El obispo de Cuenca valora el Año Jubilar como un tiempo de gracia, conversión y esperanza para la diócesis

José María Yanguas subraya el Año Jubilar como "una auténtica peregrinación espiritual del pueblo de Dios".

El obispo de Cuenca, José María Yanguas, clausuró el Año Jubilar 2025 en la diócesis con una solemne Eucaristía celebrada en la fiesta de la Sagrada Familia el pasado 28 de diciembre en la que realizó una valoración profundamente positiva de este tiempo extraordinario de gracia para la Iglesia universal y, de modo particular, para los fieles conquenses.

En su homilía, el prelado subrayó que el Año Jubilar ha sido vivido como «una auténtica peregrinación espiritual del pueblo de Dios, siguiendo la llamada del Papa Francisco». Una peregrinación en la que Yanguas ha recordado que al igual que millones de cristianos han acudido a Roma para ganar la indulgencia jubilar, también los fieles de Cuenca han participado activamente visitando las iglesias y santuarios designados como lugares oficiales de peregrinación en la diócesis.

Yanguas ha destacado el fuerte simbolismo de la Cruz, que ha presidido cada peregrinación jubilar, como signo de identidad del cristiano y fuente de salvación. «Guiados por la Cruz de Cristo, hemos atravesado humildemente la Puerta Santa implorando el perdón de Dios y la reconciliación con Él y con los hermanos», ha afirmado insistiendo en que este gesto ha recordado a todos la igualdad radical de los creyentes: «Todos iguales, todos necesitados de perdón, todos hijos que vuelven a la casa del Padre».

El obispo ha señaldo que uno de los principales frutos del Año Jubilar ha sido «una mayor conciencia de la misericordia de Dios y de la propia condición de hijos pródigos llamados a la conversión». En este sentido, ha resaltado la vivencia del sacramento de la reconciliación y la experiencia del «abrazo del Padre», que asegura «devuelve la alegría de la amistad con Dios».

Asimismo, Yanguas ha puesto de relieve la dimensión caritativa y esperanzadora del Jubileo, afirmando que muchos fieles han procurado ser «esperanza para aquellos que sufren cualquier necesidad, dolencia o esclavitud del pecado», concluyendo así el Año Jubilar con el deseo renovado de seguir siendo testigos de esperanza en la vida cotidiana.

En el contexto de la fiesta de la Sagrada Familia, el obispo ha vinculado la experiencia jubilar con la vida familiar, recordando que los hogares cristianos están llamados a ser «iglesias domésticas», lugares donde se transmite la fe, se cultiva la esperanza y se vive la caridad y ha animado a las familias a imitar el don sincero de sí, el perdón y la unidad que caracterizaron a Jesús, María y José.