiménez Montserín, director de la Racal, percibe "un cambio en el consumo cultural y es posible que haya gente que esté descubriendo lo que tenía a su alcance en libros comprados y no leídos"

Miguel Jiménez Monteserín, director de la Real Academia Conquense de Artes y Letras (RACAL)

El director de la Real Academia Conquense de Artes y Letras (RACAL), Miguel Jiménez Monteserín, contempla desde su confinamiento en Valdemoro de la Sierra una crisis sanitaria que ha paralizado la actividad de la sociedad con efectos directos en todos los ámbitos.

En el panorama cultural, la pandemia ha ‘congelado’ la actividad cultural pero, además, también ha alterado los hábitos culturales y ha influido en los canales de información. De forma paralela, se ha revelado cierta ‘explosión creativa’ entre los ciudadanos para dar rienda suelta a sus habilidades o inquietudes tocando instrumentos, recitando poemas o publicando en redes sociales sus creaciones literarias. «De igual modo que la ociosidad es la madre de todos los vicios, también es cierto que el aislamiento ha debido estimular la creatividad para salir del tedio. Posiblemente sean potencialidades que la gente no explotaba correctamente y ahora, sin público físico, está desarrollando. Lo cual, dentro de todo este conjunto de tragedias y catástrofes, sea algo aprovechable y positivo».

Respecto a los cambios en los hábitos de consumo cultural, Monteserín considera que «mis informaciones no son de primera mano porque vivo en la España deshabitada y aquí esas cosas no se notan. Pero, en la medida en que te informas por la prensa, sí parece que está claro que hay mayor consumo de lectura, es posible que se estén viendo más películas… Quizás sí se esté produciendo una diversificación del ocio y con un grado de avance del consumo cultural que, seguramente, no esté consiguiendo equilibrar lo que es la pérdida de los espectáculos públicos. Pero es cierto que hay un cambio en el consumo y es posible que haya gente que esté descubriendo lo que tenía a su alcance en libros comprados y no leídos».

Las nuevas tecnologías e internet, a menudo vituperadas por servir de cauce a la ‘banalización’ cultural, también están descubriendo su otra cara de la moneda sirviendo de vehículo para acceder a nuevas áreas de conocimiento. «El hecho que los periódicos estén sugiriendo recursos visuales o lecturas y cierta liberalización que se está produciendo en determinados fondos editoriales sí está ayudando. Aunque, evidentemente, leer un libro en una pantalla no es precisamente cómodo sí se facilita el acceso a otros contenidos que pueden ser musicales o cinematográficos. En este aspecto, sí es posible que, sin que sea de forma definitiva, estemos cambiando en parte nuestros hábitos de consumo cultural».

Por último, los principales interrogantes se plantean en relación a las perspectivas de futuro que se presentan inciertas ante un presente excepcional. En este sentido, Monteserín apunta que «el cine ya sabemos que no es una actividad que sea frecuentadísima. De hecho sabemos que las salas estaban en una crisis tremenda y todo eso se ha acentuado con el hehco de no poder acudir. Los conciertos de cualquier género, tanto los multitudinarios como los de música clásica, han quedado reducidos a la nada. Lo terrible son las perspectivas que se nos presentan ya que hasta bastantes meses después de todo esto no parece que se vaya a reanudar la actividad, supuestamente, normal. Porque ese es otro asunto: ¿En qué medida vamos a recuperar la asiduidad basada en reuniones masivas?. La reducción de los aforos, evidentemente, va a repercutir en la organización de actividades. Las reuniones masivas, de cualquier tipo, van a estar muy en cuestión».