La ciudad de Cuenca está representada a nivel nacional e internacional por muchos nombres de artistas y celebridades de todos los ámbitos del arte que hacen de esta tierra un lugar único, reconocible y un punto hacia donde fijarse. Un sitio que, además, es cuna de inspiración para todos ellos, también para el mundo de la moda.
Para el conquense Eduardo Ortega, más conocido como Srto. Ortega, su tierra y el arte abstracto y contemporáneo que alberga ha hecho que se inspire en su nueva colección, en homenaje al 60 aniversario del Museo que fundó Fernando Zóbel.
En esta entrevista para VOCES DE CUENCA, el joven diseñador ha hablado de sus inicios en este sector, su emprendimiento y su visión de cómo lo artesanal y lo hecho a mano ganan terreno ante lo llamado ‘fast fashion’.
¿Cómo nació tu vocación por la costura y la moda? ¿Hubo alguien que te influyera?
Yo llego al mundo de la moda a través del mundo de las bellas artes. Me formé en Bellas Artes, en la facultad de Málaga y en la de Sevilla, con unas becas Séneca. Y mis trabajos siempre los hacía enfocados un poco al mundo de la moda. Entonces, yo tenía esa espinita y cuando termine Bellas Artes dije: quiero formarme en algo de moda. Decidí estudiar diseño de moda en una escuela privada de Sevilla, la escuela Metropolis. Luego llegó la pandemia, la vida me dio un vuelco total, terminé como pude los estudios, pero una vez que salimos de la pandemia, una buena amiga dice que se casa y que quiere que le haga el vestido. Yo había hecho cuatro cosas contadas, muy poquito, y me insistió y le dije que sí, y así empezó todo.
Porque insistió ella y confiaba en ti.
Sí, fue de mi amiga Ana. Y fue tan bonito el proceso que dije: esto es a lo que me quiero dedicar.
¿Cómo decidiste crear tu nombre de marca como Señorito Ortega?
Todo viene porque en la facultad de Bellas Artes, como evidentemente teníamos clases de escultura, pintura, dibujo, todo este tema, y nos manchábamos mucho la ropa, yo siempre llevaba ropa de cambio a la facultad, porque no me gustaba ir manchado, la verdad. Entonces, mis compañeros de clase me empezaron a decir: «¡Qué señorito! Va a presentar el señorito. Venga, que le toca al señorito ahora exponer no sé qué trabajo». Pues al fin y al cabo, con la tontería, terminé firmando los trabajos de la carrera como Señorito Ortega por el apellido hasta ahroa.
En los cuatro años que llevas emprendiendo y trabajando de forma profesional, ¿cómo has visto tu evolución profesionalmente?
La evolución la verdad que genial. Poco a poco, por pequeños pasos, se consiguen grandes cosas. Y con mucha dedicación y mucho esfuerzo. Es así, el que algo quiere, algo le cuesta. Sí que veo un crecimiento exponencial de nuestras clientas, también de la gente que conoce el taller. Hacer un vestido para la alfombra roja de los Premios Goya y que encima sea una mujer premiada fue también un momento muy importante y a nivel de visibilidad también se nos vio mucho como taller y como firma. Y yo agradecido, vamos.
¿Trabajas tú solo en el taller?
No, estoy con Camilo Triana e Isabel García Vallbona. Ellos dos son mi equipo, son mi mano derecha y mi mano izquierda. Siempre todo hay que agradecérselo a ellos porque al fin y al cabo son los que me soportan diariamente, los que me aguantan, los que me apoyan en todo, los que casi nunca me dicen un «no» por respuesta de cosas que propongo. Y al fin y al cabo, el sentirse arropado y el sentirse aupado es lo que ayuda también a poder seguir, a poder crecer y a poder continuar haciendo trabajos diferentes o continuar con un buen calendario.

Ahora mismo que estamos en un momento donde la moda fast fashion es lo que predomina, ¿qué valor le das tú a una prenda hecha a medida, más artesanal, en estos tiempos?
Evidentemente lo artesanal, lo hecho a mano, la personalización de las cosas, la individualización de todo lo que nos compramos está de moda. Creo que hay una cierta tendencia en que la gente cada vez está más cansada de vestir igual, de sentirse igual que la persona de enfrente, ¿no? Entonces, cada uno o una va buscando poco a poco el gusto, el estilo propio. ¿Y eso cómo se consigue? Pues con cosas hechas a mano, artesanales y cosas únicas. Evidentemente, una prenda hecha a mano no tiene nada que ver con una prenda fabricada rápido, pues por el tema de acabados, la dedicación que tenemos aquí, por ejemplo, en el taller con cada persona. Yo siempre, con cada persona que pasa por el taller, le digo: para nosotros no eres un número, para nosotros eres una persona de nombre y apellidos con una historia detrás. Cada persona tiene sus inquietudes, sus inseguridades, tiene un cuerpo distinto, cada persona quiere ocultar o potenciar diferenciar una cosa diferente. Al fin y al cabo, aquí se les escucha, se les atiende, se les intenta, en la medida de lo posible, acompañar con este proceso, que generalmente suelen ser procesos muy bonitos porque es el de fabricación a medida. El valor es incalculable. Además, hablando esto el otro día en los premios de la Academia de la Moda con compañeros y demás, todos tenemos la misma opinión con respecto al tema de la fabricación en España, lo hecho en España, lo artesanal, la modistería tradicional: que es un gremio que se está perdiendo. Pero también es verdad que hay mucha gente joven que estamos ahí ahora remando, y sobre todo guiándonos de las líneas que nos vienen heredadas de otros maestros anteriores y de gente que se ha dedicado al mundo de la moda toda la vida.
¿Cómo es tu trabajo desde que una clienta o un cliente entra al taller a pedirte una prenda hasta el final?
Lo primero es conocernos en una entrevista, y entablar una conversación para dialogar sobre qué es la idea que tú llevas, cuál es tu estilo, cómo vistes, sobre todo por conocernos y por saber de la persona en cuestión, de la clienta en este caso. Luego, se realiza una serie de bocetos en torno a los apuntes que se han cogido y una serie de propuestas que, bajo un presupuesto previo, se le plantean a la clienta y ahí ya debatimos: pues me gusta más este escote, esta falda; o mira Edu, con total confianza esto no me lo voy a poner porque me da vergüenza llevar esta falda. Cualquier cosa. Y luego ya de ahí, una vez que aprobamos todo y que estamos de acuerdo, se realizan las pruebas, unas 3-4 pruebas hasta que se termina el vestido.
«Lo que caracteriza al taller es que seamos fiel a la personalidad del cliente y haya en un buen patrón»
¿Tienes un estilo muy marcado y que siempre sueles intentar plasmar en todos tus diseños?
Yo creo que al fin y al cabo siempre hay que respetar mucho el estilo de la persona y adecuarnos también un poco al estilo de cada uno, para que la persona no vaya disfrazada, porque sobre todo ese tema, el tema disfraces, es algo que yo personalmente no puedo. Tienes que ser fiel a tu personalidad y a ti misma, y en función a eso trabajamos en un buen patrón, en una buena confección, en un buen tejido, que yo creo que son las líneas que más o menos caracterizan el taller. Un buen trabajo, un trabajo con dedicación y unos buenos materiales. Con eso se consigue un buen resultado. Al fin y al cabo hemos hecho un abanico amplio de estilos, pero siempre y cuando haya habido un estudio previo de patronaje, de diseño y sobre todo una buena confección.
Como conquense y tener el taller en esta ciudad con mucho color y paisaje, ¿te inspira Cuenca de alguna manera?
Sí, evidentemente. Mira, la colección que presentamos el año pasado fue pensando en tradiciones de nuestros pueblos y trajes tradicionales de la provincia, artesanía de la provincia también y local. Este año la colección trata sobre el 60 aniversario del Museo de Arte Abstracto, que todos nuestros vestidos que hemos presentado este año están inspirados en obras del Museo de Arte Abstracto de Cuenca, también por hacer un poco de homenaje particular a nivel del taller a ese museo y a ese gran lugar que para nosotros, y para la ciudad sobre todo, ha sido un imán de personajes y de situaciones del mundo del arte que ha favorecido muchísimo a la ciudad aunque creamos que no.
Evidentemente, cuando nosotros tenemos este museo aquí, en sus inicios, muchos artistas de la vanguardia española residen en Cuenca y eso también de alguna manera afecta a la ciudad y es lo que luego hemos ido heredando el resto. Entonces, todo ese tipo de cosas hay que ponerlas en valor y, al fin y al cabo, estando aquí es bonito beber de la ciudad, beber del entorno y poder aprovechar los recursos que tenemos.



¿Sientes que las nuevas generaciones sí que están poniendo valor a este oficio?
Yo creo que sí, que hay muchos estudiantes de moda. Sí que es verdad que hay más estudiantes de moda que estudiantes de modistería y patronaje. La moda engloba el patronaje, la confección, como el gran trabajo fundamental para llevar a cabo un buen diseño. Sí que es cierto que se enseña mucho la parte artística de diseño, de dibujar, del tema de tejidos y tal, y a lo mejor quizá en la actualidad se centran menos en la modistería, en saber por dónde van las piezas, en la costura, en la confección, en un buen patronaje. Que yo creo que ahí es el punto de inflexión que deberíamos de tener, de que todo el mundo, para llegar a ser modista o diseñador, primero tiene que pasar por aprender a coser, aprender las leyes básicas, como toda carrera, pues lo mismo.
¿Cuál ha sido tu encargo más complejo y el que también más te ha emocionado?
Es muy difícil de contestar. Al fin y al cabo, cada persona es una historia, como te he dicho anteriormente. Cada persona es una situación, es una historia, a cada persona le emociona de una forma u otra el tema de confeccionarle un vestido o una prenda. Sí que cada una lleva su complejidad en diversos factores. Unas por calendario, porque residen incluso en el extranjero; otras porque tienen un cambio de cuerpo bastante drástico; otras porque a lo mejor tienen muchos complejos… Eso se queda aquí en el taller y son ocasiones especiales. Los Goya, sí, es muy emocionante, pero por aquí es emocionante toda la persona que pasa por aquí. Y de hecho, el verdadero agradecimiento es para aquella gente anónima que pasa por el taller, que le hace ilusión que le confeccionemos el vestido y que digan: yo confío en esta gente, en Eduardo, y quiero que me hagan el vestido para un día súper importante. Eso es lo que verdaderamente se valora. Y por esto digo que cada historia, o sea, cada persona es una historia. Y eso es un mundo.













