Así es Pasión de Linares, la banda de 140 músicos que llega al Auditorio por los 75 años de La Esperanza

La agrupación musical andaluza ofrecerá su primer concierto en la ciudad con guiños a la hermandad conquense y su característico sonido.

Antes de que llegue la Semana Santa, Cuenca entra en un tiempo de espera antes incluso de que el beso de la ceniza selle el inicio de la cuaresma. No es todavía procesión, no es calle, pero sí silencio. Todo nazareno sabe que hay momentos en los que la Esperanza no se proclama, se necesita. En ese espacio intermedio en el que las espinas de cristo empiezan a clavarse donde se ciñe el capuz, es cuando Cuenca aprende a callar de nuevo en la piedra fría que guarda memoria. En ese recogimiento íntimo que precede al paso y que solo entiende quien ha mirado una procesión desde dentro la música se adelanta al calendario y no irrumpe, anuncia tal y como se entiende la Pasión castellana, sin estridencias, desde la hondura.

Con ese espíritu llega el próximo sábado 24 de enero al Teatro Auditorio José Luis Perales la Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús de la Pasión de Linares, en un concierto organizado por la Hermandad de María Santísima de la Esperanza dentro de los actos del 75 aniversario de su fundación. Las entradas disponibles pueden adquirirse en la página web Globalentradas por 20 euros con carácter general a través del siguiente enlace. Será la primera vez que esta formación actúe en Cuenca a las puertas de la Cuaresma en un estruendo en el que el Calvario se contará en pentagrama, los ramos se harán corchea y la Esperanza se hará silencio.

140 músicos y un trabajo técnico-instrumental minucioso

Fundada en 1996, la agrupación musical cumple este año su 30 aniversario consolidada como una de las grandes referencias del panorama musical cofrade andaluz. Los músicos han construido su trayectoria sobre dos pilares: un repertorio de enorme calidad y un trabajo técnico-instrumental minucioso, que ha llevado a la banda a desarrollar un sonido reconocible y profundamente personal. Así lo explica su director musical, Juan Luis López Hernández, al definir el sello de la formación apuntando que «desde el principio nos caracterizamos por interpretar una música descriptiva, pensada para que lo que suena tenga relación directa con el pasaje evangélico que se representa sobre el paso».

En el encuentro conquense, López apunta que la agrupación ha preparado una selección espectacular con una plantilla cercana a los 140 músicos, prácticamente al completo, y con un programa diseñado expresamente para un espacio como el Auditorio. «Hay marchas que no se pueden apreciar en la calle o al aire libre —explica López—, pero que en un auditorio con buenas condiciones acústicas permiten escuchar detalles armónicos y melódicos que de otro modo se pierden».

De entre el repertorio completo de Pasión de Linares, que supera las 90 marchas, la agrupación ha escogido piezas espectaculares que se adapten al carácter del concierto y al público conquense. «Sabemos que somos una banda andaluza, con ese corte que nos marca nuestra tierra, pero también conocemos el gusto musical fuera de Andalucía, por eso llevamos un repertorio equilibrado, con marchas de distintos estilos», señala el director. Con esta selección, Pasión de Linares busca ofrecer una panorámica fiel de su identidad sin renunciar a conectar con una ciudad que vive su Semana Santa desde una identidad muy marcada.

Un sonido con tonalidades que han creado una identidad propia

Buena parte de ese particular sonido que hace la banda reconocible desde el primer acorde reside en decisiones técnicas poco habituales. Las trompetas afinadas en Si bemol, frente al tradicional Do, aportan —en palabras de López— «una dulzura tímbrica que encaja mejor con este tipo de música». Pero es en las cornetas donde la agrupación ha construido uno de sus rasgos más distintivos: el uso combinado de cornetas de llave en Do/Re bemol y cornetas de dos pistones, lo que permite afrontar prácticamente cualquier tonalidad sin limitaciones técnicas.

A ello se suma una puesta en escena dinámica. Tanto en la calle como en concierto, la posición de las cornetas varía según el protagonismo que tenga su voz en cada marcha. «Si la corneta tiene un papel principal, se adelanta; si acompaña, se integra en la formación clásica», explica López. Un movimiento que estará presente en el escenario del Teatro Auditorio de Cuenca.

El llamado grupo armónico —trombones, bombardinos, tubas y trompas— completa ese sonido profundo y envolvente que casi puede definirse como sinfónico. «Es la música que no siempre se ve, pero es la que da el brillo y la profundidad a la composición», subraya el director, destacando especialmente el papel de las trompas, utilizadas no solo como acompañamiento, sino en ocasiones como auténtica voz protagonista.

Música hecha para acercarse a Dios

La filosofía de Pasión de Linares va más allá de la interpretación. Su repertorio ha sido creado, en gran parte, ex profeso para la formación por compositores como Nicolás M. Barbero Rivas, Cristóbal López Gándara o Francisco J. Torres Simón, entre otros. Obras que introdujeron en el género de agrupación musical un lenguaje descriptivo y narrativo, capaz de trasladar al oyente escenas concretas de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, una música hecha para acercarse a Dios.

Un debut musical en Cuenca a las puertas de la Cuaresma

El concierto del día 24 marcará el debut de Pasión de Linares en Cuenca, una circunstancia que la banda afronta con especial ilusión y que en palabras de López ha llevado a varios componentes de la asociación a visitar la ciudad en los últimos meses, empapándose de su Semana Santa y de su idiosincrasia, conscientes de que tocar en Cuenca supone dialogar con una tradición distinta, sobria y profundamente arraigada. El director musical apunta que los miembros de la banda seleccionan en conjunto las actuaciones que van a llevar a cabo y que, tal y como sucede cuando van a un sitio donde no han actuado nunca han sentido «un chispazo especial», reconoce su director.

Además, López ha reconocido que no faltarán, guiños a la Hermandad de María Santísima de la Esperanza, organizadora del acto y protagonista de este aniversario tan señalado. «Hay que darle su protagonismo a quien nos lleva allí», admite López, dejando entrever algunas sorpresas reservadas para el final del concierto, especialmente en los bises cuando el Auditorio sea templo y la música, oración compartida.

Cuando la última nota se apague en el Auditorio, la tulipa interna que reside en cada nazareno empezará a gotear cera. Cuando los silencios se apaguen por el gentío, el eco fantasmal de las horquillas comenzará a sonar en el empedrado y el aroma del incienso y el resoli invadirá los sentidos de los conquenses como una magdalena de Proust que les llenará con la Semana Santa que fue hasta que llegue la que vendrá.