Son poco más de las 9:30 de la mañana de un martes de finales de marzo cuando una redactora de este medio de comunicación llega a la parada situada en José Cobo para subirse a la línea 5 del autobús urbano de Cuenca, que conecta el Centro Comercial Alcampo con el Nuevo Hospital Universitario de Cuenca. Para saber el tiempo de espera utilizamos la aplicación ‘LUC’ en la que figuran paradas, itinerarios y la opción de ‘¿Cuándo pasa mi bus?’. En este apartado para la parada de la Plaza de la Hispanidad figura una espera de siete minutos.
Ya hay ocho personas esperando su autobús, la mayoría son mayores o con movilidad reducida. Ninguna de ellas ha utilizado la aplicación para saber el tiempo de espera, algunas por desconocimiento ya que dicen ‘no apañarse’ con las nuevas tecnologías y otras porque comentan que «nunca va bien» y que «no puedes fiarte de la aplicación para saber lo que va a tardar porque casi nunca acierta», explican. A pesar de ello, las personas de edad más avanzada preguntan por el tiempo que queda para que llegue el transporte a la parada. Todos ellos coinciden en indicar a la redactora que «falta alguna pantalla que ponga los tiempos de espera, porque no todo el mundo tiene que saber utilizar el teléfono», cuentan.
Benjamín Rodena es uno de los viajeros que se encuentran en la parada. Anda con bastón, es de avanzada edad y está sentado en el banco de la recién instalada marquesina. El hombre toma habitualmente la línea en este punto para acudir al centro hospitalario de referencia, donde tiene que acudir varias veces en semana a consultas aunque confiesa que el autobús «no suele venir puntual». A pesar de la espera que, señala «varía en función del tiempo con el que salgo de casa y el retraso que lleve el autobús», se muestra satisfecho por la instalación de asientos en este punto porque «no tengo que estar de pie derecho hasta que llegue y puedo refugiarme del frío, la lluvia y el sol», explica.

Un pasaje de edad avanzada y la primera vez de un viajero utilizando el autobús
La totalidad de los viajeros que había en la parada se suben a esta línea, la mayoría utilizando el abono transporte. A la hora de acceder al vehículo las características del pasaje complican la subida, ya que el autobús no activa el sistema de arrodillamiento para bajar su hidráulica a la altura de la plataforma de acceso, acercarla a la cota de la calzada y salvar desniveles. Tras subir en este punto al autobús, el vehículo se encuentra parcialmente lleno, con unas 20 personas, aunque con asientos libres.
A medida que avanza el recorrido puede verse ascender progresivamente la edad media del pasaje. Los viajeros más jóvenes van bajándose a medida que el trayecto discurre, especialmente en las paradas de avenida Castilla-La Mancha y Siglo XXI. Es en esta última parada donde puede verse a una mujer de unos 35 años que pide un varón que también se encuentra esperando indicaciones sobre itinerarios y cómo llegar a su destino.
Evelio Valiente utiliza este martes por primera vez el autobús «después de treinta años viviendo en Cuenca». «Vivo más o menos en el centro y antes iba a todas partes andando», explica. El hombre, de avanzada edad, tiene su domicilio junto al antiguo Hospital Virgen de la Luz, un centro al que cuenta que antes acudía caminando porque «era cruzar la calle». Ahora con el cambio de ubicación del centro hospitalario al Terminillo con el Hospital Universitario «me saqué la tarjeta el otro día porque ahora lo voy a usar más a menudo», explica. «Tengo que ir bastantes veces y como han puesto tan lejos hospital, no me queda otra».
En su caso tampoco utiliza la aplicación pero relata que para saber horarios y frecuencias se ha informado directamente con las marquesinas y ha pedido consejo a un vecino «que coge esta línea todos los días». Además, cuenta que para poder ir desde su casa hasta el Hospital Universitario empleando el transporte público «tengo que subirme en la parada que está al lado de mi casa y dar toda la vuelta por el centro hasta llegar al hospital».
Dificultades para circular y sin viajeros que suben o bajan del autobús hasta el HUCU
Rozan las 10:03 horas de la mañana cuando el transporte alcanza la glorieta de la carretera de Alcázar (conocida como del Arado). La mala circulación en este punto y la falta de respeto del tráfico rodado por el transporte urbano se evidencia cuando un coche pita al autobús, que ha tomado correctamente la rotonda. El conductor del vehículo particular continúa hostigando al del autobús al situarse a su altura en el carril izquierdo con numerosos toques de claxon.
Apenas un minuto después, el transporte público llega a la rotonda de La Estrella, ubicada en la Ronda Oeste. En este punto continúa por la avenida de San Julián hasta el ambulatorio, donde da la vuelta para redirigirse hacia el hospital. En el trayecto desde el Siglo XXI hasta el HUCU ningún viajero sube o baja del transporte. Una vez desviado por El Terminillo los baches provocan mucho movimiento del autobús y vibraciones hasta el centro sanitario. Rozan las 10:15 cuando el transporte urbano se aproxima al HUCU, en cuya entrada se observan varios coches mal parados que dificultan el paso, lo que se une a unas rotondas cuyas dimensiones parecen dificultar el paso del vehículo.
El autobús se vacía al completo en el HUCU y para volver al centro es necesario bajarse del vehículo y pagar un nuevo billete al llegar a este punto, situación que se replica en el Centro Comercial Alcampo. Sobre las 10:16 el nuevo pasaje se sube, con una edad media bastante inferior al anterior. Entre los viajeros se encuentra Almudena Aragón, quien ha utilizado por primera vez el transporte urbano desde el HUCU y dice que «por suerte no he tenido que esperar mucho, ha tardado unos 20 minutos desde el centro», sin embargo señala que «creo que no hay tanto servicio como debería, el hospital está lejos y es complicado venir», apunta refiriendo que «debería haber una lanzadera o similar porque una vez lo intenté coger, era hora punta y fue imposible».

Dos madres, una caída con el carrito por un problema de accesibilidad y un servicio «insuficiente»
María Ángeles Serrano viaja con una menor y un carrito y denuncia la dificultad que supone utilizar con estos condicionantes el transporte urbano. «Esta mañana me he caído con la niña y el carro porque no han bajado la rampa del autobús, me han tenido que ayudar entre todos los pasajeros». Un hecho que, señala, no se trata de un incidente aislado pues «otra vez tuve también otro disgusto con la niña, estábamos en la puerta bajándonos, justamente la cerraron y nos pillaron a las dos», ocasión en la que su marido tuvo una discusión con el conductor por lo sucedido.
En cuanto a la conducta de los pasajeros, la mujer insiste en que son una «gran ayuda» y que en Cuenca «hay mucho respeto por los espacios reservados». Un comportamiento que se evidencia a lo largo del recorrido cuando diferentes viajeros ceden sus asientos a personas más mayores o con dificultades de movilidad y les prestan su ayuda para poder subir y bajar del vehículo sin riesgos. El itinerario continúa de vuelta al centro con un nuevo desvío hacia la avenida San Julián. En la parada del ambulatorio toma la línea Gabriela Mestanza, quien realizado a diario este recorrido con su hijo.
La mujer es vecina del Cerro de la Horca y subraya negativamente la falta de una parada en la ida porque «es donde más niños hay». «Para venir al colegio de Fuente del Oro desde el Siglo XXI no hay ninguna sola parada» por lo que explica que «me toca venir andando o a veces hasta con un taxi porque no tenemos ni una sola parada, sé que los vecinos han puesto reclamaciones», cuenta. A pesar de todo, señala positivamente que se haya instaurado el servicio en el barrio de la Fuente del Oro que dice «nos ha dado un poco más de comodidad, sobre todo a la gente mayor que va al Alcampo o al centro».
Tras bajarse la mujer en la zona donde reside, el autobús continúa su camino de nuevo hacia el centro. Atravesada la rotonda del Arado sobre las 10:34 se produce la subida y bajada más multitudinaria de viajeros en Santa Mónica. Rozan las 10:45 cuando el transporte urbano vuelve a la parte central del casco urbano, en su parada en la calle Colón, punto en el que el pasaje se baja prácticamente al completo y donde concluye el viaje de esta redacción para comprobar las luces y las sombras de esta línea 5 del transporte urbano de la capital conquense.













