El Ayuntamiento de Cuenca y la empresa adjudicataria de la gestión de la Escuela de Verano municipal han elaborado un protocolo específico de atención, incorporación y seguimiento de menores con necesidades especiales de apoyo, tras las incidencias que se produjeron el pasado año relacionadas con la atención prestada a los niños, niñas y adolescentes con discapacidad.
Durante el pleno ordinario de junio celebrado este lunes en el Consistorio conquense, la formación Cuenca en Marcha-Unidas por Cuenca preguntó al concejal de Educación sobre las medidas concretas que se habían adoptado para «garantizar» una atención inclusiva, accesible, segura y respetuosa con la intimidad y dignidad de los niños, niñas y adolescentes con discapacidad, incluyendo su participación efectiva junto al resto de menores, la atención a quienes presentan necesidad de movilidad, la adecuada supervisión durante la jornada y la protección y reposición del material educativo utilizado en el servicio.
En este sentido, su concejala María Ángeles García ha informado de que durante el pasado año, algunas de las deficiencias detectadas figuraba la ausencia de una programación de actividades adaptadas, la escasez de materiales específicos, la segregación de facto de los menores con discapacidad respecto del resto de los participantes, la realización de cambios de pañal en espacios que no garantizaban su intimidad y dignidad, problemas de supervisión que comprometían su seguridad, así como el deterioro y desaparición de material educativo perteneciente al aula de pedagogía terapéutica del CEIP Santana.
El edil responsable, Víctor Manuel Fernández, ha apuntado en este contexto que la Escuela de Verano de Cuenca es un servicio que atiende cada año a «un elevado número de niños con realidades, capacidades y necesidades muy diversas», por lo que para la edición de este año se ha reforzado la atención con un protocolo que se ha explicado previamente a las familias mediante reuniones y contactos individualizados, permitiendo conocer las necesidades concretas de cada participante y consensuar las medidas más adecuadas para favorecer su bienestar y participación.
Así, el documento fija que durante los primero días de la actividad se contempla un periodo inicial de observación y adaptación individualizada que permite a los profesionales conocer mejor las necesidades de cada participante y organizar los apoyos necesarios. Este periodo, ha matizado el concejal, no supone una exclusión de las actividades ordinarias ni una separación permanente del resto de compañeros, sino una incorporación «progresiva, segura y satisfactoria» al grupo de referencia.
En materia de accesibilidad y movilidad, se han reforzado los mecanismos de coordinación entre profesionales y familias para garantizar que cada participante pueda desarrollar las actividades programadas en condiciones de seguridad y atendiendo a sus necesidades específicas.
Respecto a la protección de la intimidad y la dignidad de los participantes, este año se ha habilitado un espacio reservado destinado a realizar los cambios de pañal y las tareas de higiene personal en condiciones adecuadas de privacidad, comodidad y seguridad.
En relación con el material educativo y los recursos utilizados durante el servicio, se han establecido procedimientos de control, seguimiento y reposición para asegurar su correcta conservación y disponibilidad durante todo el desarrollo de la actividad.
Por su parte, Fernández ha informado de que la Escuela de Verano de este año incorpora «importantes» actuaciones de carácter educativo y preventivo. Todo el equipo de monitores ha participado en una formación específica desarrollada en colaboración con la Asociación Española Contra el Cáncer, orientada a la prevención del cáncer de piel y a la promoción de hábitos saludables relacionados con la protección solar.
Asimismo, se van a desarrollar talleres medioambientales junto a las tradicionales actividades socioeducativas, deportivas, culturales y de ocio, con el fin de promover valores de convivencia, respeto, igualdad, inclusión y participación.
Víctor Manuel Fernández ha aclarado que cualquier servicio que atiende diariamente a un elevado número de menores requiere un proceso permanente de seguimiento, de evaluación y de mejora. «Cuando se detecta cualquier incidencia o aspectos susceptibles de mejora, se analiza la situación, se adoptan medidas correctoras oportunas y se revisan los procedimientos con el objetivo de evitar que vuelvan a producirse», ha destacado.












