Irene Alepuz, la joven de 24 años que ha recuperado las ovejas en su pueblo conquense del Valle del Cabriel

El pastoreo dirigido de sus ganado actúa como una herramienta crucial para la prevención de incendios forestales y en la limpieza de las riberas en la zona de Boniches

Irene Alepuz, una joven de 24 años, ha decidido desafiar las tendencias demográfica y económica de la España rural para convertirse en el rostro de la resistencia y la sostenibilidad en Boniches, en plena Serranía Baja de Cuenca. Un vídeo difundido por el proyecto Valle del Cabriel, en el marco del plan de sostenibilidad turística en destino, relata la historia de la mujer, que ha recuperado la profesión ganadera en su pueblo junto a su madre.

Tras años de ausencia de actividad ovina en la zona, Alepuz ha revivido la tradición de ganadería extensiva, dedicándose de manera profesional a la cría y venta de corderos. Su decisión, lejos de ser un impulso, nace de una profunda conexión con el entorno y el deseo de colaborar en la explotación familiar junto a su madre. «No considero esto un trabajo», afirma con la convicción de quien ha encontrado su lugar en el mundo.

La labor de Irene Alepuz trasciende la producción cárnica; su actividad es una pieza fundamental en la ingeniería ambiental de la reserva. El pastoreo dirigido de sus ovejas actúa como una herramienta crucial para la prevención de incendios forestales, al mantener controlada la biomasa en puntos estratégicos.

Además, el impacto positivo de su ganado es visible en la hidrografía local. Las ovejas se encargan de la limpieza de las orillas del río Cabriel y de los márgenes de los caminos, especialmente en las zonas frecuentadas por bañistas . Esta gestión natural del terreno asegura que los accesos y las áreas de recreo se mantengan en condiciones óptimas, reduciendo la necesidad de intervenciones mecánicas externas.

El caso de Irene Alepuz es una excepción en un panorama nacional donde el relevo generacional en el sector primario es una de las mayores preocupaciones. «En España, poca gente conozco con 24 años que quiera decir: ‘soy ganadera, me voy a dedicar a la ganadería'», lamenta la joven.

Sin embargo, su discurso no es de queja, sino de puesta en valor de la soberanía alimentaria y la trazabilidad. Para ella, es imperativo que la sociedad sea consciente del origen de lo que consume y de la importancia de criar animales en sus propios territorios. Su modelo de negocio no solo vende carne de cordero de alta calidad, sino que ofrece un servicio ecosistémico indispensable para la salud del Valle del Cabriel.

La apuesta de Irene Alepuz por este modelo empresarial y laboral lo es también por Boniches, un pueblo paradigma de tantos otros de Cuenca y de la llamada España Vaciada que invita a pensar que el futuro de la sostenibilidad podría estar, precisamente, en recuperar los ritmos de la naturaleza y la tierra propia.