Entre tradición e innovación: así han evolucionado los oficios creativos en Cuenca

Desde un DJ hasta un ilustrador, pasando por una modista, estos profesionales ofrecen su perspectiva de los oficios creativos en clave conquense.

Cuenca es tierra de artistas. Sus calles empinadas, sus olas de de piedra de decenas de metros de altura y sus paisajes de cuento han conseguido cautivar a grandes nombres de diversos oficios creativos a lo largo de los años. La existencia del Museo de Arte Abstracto en el interior de las Casas Colgadas o la de la Fundación Antonio Pérez en en el antiguo convento de las Carmelitas deja patente que en esta tierra se entiende el arte como algo que evoluciona sin perder la esencia y en lo que la vanguardia y la tradición deben dialogar para generar algo propio que se convierta en un ejemplo de dónde venimos y hacia donde vamos.

Los oficios creativos nunca han sido estáticos. La música, el arte o la moda han evolucionado siempre al ritmo de la sociedad, de la tecnología y de los cambios culturales. Esa transformación se percibe especialmente en quienes trabajan cada día en estos ámbitos. Para comprobar cómo han cambiado estos oficios, Voces de Cuenca ha reunido las voces de tres disciplinas distintas. En cada caso, una mirada más clásica dialoga con otra más contemporánea. En la música, el fagotista Javier Caruda y el DJ Juan Marmolejos; en el arte, el pintor José María Albareda y el artista visual Javier Corroto; y en la moda, la modista Belén Cortés Navarro frente a la marca joven Colgadas QNK, creada por Eva Sáez y Vanesa Cano. Sus testimonios reflejan cómo la esencia de estos oficios permanece, pero también cómo han tenido que adaptarse a nuevas herramientas, nuevos públicos y nuevas formas de consumo cultural.

Javier Caruda y DJ Brother. FOTOS: Cedidas

Del atril a la mesa de mezclas: así ha cambiado la música en Cuenca

La música es uno de los campos donde más visible resulta la transformación de los oficios creativos. La evolución tecnológica, los cambios en la industria y en los hábitos del público han modificado profundamente la forma de crear y de trabajar. El fagotista conquense Javier Caruda representa una visión vinculada a la formación académica y a la tradición musical desde hace 12 años. A pesar de haber estudiado en el conservatorio, Caruda reconoce que todos los músicos tienen una importante parte autodidacta y señala la carrera se construye a partir de años de estudio del instrumento y de perfeccionamiento interpretativo motu proprio.

Frente a esta figura más tradicional aparece un oficio creativo en el ámbito de la música que ha ganado peso en las últimas décadas: el DJ. Es el caso de Juan Marmolejos, más conocido por su nombre artístico DJ Brother, que nació en República Dominicana y comenzó su carrera gracias a las posibilidades que le brindó Cuenca, concretamente Motilla del Palancar. El contraste entre ambos perfiles refleja cómo el concepto mismo de músico se ha ampliado. Si durante décadas el reconocimiento estaba ligado casi exclusivamente al dominio de un instrumento o a la composición, hoy también incluye nuevas formas de creación sonora basadas en la mezcla, la producción digital o la cultura de club. Un oficio en el que DJ Brother reconoce positivamente la proliferación de cursos para el sector apuntando que «todo lo que sea aprender es bueno» y que profesionalizar el sector aportará que aumente la calidad de los proyectos que se hagan.

Esta transformación no significa necesariamente ruptura con el pasado, sino una ampliación del campo creativo. Mientras la música clásica mantiene una tradición interpretativa consolidada y un modo de consumo basado en los conciertos que el público general continúa apreciando, la electrónica ha abierto nuevas posibilidades técnicas y estéticas, especialmente gracias al desarrollo del software y de los equipos de producción. En ambos casos persiste como constante la necesidad de conocimiento musical, de sensibilidad artística y de capacidad para conectar con el público, una simbiosis que en opinión de ambos puede desembocar en un diálogo que incluso interconecte generaciones a través de la colaboración de profesionales de la música de diferentes ámbitos. En este sentido, DJ Brother ha insistido en la importancia de cuidar las tradicionales fiestas de los pueblos, un espacio en el que desde hace años se mezclan estilos musicales y permiten que padres, hijos y abuelos expandan su cultura musical y disfruten juntos.

José María Albareda y Javier Corroto. FOTOS: Cedidas

Del lienzo a la ilustración digital: así evoluciona el arte junto a los nuevos lenguajes visuales

José María Albareda lleva más de cuatro décadas inmerso en la pintura. Desde sus inicios en Bellas Artes a finales de los setenta, su trabajo ha estado marcado por la formación tradicional, el dominio del oficio y el conocimiento profundo de los materiales. Para Albareda, aprender a dibujar, a trabajar con el óleo, a manejar las veladuras y a comprender la composición es la base para crear obras auténticas y duraderas. Su mirada sobre la pintura es la de un oficio que se transmite y en el que la práctica constante y la perseverancia son tan importantes como la inspiración.

En su experiencia, el mundo ha cambiado mucho desde sus primeros años. Las nuevas tecnologías, los medios digitales y las corrientes modernas han abierto posibilidades, pero Albareda insiste en que el tacto de la pintura, la experiencia de trabajar con materiales reales y la maestría en los procesos artesanales siguen siendo insustituibles. Para él, la pintura conserva un valor que trasciende el tiempo y que persiste gracias a que el público sigue apreciando la autenticidad del trabajo manual, tal y como puede observarse en los museos donde el público sigue emocionándose ante un retrato o un óleo trabajado a mano.

Frente a esta tradición, Javier Corroto, ilustrador conquense conocido por su nombre artístico Me Sangran los Ojos, representa una visión más moderna y experimental de los oficios creativos. Con cinco años de trayectoria, combina la formación reglada en Bellas Artes con un aprendizaje autodidacta, especialmente en herramientas digitales y nuevas técnicas de ilustración. Para él, la experimentación constante es parte del oficio y explorar nuevos medios, adaptar la obra a formatos contemporáneos y experimentar con la composición es tan importante como la base técnica.

A pesar de la diferencias sobre hacia dónde han dirigido sus trayectorias profesionales a pesar de proceder de una formación similar, ambos reconocen la potencialidad de las nuevas tecnologías e instan a verlas como herramientas cuando se hace un uso correcto de las mismas, más allá de la visión habitual como enemigos. En opinión de ambos, las redes sociales han transformado su relación con el público. Así, Instagram y otras plataformas funcionan como ventanas para mostrar su trabajo, permitiendo que obras grandes sean apreciadas en formatos pequeños y alcanzando a un público más amplio. En cuanto a la inteligencia artificial, aunque reconocen sentir cierto temor por la rápida evolución de la misma, ambos apuestan por verla como una herramienta de apoyo, útil para ciertas tareas, pero nunca como reemplazo de la creatividad humana.

De la moda a medida al estilo urbano prêt-à-porter, las conquenses conquistan la moda en todos sus estilos

Belén Cortés Navarro representa la maestría de la costura artesanal, con más de 40 años dedicados a confeccionar prendas a medida. Su oficio se basa en la experiencia, el ojo para las proporciones del cuerpo y la creación desde cero. Cada prensa se moldea directamente sobre la persona que lo llevará. Para Belén, la costura abarca la confección, pero también asesorar al cliente, adaptar cada diseño a su cuerpo y garantizar un resultado exclusivo y personal. La práctica, la paciencia y el conocimiento profundo de los materiales —desde las lanas y franelas hasta los tejidos actuales— son esenciales para preservar la calidad y la durabilidad de las prendas.

Con el paso de los años, la moda ha cambiado con la llegada del fast fashion y la industrialización de la ropa, que ha reducido las personas que optan por la confección artesanal. Sin embargo, Belén destaca que los clientes que valoran la calidad, la exclusividad y el trabajo manual siguen apreciando profundamente su oficio. Para ella, la esencia del trabajo de la modista sigue viva, aunque reconoce que la transmisión del oficio a nuevas generaciones es incierta, y que la práctica tradicional podría desaparecer si no se mantiene la formación y el interés.

Frente a esta tradición, las creadoras de Colgadas QNK representan el espíritu de las nuevas creadoras de prendas. Ambas jóvenes, se lanzaron al imperio textil tras acabar su formación en Bellas Artes porque, como buenas artistas, Cuenca las había cautivado. Su voz es la de muchos jóvenes que están optando por crear marcas independientes; en su caso han optado por un enfoque artesanal, pero adaptado a los tiempos y gustos contemporáneos. Desde 2023, estas diseñadoras han desarrollado una marca propia basada en camisetas y prendas de algodón orgánico, con estampados que combinan creatividad, cultura local y sentido de comunidad. Aunque su formación les permitió dominar la técnica y comprender los procesos de diseño, gran parte del aprendizaje ha sido autodidacta, adaptando su trabajo a materiales y formatos que facilitan la producción independiente y el consumo local.

Para ellas, la moda no es solo estética, sino también cultura y narración. Sus diseños buscan conectar con el público joven, fomentando sentimiento de pertenencia y comunidad, con referencias a expresiones locales que hacen que cada prenda tenga un valor afectivo y simbólico. Además, las redes sociales se han convertido para ellas en un escaparate vivo, donde pueden mostrar el proceso creativo y acercarse directamente a sus clientes, algo impensable en los tiempos de la costura clásica.

A pesar de lo que parecen diferencias insalvables, todas ellas coinciden en la importancia del trabajo manual, el cuidado del producto y la autenticidad, aunque el modo de alcanzarlo y presentarlo tenga diferentes perspectivas. Una mirada dual al presente y al futuro que permite comprender que, en la moda, tradición y modernidad conviven y se enriquecen mutuamente, haciendo que el oficio siga vivo y relevante para las nuevas generaciones.