«Cuenca para mí ha sido la primera escuela»: la entrevista de Raúl del Pozo en Voces de Cuenca

El periodista habló de la capital conquense, del oficio en la dictadura franquista y de "gente interesante" que conoció en sus años de profesión.

Raúl del Pozo ha sido y es uno de esos nombres que ha marcado el periodismo español y la literatura con sus columnas, sus corresponsalías y sus tertulias, así como sus ensayos. Un mundo que aprendió en su pueblo, Mariana, aunque él ya advirtió que era de La Torre, en la Serranía de Cuenca, donde fue su «primera escuela».

Así lo señaló en una entrevista que Voces de Cuenca le realizó en 2020 a raíz de la publicación de su biografía “No le des más whisky a la perrita. Vida, obra y milagros de Raúl del Pozo”, escrita por Julio Valdeón y Jesús Úbeda. En ella habló como protagonista de un libro después de ser durante más de cuatro décadas el que los escribía.

El nombre de la biografía del conquense fue elegido por estos dos periodistas que escribieron el libro y que el propio escritor no quiso leerlo entero porque «cada vez que lo leo me llevo un disgusto porque han contado cosas que yo no quería que se contaran», decía. En ella hablaba de Cuenca, «a la que le debo todo lo que soy». «Recuerdo el idioma arcaico que utilizaban mis abuelos, que decían la trujela vide, Cuenca para mí ha sido la primera escuela».

Raúl del Pozo destacó que quería ser periodista desde pequeño, al igual que escritor -aunque a decir verdad es lo mismo-, un oficio que le parecía «maravilloso» y que gracias a él recorrió el mundo, conoció a «grandes hombres y hombres malvados y cada día que escribo un artículo le pongo tanta ilusión como al primero».

Tras pasar por Uclés, Cuenca, Barcelona y París, el conquense aterrizó en Madrid para trabajar en Pueblo durante la dictadura franquista, donde «toreaba la censura como se podía». Allí trabajó como corresponsal y reportero en un periodismo «donde no había libertad, que es el oxígeno para el periodista». «Entonces los periodistas eran más románticos en el sentido de que no había que ser un caballero para ser periodista, estábamos lo peor de cada casa en las redacciones, que eran como garitos, se bebía, se jugaba al póker, ahora las redacciones son como una clínica», resaltaba.

Este mundo, decía, era amado por los periodistas con «una pasión por hacer portada, por tener una exclusiva, por adelantarte a los demás». Defendía el periodismo en papel por encima de todo, aunque admitía que «estaba condenado a la muerte». Raúl del Pozo defendía lo analógico frente a lo digital con sus «peligros, el caos, las injurias y las noticias falsas».

En sus años de profesión, el escritor conquense subrayó como «gente interesante» a Paco Rabal; Camilo José Cela, «que era muy amigo mío»; Lola Flores, «a la que dirigí en un programa de televisión»; y El Cordobés. «De todos ellos el que me más me influyó y me marcó fue Camilo, con el que incluso estuve en Suecia cuando le dieron el Nobel», resaltó.

Al finalizar la entrevista, el periodista habló sobre la ciudad de Cuenca como una de las más bellas de España, «prodigiosa, que me ha enseñado lo poco que sé, me ha enseñado el oficio, porque el lenguaje es mi oficio». Sin embargo, afirmó que era una ciudad «estática, que no ha evolucionado mucho, está como introvertida, como dormida». «Tiene que inventar algo para sobrevivir, es muy bella pero tiene que vivir de algo».