Brigitte Bardot, el eco del mito francés que vivirá para siempre en un óleo sobre lienzo de Antonio Saura

El retrato figurativo de la actriz francesa puede visitarse en el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca.

El fallecimiento de Brigitte Bardot, icono indiscutible del cine europeo y símbolo de una feminidad libre y provocadora del siglo XX ha golpeado el final de año este domingo 28 de diciembre. La noticia sirve para recordar el vínculo artístico poco conocido pero de gran potencia simbólica que une a la artista francesa con Cuenca. Un lazo que no pasa por la presencia física de la actriz en la ciudad, sino por su encarnación pictórica en una obra de Antonio Saura y que actualmente puede visitarse en el Museo de Arte Abstracto Español.

Se trata del monumental óleo Brigitte Bardot (1959), una pieza de 250,6 por 200,5 centímetros en la que Saura no busca el retrato convencional ni el parecido reconocible y que pertenece a una colección de ‘retratos imaginarios’. Lejos de la imagen cinematográfica y glamurizada de la actriz francesa, el pintor construye una figura desgarrada, convulsa y abiertamente sexual, fiel a su manera de afrontar —sin miedo— los grandes temas de la vida: el cuerpo, el deseo, la violencia y la muerte.

Formado en el surrealismo y profundamente marcado por el action painting norteamericano de Pollock, Saura encontró en Bardot un “fantasma mental” más que un modelo real del que bastaba eso, su recuerdo para poder dedicar este retrato a la mujer que en palabras de Saura constituía «una ferviente prueba de amor» y que inmortalizó sobre el óleo en solo una noche. Saura no quiso captar ese modelo de belleza que representaba Bardot en su obra, sino lo feo, lo que escapa a un primer vistazo.

Es precisamente en ese gesto rápido y nervioso que libera el trazo en grandes superficies como esta en la que se deja ver la admiración del artista por Pollock, aunque claro está no deja jamás de lado ciertos anclajes figurativos que se entrevén en esta obra, en la que la tensión entre figura y descomposición alcanza uno de sus puntos álgidos. El óleo, tal y como se entrevé en los trazos, ha sido llevado al lienzo con toda la potencia corporal

A pesar de que la musa francesa jamás pisara tierras conquenses si que consiguió ver el óleo sobre lienzo de Saura en una galería parisina. Lo primero que Bardot dijo al contemplar la obra fue «c´est moi» o «soy yo» en castellano porque se veía retratada en los trazos del artista, no en lo externo, sino en algo más íntimo perteneciente a su mundo interior tal y como relataba el personal educativo del Museo de Arte Abstracto en un vídeo a través de sus redes sociales.