La extensa trayectoria de Anastasio Martínez Sáez, conocido popularmente como el cura de los iconos, está ya recogida en ´Iconos´, una publicación que ha editado la Diputación de Cuenca y en la que se rinde homenaje a más de medio siglo de labor artística y espiritual del canónigo e iconógrafo.
Fue en el seminario donde Anastasio empezó a interesarse por los Iconos al llegarle algunas estampas que pintaba, reparaba y repartía entre sus compañeros para los cantes de misa. “A partir de ahí, comenzó la afición a esta forma de representar el arte cristiano. Aprendió a dibujar, aprendió poco a poco al arte, que es todo un arte el de preparar las tablas, (…) Hay que darle, lo explica él en el libro, esa técnica especial que es propia del mundo de los iconógrafos”, cuenta a Voces de Cuenca, Vicente Malabia Martínez, director de la Biblioteca del Seminario.
Durante muchos años Anastio viajó a lugares santos, visitó los grandes monasterios como el de Santa Catalina del Monte Sinaí, estuvo en Moscú… En todos esos viajes compraba iconos que forman parte de su colección. Además, gracias a ello aumentó su interés por el mundo de la iconografía “pintó mucho y vendió mucho, facilitó muchos iconos a muchísima gente”, cuenta Malabia quien añade que “hay muchos iconos de don Anastasio en manos privadas, la mayoría, creo. Yo he visto muchos en muchas casas, y los sacerdotes suelen tener todos iconos de don Anastasio”. Sus iconos se hicieron muy populares, tanto que llegó a conocerse como el ´cura de los iconos´.
El icono de la Anunciación de la Virgen y el abrazo de San Pedro y San Pablo es el primero que se ve en el libro. A partir de ahí, en cada página hay uno diferente y se simultanean los iconos propios con algunos adquiridos en distintos lugares como Jerusalén o Rusia.

La publicación comienza con el prólogo de Vicente Malabia Martínez, director de la Biblioteca del Seminario, y también amigo de Anastasio. “Intento hacer una explicación de por qué don Anastasio llegó a este mundo de los iconos, un poco del significado, el simbolismo del icono en el arte religioso, un arte que está hecha para rezar, un arte que facilita la oración, el encuentro. Los ojos del icono no están hechos para que los mires, porque miran ellos, se deja uno mirar. Entonces ese es el salto que el icono pretende, o el artista que pinta al icono pretende hacer. (…) Facilitar el contacto y la relación de oración con el mundo que se revela, es pasar de lo material a lo inmaterial, de lo concreto a lo divino”, explica Malabia quien asegura que le agradó mucho que le pidiera escribir el prólogo, “además don Anastasio es un hombre con un humor tan excelente que cuando te pide una cosa no te puedes negar”.
En los iconos de Anastasio, a veces, cuenta el director de la Biblioteca del Seminario, no hay que buscar tanto la perfección anatómica de las figuras, “no es el dibujo que esperas, que acostumbramos a ver en las representaciones más realistas de las figuras humanas, de las figuras divinas. Pero sí que todo el dorado, todo el mundo religioso, devocional del icono está en los iconos de don Anastasio, el espíritu”.
Anastasio tiene una biblioteca personal muy rica relacionada con la espiritualidad del icono, la teología y toda la tradición de la pintura de la Iglesia Oriental. Toda su bibliografía, su fondo documental va a ser donado a la biblioteca del seminario de Cuenca. En el Museo Diocesano de la Catedral de Santa María y San Julián de Cuenca pueden verse más de 160 iconos que don Anastadio donó a la Catedral, “es una donación que él ha hecho de su colección particular, tanto de su obra como de iconos de su propiedad, que ha adquirido en sus viajes o aquí mismo en España”, explica Malabia.
´Iconos´ no es el primer libro que la Diputación de Cuenca edita a Anastasio. En el 2010 publicaron ´El diptico bizantino de la catedral de Cuenca´, que tuvo hasta tres ediciones.













