Aparecen en silencio, se multiplican sin hacer ruido y acaban por colonizar el espacio urbano. Los edificios cebra son los nuevos bloques de vivienda que llenan las ciudades españolas con fachadas a rayas, colores neutros y una estética clónica que los hace intercambiables. El nombre funciona como un dardo irónico, igual que la piel del animal, estos edificios se reconocen al instante, pero no dicen nada del lugar en el que están. No dialogan con el entorno urbano, ni con el clima o las particularidades urbanísticas de cada territorio; responden a un mismo molde donde la arquitectura deja de pensarse y se limita a tramitarse. El fenómeno ha tomado voz gracias a la cuenta de redes sociales @bloque_cebra, impulsada por un grupo de arquitectos que han detectado, etiquetado y tratado de explicar el fenómeno.
Lo que está en juego no es solo el gusto o la moda, sino el modelo de ciudad que se está construyendo. Los edificios cebra son la expresión visible de una urbanización guiada por la rentabilidad, la velocidad y la estandarización, donde la vivienda se trata como un producto en serie. El resultado es evidente y ya palpable en ciudades de toda España: barrios homogéneos con poca vida urbana y escasa identidad, ciudades cada vez más parecidas entre sí y una arquitectura que renuncia a generar espacio público, conflicto o carácter. La cebra no es el problema en sí, es el síntoma de una forma de hacer ciudad que prioriza el mercado sobre el proyecto urbano.
Así, la expansión del fenómeno inmobiliario ha abierto una reflexión más amplia sobre el modelo residencial contemporáneo. Sin embargo, en el caso de Cuenca, los edificios cebra aún no se han materializado. Así lo afirma Juan José Ramón Vindel, presidente de la demarcación de Cuenca del Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha, quien asegura que la ciudad no cuenta con ejemplos claros de este tipo de edificaciones. Vindel es tajante, aunque existen promociones recientes, especialmente en zonas de nueva expansión, cuya estética puede dar lugar a error, no se puede hablar de edificios cebra en sentido estricto. Ni por su estética — con líneas extremadamente marcadas, contraste blanco-negro y repetición casi idéntica— ni por su grado de industrialización. «No recuerdo ningún edificio de este tipo en Cuenca», ha señalado en una entrevista a Voces de Cuenca al revisar posibles ejemplos.
Vivienda reciente con cambios en el modelo constructivo pero sin ser ‘cebra’
Las nuevas promociones conquenses comparten algunos rasgos habituales de la vivienda contemporánea con sistemas de aislamiento térmico por el exterior, mayor presencia de terrazas, especialmente tras la pandemia, y soluciones constructivas más eficientes. Pero, según Vindel, eso no las convierte en edificios cebra. Falta una estética dominante y agresiva, una repetición sistemática del mismo modelo y, sobre todo, una promoción que imponga un edificio “tipo” trasladable casi sin cambios de una parcela a otra.
En Cuenca, explica, la adaptación a la parcela sigue siendo determinante. La orientación, la relación con el paisaje —incluidas las vistas hacia el casco antiguo— y las condiciones urbanísticas obligan a introducir variaciones que rompen con la lógica de clonación total que se observa en otras ciudades. Por ende Cuenca ha conseguido hacer frente a un fenómeno amenazante gracias al buen hacer de arquitectos y promotoras inmobiliarias. Estas últimas no se han plegado a la tendencia de la estandarización en la capital conquense y siguen confiando en el trabajo esencial que realizan los arquitectos a la hora de construir ciudad.
¿Qué tendría que pasar para que llegaran los edificios cebra a Cuenca?
Si en algún momento aparecieran edificios de este tipo en Cuenca, Vindel tiene claro que «no sería una decisión arquitectónica, sino del mercado», pues sería una cuestión que relegaría el trabajo creativo y las decisiones constructivas que aportan valor a los edificios y calidad de vida a quienes los habitan. Todo dependería de que los promotores apostaran por modelos extremadamente cerrados, con un grado de estandarización mucho mayor que el actual, buscando rapidez y reducción de costes por encima de la adaptación al entorno.
También influiría una industrialización más avanzada de la construcción, que en España sigue siendo parcial. Aunque se habla mucho de industrializar, la realidad es que la obra continúa requiriendo ajustes y mano de obra in situ, lo que introduce variaciones inevitables. Mientras esa industrialización no sea plena y los promotores no impongan modelos rígidos, Vindel considera poco probable que Cuenca adopte una estética residencial tan homogénea.
Cómo se ha pensado la vivienda en Cuenca
Para entender esta ausencia, hay que mirar al modo en que históricamente se ha planteado la vivienda en la ciudad. Vindel señala que Cuenca no tiene una identidad arquitectónica moderna especialmente diferenciada respecto a otras capitales medias. Las zonas nuevas responden a criterios similares a los del resto del país, señalando que el centro es un ejemplo de «arquitectura moderna mal implantada» con «pérdida notable de edificios modernistas de valor arquitectónico».
En las últimas dos décadas, el crecimiento residencial se ha producido sobre todo mediante urbanizaciones de nueva planta, con parcelas amplias y cumplimiento estricto de estándares urbanísticos. Esto ha favorecido la aparición de urbanizaciones cerradas, con espacios comunes privados como piscinas, zonas verdes e instalaciones deportivas que responden a lo que demanda el mercado. No se trata, según Vindel, de una imposición ideológica del urbanismo, sino de una consecuencia directa de lo que buscan los compradores, que abandonan el centro de la ciudad «para ganar espacio, servicios y calidad residencial», aunque eso implique una menor relación con el modo de vida de ciudad tradicional y que se construyan espacios privados para socializar.
Una ciudad sin edificios cebra, pero con retos similares
La ausencia de edificios cebra no implica que Cuenca esté al margen de los problemas del modelo de vivienda actual, pues existe una cierta homogeneización del modelo residencial con bloques correctos, eficientes, funcionales, pero con escaso margen para la innovación arquitectónica o la experimentación urbana. La estandarización y la primacía del mercado están presentes, aunque en un grado menor y con ciertos matices.
Para Vindel, el futuro de la vivienda en Cuenca dependerá de quién tome las decisiones clave: si se sigue apostando por la adaptación al contexto y cierta libertad proyectual, o si el mercado impone modelos cada vez más cerrados. De ese equilibrio dependerá que la ciudad mantenga una diversidad residencial o avance hacia una mayor uniformidad.











