Existe magnificencia en el silencio. La ausencia de sonido tiene la capacidad de marcar la diferencia, de advertir y señalar que lo que era ya no permanece. Solo los mejores músicos saben utilizar los silencios mejor que los sonidos, esos cuyo golpe efectista clama tanto o más que lo hace una turba compuesta por miles de nazarenos. En Cuenca ha logrado hacerse del silencio culto e imaginería. Con esa aparente nada se cincela un yermo para que solo resalte lo que realmente importa, con esa quietud se diseña un contraste y se genera la necesidad de que nazarenos y espectadores se suman en una comunión consigo mismos para reflexionar sobre la entrega de aquel que cada noche de Viernes Santo yace vacío de vida.
La procesión del Santo Entierro ofrece una lección de teología desde la simplicidad. De aquellos que quieran quedarse con lo superficial podrá escucharse la falta de espectacularidad o la no grandilocuencia de la puesta en escena dibujan una procesión menos impresionante que Camino del Calvario o En El Calvario. Nada más lejos de la realidad para quien no ha apreciado miles de almas en un unísono callado en la Plaza Mayor a la apertura de las puertas de la Catedral. Una estampa que tampoco ha faltado este año pasadas las nueve de la noche.
Una elevada participación que prepara el duelo por la muerte del Señor
El templo ya anticipaba minutos antes de la hora nona una prolífica salida procesional. Cientos de nazarenos se han personado entre la Congregación de Nuestra Señora de la Soledad y la Cruz, la Cruz Desnuda de Jerusalén y los capitulares del Muy Ilustre Cabildo de Caballeros de Cuenca. Especial cambio se ha advertido este año en las damas que forman parte del cabildo, con multitud de mujeres jóvenes que han querido dar un paso adelante para continuar el legado de las que caminaron rezando por Cristo antes que ellas.
A ellos se han unido portaenseres y hermanos mayores de las cofradías que ya han desfilado, a excepción de las Santas Marías que lo hará este Sábado Santo, para preceder el cortejo; no ha sido hasta las once de la noche, en la última parte del recorrido, cuando han participado una numerosa representación de la Agonía y varios nazarenos de El Descendimiento, que no han dudado en vencer al cansancio propio del encadenamiento de procesiones.
A pesar del buen hacer de directivas y hermanos, montar un desfile al completo en el interior de una iglesia no es tarea sencilla, menos aún si cabe cuando la participación es muy superior respecto a años anteriores. La complejidad propia del éxito ha demorado diez minutos el empiece del desfile, unos cambios de los que ha informado pertinentemente a los presentes Samuel López, representante de la Congregación en la Junta de Cofradías.
El silencio ha sonado a elegía cuando el itinerario por la girola para salir en procesión ha dado comienzo. Abiertas las puertas de la Catedral, la Banda de Trompetas y Tambores de la Junta de Cofradía ha hecho gala de su capacidad catequizadora a través de la música. Con ella han roto el tono esperado de marcha fúnebre por el de la confianza en que Cristo resucitará al interpretar a la salida ‘La Esperanza de María’, una de las composiciones que más han calado entre los conquenses esta Semana Santa.
Un escenario repleto de público para una puesta en escena tremendista
El cuerpo cetrino del Yacente consigue imponer a cualquiera que lo contempla. Su rostro impávido, su rictus post mortem y el color de su piel hacen vivo el Evangelio. Existe también un fatal encanto de la profecía hecha destino en la Cruz Desnuda. No menos sobrecogedor es el gesto desesperado de la Madre, quien parece haber muerto en vida al tiempo que lo hizo la carne de su carne en la cruz. Ese gesto ha podido contemplarse con mayor detalle este viernes gracias al encomiable trabajo de la restauradora conquense Mar Brox, que ha arreglado las articulaciones, limpiado las carnaciones, reemplazado las pestañas y aclarado los ojos de vidrio de la imagen.
La aterciopelada tez de la Virgen ha resaltado entre dolores gracias al exorno floral de blancos aterciopelados diseñado por Rafael Díaz Valencia que por primera vez ha portado el paso, así como el nuevo rosario de origen sevillano. A estas novedades se ha unido el nuevo guion de la Congregación, diseñado por Adrian López Álvarez y ejecutado por el taller de bordado en oro Virgen de la Esperanza. El distintivo ha ido escoltado por dos cirios negros en memoria de los difuntos de esta cofradía y del Cabildo de Caballeros que contrastaban con la blancura de la luz de las tulipas.
Nadie ha querido desarropar el dolor sentenciado y la escena de una repleta Plaza Mayor se ha replicado a lo largo de todo el recorrido con especial afán en la zona de los Oblatos. En este punto el Coro del Conservatorio ha interpretado ‘O Crux Ave’ de Rihards Dubra bajo la dirección de Jesús Mercado para la Cruz Desnuda, que llegaba a San Felipe Neri alrededor de las 22:10 horas. Poco después este mismo conjunto ha cantado el Miserere completo para el Yacente, única talla de un Cristo en Cuenca para la que se interpretan las dos letras. Minutos después han ofrecido un Stabat Mater impactante para Nuestra Señora de la Soledad y la Cruz.
A pesar del retraso inicial, el cortejo ha avanzado puntual tomando unas magníficas Curvas de la Audiencia. Rozaban las 23:30 horas cuando los últimos guiones y estandartes pasaban por la Calle del Agua, otro de los puntos del recorrido en el que no ha faltado el público. Con el impresionante escenario a pesar del vacío del solar que antaño ocupase la Fundación Sánchez Vera, las imágenes han atravesado la calle de Los Tintes para situarse minutos después de que el reloj marcase las doce de la noche en la Puerta de Valencia en un desfile ágil que ha permitido al público disfrutar sin ‘carreras oficiales’ improvisadas de una procesión nómada en la que seguir al desfile ha sido la tónica general.
En una lección de precisión y habilidad, Nuestra Señora de la Soledad y de la Cruz y el Yacente han encerrado prácticamente en tiempo y forma en El Salvador, mientras que la Cruz Desnuda ha hecho lo propio en San Andrés. A pesar de los retrasos, las elevadas concentraciones de público y nazarenos así como las cambiantes condiciones climatológicas que son tendencia en las procesiones de este 2026, en apenas dos horas desde que saliera la última imagen de la Catedral la procesión ha culminado un desfile inmaculado para poner punto y final al Viernes Santo de manera inmejorable.













