Marta y sus cinco alumnos: lo que se aprende en una escuela rural más allá de la materia

Esta conquense ha pasado de estar los veranos y fines de semana de pequeña en Sotos a dar clase en el colegio del municipio.

Cuenca es una de las provincias donde más territorio despoblado tiene. Algunos municipios con apenas habitantes hace que en muchos de ellos no haya colegio rural o apenas tenga niños a los que escolarizar. Sin embargo, todavía hay suerte de que haya ‘peques’ viviendo el pueblos y que puedan recibir una educación como todos los demás, incluso de forma más exclusiva.

Los maestros en colegios rurales agrupados (CRA) tienen la labor de educar a niños y niñas de diferentes edades y de distintos cursos a la vez, en una misma clase. Esa unión del alumnado en un mismo aula puede hacer que esos chicos se conviertan en personas más independientes, más curiosos y, además, en amigos del pueblo para toda la vida, hasta en familia.

Son muchos los docentes que viven esta situación en la provincia de Cuenca y quienes, además, cada año les toca dar clase en un pueblo diferente, ya sea por interinidad o por otras fórmulas en el proceso educativo. Es el caso de Marta Valiente, una conquense de 34 años que, a pesar de haber nacido y crecido en la capital conquense, le arraiga la localidad de Sotos, donde ha pasado de disfrutar allí los veranos y los fines de semana con los abuelos a ser profesora en el colegio tutorizando cinco alumnos.

Marta ha contado a VOCES DE CUENCA que terminó la carrera en 2014 y se mudó a Inglaterra durante un año para perfeccionar el inglés. En 2016 volvió a España «un poco a regañadientes» para presentarse a las oposiciones de Primaria, aunque su idea a corto plazo era seguir viajando. A pesar de que se presentó «por ver qué pasaba», la joven sacó muy buena nota en el examen y ese mismo año comenzó a trabajar como profesora en Albacete.

Desde entonces, la conquense se ha recorrido media Castilla-La Mancha para cubrir sustituciones de profesorado, pasando por Talavera de la Reina; Checa; y El Casar, donde instauraron el plurilingüismo. Estando en este cole, Marta se volvió a presentar a las oposiciones y aprobó la plaza, volviendo a trabajar en este último pueblo de Guadalajara de prácticas. Ya en el Covid-19, la joven consiguió destino definitivo en Uceda, un municipio de Guadalajara lindando con la Comunidad de Madrid.

Sin embargo, a través del ‘concursillo’ de docentes, el proceso de asignación de destinos provisionales, Marta quiso volver a estar cerca de casa y encontró destino en Cañamares, en el colegio ‘El Carmen’ de Cuenca capital, en Villalba de la Sierra y este año en Sotos. «El ciclo se cierra. Se abrirá otro, pero este está cerrado», ha destacado.

Valiente ha resaltado que tanto un colegio grande como otro con menos alumnos tienen sus ventajas. En el primero «estás en la ciudad y a mano tienes museos, tienes excursiones, tienes cualquier tipo de visita, y lo cómodo al final es que tienes un solo nivel y entonces vas con todos a la par». No obstante, en una escuela rural, los alumnos acaban siendo «casi como si fueran tus hijos, porque te implicas tanto con ellos que los haces casi tuyos».

Marta ha explicado que el hecho de tener pocos alumnos hace que la profesora conozca sus preocupaciones, «si lo han entendido o no, y te vas preocupada porque algo les preocupe. Es mucho más individualizado», ha resaltado. Sin embargo, uno de los inconvenientes es que el docente tiene que enseñar a la vez varios niveles. «Tienes que organizarte muy bien previamente a la clase porque tienes que saber si les mandas deberes a uno, si otro empieza copiando una cosa, si uno empieza escuchando, buscando un vídeo, buscando información…».

Esta situación, ha subrayado Marta, acostumbra a los más pequeños a conocer materia de otros cursos y se sienten más independientes. «No lo sienten extraño y es más cómodo también para nosotros», ha explicado. «Tenía una niña muy curiosa en 4º de Primaria que cuando le estaba explicando a los de 5º se me quedaba mirando y le decía yo: «venga, lo tuyo, que si no, no terminas», y me decía «no, es que creo que esto que le estás explicando a los de 5º es un poco difícil, y entonces me lo estoy aprendiendo para que el año que viene no me cueste», ha contado la conquense, quien ha añadido que «es lo que enriquece, que los pequeños que aprenden de los mayores al año siguiente ellos ya van más sueltos porque ya lo han escuchado».

Una metodología más unitaria

Marta Valiente ha señalado que, a pesar de estar explicando algo a un niño de otro nivel, los demás trabajan de manera individualizada en sus tareas y «sin perderles nunca de vista, porque aunque no quieras los estás controlando». «La ventaja de que sean tan pocos es que no los pierdes de vista y los estás controlando en todo momento», ha remarcado la profesora, que ha indicado que «siendo Cuenca es el tipo de enseñanza que nos toca».

Sin embargo, este hecho no es una desventaja para los más pequeños que viven en zonas rurales despobladas, ha aclarado la docente, sino que los beneficios son «infinitos por el enriquecimiento entre iguales». Asimismo, esta situación provoco que los niños entre ellos se cuiden mucho más y las relaciones sean más estrechas, ha destacado Marta.

Un mensaje que traslada la profesora a sus alumnos en este tipo de colegios es que «tienen la suerte de estar toda la vida juntos». «Podéis tomarlo como una suerte o como una desgracia, pero realmente si lo tomáis como una suerte os vais a enriquecer mucho de ello, porque al final personas que no son tu familia van a acabar siendo como familia, que es lo que pasa en los pueblos», ha resaltado, que ha insistido en que la labor de esos pequeños ahora es «cuidarse unos a otros, porque es lo que enriquece el pueblo».